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Pakistán avanza a semifinales tras un tenso partido contra Tailandia

En un partido recortado, tenso y lleno de giros en el Korogi Sports Park de Nisshin, la selección femenina de Pakistán esquivó el susto y selló su pase a las semifinales de los Juegos Asiáticos. Ganó por tres wickets, pero el marcador no cuenta toda la historia: perseguía solo 92 en 11 overs y, aun así, se vio contra las cuerdas.

Con 44 carreras necesarias de los últimos cuatro overs, el reloj y la presión iban en su contra. Entonces apareció la capitana. El cameo de 21 carreras de Fatima Sana cambió el aire del partido, volteó la inercia y empujó a su equipo a un triunfo que durante varios minutos pareció escaparse.

Un inicio bajo control… hasta que Tailandia se desató

El día ya venía condicionado. Un outfield húmedo redujo el duelo a 11 overs por lado, y Pakistán eligió empezar con la bola. Decisión valiente que pronto se justificó.

Fatima Sana marcó el tono en el segundo over con su primera de dos wickets, y el ataque paquistaní mantuvo a raya a Tailandia en la primera mitad de la entrada. Línea ajustada, pocas concesiones y el marcador contenido.

Pero el guion cambió en un solo over. En el séptimo, Umm-e-Hani sufrió el primer gran golpe: 14 carreras, con Nannapat Koncharoenkai conectando dos fours consecutivos que abrieron el juego. A partir de ahí, Tailandia dejó de especular.

Phannita Maya avanzó con parsimonia hasta 15 de 16 bolas y, con solo dos overs por jugar, tomó una decisión poco habitual: se retiró “retired out”. El movimiento resultó un acierto inmediato. Entró la capitana, Naruemol Chaiwai, y atacó desde el primer instante: seis y four en sus dos primeras bolas. Un impacto breve pero demoledor en el contexto de un partido corto.

Su wicket cayó justo después, pero el daño ya estaba hecho. Koncharoenkai añadió otro four en el over final antes de ser atrapada lbw por Fatima Sana por 49, quedándose a un paso del medio siglo. Su golpeo fue la columna vertebral de un total que, en estas condiciones, sonaba peligroso: 91/4 en 11 overs, competitivo y cargado de presión para la persecución.

Zulfiqar acelera, Kamchomphu responde

La respuesta de Pakistán empezó con la energía adecuada. Shawaal Zulfiqar salió sin complejos, con tres boundaries y un six en los primeros tres overs. Al final del tercero, ya habían recortado 33 carreras del objetivo. El camino parecía despejado.

Pero el partido dio otro giro brusco con su wicket en el cuarto over. La salida de Zulfiqar frenó el ritmo y abrió la puerta a la mejor fase de Tailandia con la bola. Onnicha Kamchomphu olió la oportunidad y atacó: firmó una serie de tres wickets que sacudió la persecución y sembró dudas en la alineación paquistaní.

El cerrojo se completó con el trabajo silencioso pero clave de Suleeporn Laomi. Dos overs, solo tres carreras concedidas, y el premio de la wicket de Ayesha Zafar. De pronto, el cálculo era despiadado: la tasa requerida se disparó hasta 11 por over. En un encuentro de 11 overs, eso roza el límite de lo sostenible.

Tailandia ya no solo competía; estaba al mando.

La contra de la capitana y un over que lo cambió todo

En ese contexto apareció la capitana. Fatima Sana, que ya había sido la mejor con la bola (2-22), decidió que era el momento de arriesgar con el bate.

Apuntó a la amenaza principal, Kamchomphu, y la atacó sin contemplaciones: tres fours y un six en un solo over. Eyman Fatima se sumó a la embestida con otro six, y entre ambas convirtieron un over en un botín de 25 carreras. En un abrir y cerrar de ojos, el partido cambió de dueño.

La persecución, que parecía ahogada, respiraba de nuevo.

Pero la calma duró poco. El wicket de Sana volvió a encender las alarmas. Su salida, justo cuando Pakistán parecía haber descifrado el desafío, devolvió la tensión al marcador. Y el drama aumentó aún más con la caída de Eyman en el penúltimo over. Tailandia, una vez más, se negó a rendirse.

El golpe final de Tuba Hassan

Con el margen estrecho y los nervios a flor de piel, la responsabilidad pasó a las últimas de la lista. Ahí apareció Tuba Hassan, que leyó el momento con frialdad y lo resolvió con autoridad.

Un six. Un four. En cuestión de dos golpes, transformó un final envenenado en una persecución bajo control. Su wicket posterior ya no cambió nada para el resultado, pero sí dejó claro el carácter de un equipo que se negó a dejarse intimidar por el contexto.

Pakistán remató el trabajo con sencillos, sin estridencias, con cuatro carreras necesarias del over final y el triunfo asegurado con dos bolas de sobra. El 92/7 en 10.4 overs fue suficiente para cerrar una noche angustiosa y, a la vez, profundamente reveladora.

Tailandia se marchó con la cabeza alta. Su pelea, su plan agresivo con el bate y el impacto de Kamchomphu y Laomi con la bola obligaron a Pakistán a exprimirse hasta el último tramo. No alcanzó, pero dejó huella.

Bangladesh, a semifinales sin jugar

Antes de este choque, el primer cuarto de final del día entre Bangladesh y Hong Kong, China nunca llegó a despegar. El outfield, empapado, impidió cualquier posibilidad de juego y el partido se declaró sin resultado. El reglamento decidió: Bangladesh avanzó a semifinales gracias a su mejor condición de cabeza de serie.

Así, el cuadro de semifinales suma ya dos nombres que llegan por caminos opuestos: Bangladesh, clasificada desde la lógica del ranking, y Pakistán, empujada por el pulso firme de su capitana en medio del caos.

En un torneo corto, con márgenes mínimos y clima caprichoso, la pregunta es inevitable: ¿quién sabrá sufrir mejor cuando el siguiente partido también se juegue al filo del precipicio?