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Percy Fender y el siglo más rápido en cricket

Percy Fender, el siglo que el tiempo no ha podido batir

Más de cien años después, el reloj sigue marcando lo mismo: 35 minutos. Es el tiempo que necesitó Percy Fender para firmar el siglo más rápido de la historia del cricket de primera clase medido por estancia en el crease. Ocurrió el 26 de agosto de 1920, en Northampton, y ningún bateador, por muy violento que haya sido su ataque, ha logrado desbancar esa marca en condiciones consideradas auténticas.

El récord ha sobrevivido a generaciones de pegadores porque las estadísticas del cricket distinguen con claridad entre una embestida genuina contra un ataque que compite de verdad y un festival de carreras fabricado a medida para forzar un resultado. Ahí reside la diferencia entre Fender y quienes, sobre el papel, lo igualaron o incluso lo “superaron”.

Un cumpleaños, un escenario y una tormenta de golpes

Cuatro días después de cumplir 28 años, Fender salió a batear para Surrey en un duelo del County Championship que, sin saberlo, iba a definir su legado. Northamptonshire había puesto 306 en el primer innings, con 128 de Fanny Walden al frente. Fender ya había dejado huella con la pelota: tres wickets para mantener a Surrey dentro del partido.

La respuesta de Surrey no arrancó bien. El marcador se atascó en 160 por cuatro cuando Andy Sandham cayó por 92. El riesgo de desperdiciar la entrada estaba ahí. Entonces aparecieron Andy Ducat y Alan Peach para cambiar el tono de la tarde: 288 carreras en apenas 135 minutos. Un vendaval. Ducat se marchó con 149 en el casillero y el escenario quedó listo para que Fender entrara en escena.

Lo que siguió fue puro desorden para los bowlers de Northamptonshire. Fender atacó desde el primer instante, sin tanteo, sin medias tintas. Drives largos, cuts violentos, pulls y esos slashes que se convertirían en su sello. Alcanzó el medio siglo en solo 19 minutos. El ataque local, incapaz de encontrar un plan, veía cómo la pelota cruzaba una y otra vez la cuerda.

Hasta entonces, el estándar lo marcaba Gilbert Jessop, dueño del siglo más rápido de primera clase: 100 en 40 minutos contra Yorkshire en Harrogate, en 1897. Fender rebajó ese listón en cinco minutos. Treinta y cinco. Nada más.

113 en 42 minutos: una entrada fuera de época

El reloj no frenó cuando llegó a los tres dígitos. Fender siguió pegando. Terminó invicto con 113 en 42 minutos, con 16 fours y cinco sixes. La cifra que mejor describe aquella locura es otra: 94 de sus 113 carreras llegaron en límites. Más del 83 por ciento de su anotación fueron golpes que atravesaron el campo de un solo trazo.

Surrey declaró cuando Peach alcanzó su doble centena. Él se quedó en 203 not out y la asociación por el sexto wicket con Fender sumó 171 carreras en solo 42 minutos. Una producción que, leída hoy, encajaría en un partido de T20, pero que nació en una era de ritmos mucho más lentos.

El detalle clave del récord, sin embargo, no está en cuántas bolas enfrentó Fender, sino en el tiempo que pasó en el crease. Es un método antiguo de medir la velocidad de un innings, muy distinto al conteo moderno de bolas enfrentadas. Y ahí, en ese parámetro, nadie ha podido tocarlo en condiciones reconocidas como legítimas.

El día que Steve O’Shaughnessy igualó el reloj… pero no el mérito

Durante 63 años, el nombre de Fender ocupó en solitario la cima de los siglos más veloces por tiempo. Hasta que en 1983 apareció Steve O’Shaughnessy, de Lancashire, con otro siglo en 35 minutos frente a Leicestershire. El cronómetro coincidía. La historia, no.

Aquel encuentro estuvo marcado por la lluvia y los retrasos. Cuando llegó la jornada final, ambos equipos necesitaban acelerar como fuera para tener opciones de resultado. Tras la declaración de Leicestershire, O’Shaughnessy y Graeme Fowler salieron a batear ante un “ataque” que incluía a David Gower y James Whitaker con la pelota en la mano.

Lo que vino después fue descrito como una farsa. Gower y Whitaker lanzaron una sucesión de full tosses y pelotas cortas, con un límite corto que convertía cada swing limpio en una posible frontera. Fowler se apuntó 100 con 10 sixes. O’Shaughnessy también llegó al siglo a toda velocidad, en los mismos 35 minutos que Fender.

La diferencia es que aquella entrada nació de circunstancias abiertamente manipuladas para acelerar la anotación. El récord, en términos de pureza competitiva, no podía considerarse equiparable al de 1920.

Siglos más rápidos… que no cuentan

O’Shaughnessy no fue el único en poner tiempos más agresivos que Fender. Glen Chapple firmó un siglo en 21 minutos para Lancashire ante Glamorgan en 1993. Mark Pettini lo hizo en 24 minutos para Essex contra Leicestershire en 2006. Michael Goodwin y Tom Moody completaron siglos en 25 y 26 minutos, respectivamente.

Sobre el papel, cifras demoledoras. En la práctica, entradas que los historiadores del juego colocan en otra categoría: la de los siglos fabricados. Declaraciones concertadas, bowling deliberadamente amable, part-timers lanzando full tosses y pelotas de entrenamiento para abrir hueco en el calendario y rescatar un resultado en partidos de tres días castigados por la meteorología o la lentitud previa.

Las carreras cuentan en el acta oficial, sí. Pero los récords nacidos de esas situaciones se consideran, en general, inadecuados para compararlos con esfuerzos genuinos. Y ahí es donde Fender se mantiene a salvo.

Cuando “más rápido” depende de cómo se mida

Hay otro matiz que no se puede ignorar. Si el criterio para el “siglo más rápido” no es el tiempo real en el crease, sino las bolas enfrentadas, el trono cambia de dueño. En primera clase, el récord pertenece a David Hookes, autor de 102 de solo 34 bolas para South Australia contra Victoria en 1982. En Test cricket, el registro lo ostenta Brendon McCullum, con un siglo de 54 bolas frente a Australia en Christchurch en 2016.

Son marcas brutales en términos de ritmo por entrega. Pero si el parámetro es el reloj y el contexto son condiciones auténticas de primera clase, el nombre que sigue al frente es el mismo de siempre.

Más de un siglo después de su asalto a Northamptonshire, ningún innings legítimo ha mejorado los 35 minutos de Percy Fender. En una era obsesionada con la velocidad, el récord más resistente del cricket sigue siendo el de un hombre que, en 1920, decidió que el tiempo era suyo. ¿Quién se atreverá a desafiarlo de verdad?