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Pat Brown logra un KO al cuerpo en homenaje a Ricky Hatton

Pat Brown necesitaba algo especial en Mánchester. Lo encontró en el sexto asalto, hundiendo un gancho al cuerpo que dobló a John Hedges y le entregó los títulos británico y de la Commonwealth del peso crucero en el Co-op Live. Un golpe seco, brutal, con destinatario claro: la memoria de Ricky Hatton.

El olímpico de 26 años mantiene inmaculado su récord profesional: siete victorias, siete antes del límite. A su colección de cinturones —WBA International e IBF Intercontinental— añadió ahora el prestigioso Lonsdale Belt, símbolo histórico del boxeo británico. Noche redonda. Y cargada de emoción.

Para Hedges, la velada se convirtió en una amarga superstición hecha realidad. Llegaba invicto en 12 peleas. La número 13 le castigó el cuerpo y el sueño.

Un gigante zurdo y un inicio incómodo

Nada fue sencillo para Brown. Hedges, zurdo y con 1,98 de estatura, salió decidido a convertir cada intercambio en un rompecabezas. Se movió, ofreció poco blanco, abrazó en corto y desactivó durante varios minutos la potencia del boxeador de Sale.

Brown, empujado por su gente, empezó a frustrarse. Forzó el físico, se apoyó con la cabeza, presionó hasta arrinconar a Hedges sobre las cuerdas superiores. El árbitro Reece Carter tuvo que intervenir para poner orden. El combate se estaba ensuciando, y el campeón en ciernes necesitaba algo más que empuje.

La clave llegó en el quinto. Brown dejó de perseguir el golpe definitivo y empezó a boxear. Sacó el jab con insistencia, encontró la distancia y, cuando Hedges levantó la barbilla, conectó un uppercut de derecha limpio, directo al mentón. El ambiente cambió. La grada lo sintió. Hedges también.

Cambio de altura, final al hígado

Tras cinco asaltos buscando arriba, Brown decidió bajar la mira. En el sexto, atacó las costillas. Un gancho potente abajo dobló a Hedges sobre una rodilla. Se levantó, pero algo ya estaba roto.

Segundos después, otro latigazo al cuerpo lo mandó de nuevo a la lona. Esta vez no hubo respuesta. Recuento completo. Títulos vacantes ocupados. Y un homenaje sellado con dolor.

“Lo terminé con un golpe al cuerpo en su memoria”, dijo Brown, recordando a Ricky Hatton, fallecido un año y cinco días antes de la pelea. No era un simple KO. Era un tributo.

La historia tenía un trasfondo especial: ambos púgiles compartían la figura de Hatton. Brown entrena en el mismo gimnasio que el excampeón mundial del welter, mientras que Hedges fue dirigido por él hasta conquistar el título inglés. Dos caminos marcados por la misma leyenda, cruzándose en una noche que llevó inevitablemente su nombre.

Desde la primera campanada, Brown sintió el empuje de un nutrido grupo de aficionados desplazados desde Sale, que no dejaron de corear su nombre. Él respondió con una actuación madura, más cerebral de lo que muchos esperaban.

“No puedo entrar como un toro contra él, la gente piensa que no sé boxear”, explicó en DAZN. “Con John no lo vas a sacar de ahí rápido, te hace fallar y te hace quedar en ridículo. Por eso fue una actuación paciente.”

Paciente, pero letal.

Masoud brilla, Jeffers y O’Regan avanzan

La velada dejó más nombres propios. En el peso pluma, Shabaz Masoud firmó una actuación impecable ante Ckari Mansilla. 100-90 en las tres tarjetas, dominio absoluto y dos cinturones para su vitrina: WBA International e IBF Intercontinental.

En el peso supermedio, Mark Jeffers se impuso a los puntos a Kieron Conway en un eliminatorio británico que lo coloca a las puertas de una oportunidad mayor en el panorama nacional.

En el peso ligero inglés, Cory O’Regan se proclamó campeón a costa de Joe Howarth, confirmando una progresión que empieza a llamar la atención en el circuito doméstico.

Isaac Cruz noquea y apunta directo a Ryan Garcia

A miles de kilómetros, en San Diego, otro nombre rugió con fuerza: Isaac “Pitbull” Cruz. El mexicano defendió por segunda vez su título interino WBC del superligero al noquear a Nestor Bravo en el Pechanga Arena, en una pelea marcada por la polémica arbitral.

Cruz salió como acostumbra: agresivo, sin concesiones. En el primer asalto ya cazó a Bravo con un gancho mientras el puertorriqueño intentaba amarrar. La tensión se trasladó pronto al tercer hombre del ring.

El árbitro Thomas Taylor descontó un punto a Bravo en el segundo asalto por agarrar. En el tercero advirtió a ambos tras una serie de golpes bajos. En el cuarto volvió a castigar al puertorriqueño, esta vez por tirar a Cruz a la lona, y le lanzó un mensaje directo: una descalificación podría dejarlo sin bolsa. El combate se enrareció.

La resolución llegó en el sexto. Un gancho de izquierda en avance impactó de lleno. Bravo cayó y no pudo cambiar la historia: segunda derrota de su carrera. Cruz, en cambio, se marcha con un récord de 29-3-2 y un mensaje claro.

“Hey, Ryan, estoy aquí. Mi próxima pelea, para ti. Vamos, Ryan”, lanzó después del triunfo.

El eco no tardó en encontrar respuesta. Ryan Garcia, que el sábado anterior había defendido su título mundial WBC del welter al noquear a Conor Benn en dos asaltos en Las Vegas, ya había hablado de volver rápido, en diciembre o enero, y había mencionado a Cruz entre sus posibles rivales.

Tras el KO en San Diego, respondió al reto: “Pitbull me demostró que estaba equivocado esta noche. Hagámoslo en diciembre, la oferta está sobre la mesa. Puedo domar a un león, no me preocupa domar a un pitbull.”

La ecuación, sin embargo, no es tan simple. Garcia también suena para un duelo con Teofimo Lopez, campeón mundial en el welter, mientras que Cruz milita una categoría por debajo. Las negociaciones y los pesos marcarán el camino.

En el respaldo de la cartelera, Daniel Blancas, Marco Verde y Eumir Marcial resolvieron sus compromisos antes del límite, reforzando sus credenciales en silencio, lejos de los focos que se pelean Garcia y Cruz.

Entre homenajes a leyendas, títulos conquistados y desafíos cruzando continentes, el boxeo dejó otra noche de historias potentes. La próxima campanada, visto lo visto, puede traer algo aún más grande.