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Rashid Khan: la nueva cara de un Afganistán competitivo

Rashid Khan ha vivido toda la historia reciente del duelo India‑Afganistán. Estuvo cuando su selección era vista como un invitado exótico, obligado a resistir. Y está ahora, cuando el vestuario ya no se limita a “dar pelea”: cree, con fundamento, que puede ganar.

Esa fe, sin embargo, llega con una lista clara de tareas pendientes.

El poder del powerplay… y el peaje de no dominarlo

Antes del tercer y último ODI ante India, Rashid se sentó con TimesofIndia.com y fue directo al punto: Afganistán todavía no sabe exprimir el powerplay, ni con el bate ni con la bola.

“Tenemos que aprender cómo usar el powerplay como unidad de bateo y en qué áreas debemos mejorar”, explicó. La referencia no era abstracta. Venía de mirar de cerca cómo India amontona carreras en los primeros seis overs y cómo sus propios compañeros se quedan cortos cuando el partido pide ambición.

En Delhi, donde los marcadores altos son casi una costumbre, el mensaje interno de Rashid es simple: hay que cambiar la mentalidad. No basta con ser competitivos; hay que pensar en “carreras grandes”, en totales que cambien partidos. El diagnóstico es duro con su propio equipo: el departamento de bateo todavía tiene mucho trabajo por delante.

Con la bola, el problema está igual de claro. Conceder 70 u 80 carreras en el powerplay, advierte, hace irrelevante si se defienden 200 o 230. El margen de error desaparece. De ahí su insistencia en encontrar soluciones colectivas, no parches individuales. El aprendizaje de esta serie, para Afganistán, nace justo en esos primeros seis overs.

India, una máquina T20 sin respiro

Rashid ha visto varias versiones de India en T20. La actual, liderada por Shreyas Iyer y cargada de juventud, le provoca una mezcla de respeto y alerta.

“Es un equipo muy peligroso, destructivo. Uno tras otro, entra alguien capaz de destrozarte”, resume. No habla de promesas, sino de jugadores que ya tienen cientos en T20, que no se conforman con 20 o 30 carreras y un cameo vistoso. Llevan los partidos al fondo y los rompen allí, con cricket sin miedo.

Esa combinación de valentía y habilidad es, para él, lo que separa a esta India del resto. No es solo actitud. Es técnica, es variedad de golpes, es la confianza de saber que pueden atacar a cualquier tipo de bola, en cualquier situación.

Abhishek Sharma y Vaibhav Sooryavanshi: la próxima ola

Cuando se le pregunta por nombres propios, Rashid no duda. El primero es Abhishek Sharma, con quien compartió vestuario en Sunrisers Hyderabad.

Conoce bien su potencial con el bate, pero subraya algo que pasa más desapercibido: su brazo. Para Rashid, Abhishek no es solo un opener agresivo; es un verdadero “paquete completo” que puede aportar overs valiosos en el medio, un perfil que India puede explotar durante años.

El otro nombre ya suena a fenómeno: Vaibhav Sooryavanshi. Rashid le ha lanzado, le ha visto debutar con India a los 15 años y, sobre todo, le ha observado de cerca.

Lo que le deslumbra no es solo el talento bruto. Es la claridad. “Conoce sus golpes, su plan de juego contra cualquier equipo, cualquier bowler, en cualquier momento”, destaca. Esa lectura del juego, a esa edad, es lo que Rashid considera excepcional. Normalmente, dice, eso llega con los años. Sooryavanshi ya lo tiene.

Le fascina su forma de jugar sin miedo, la potencia, la coordinación mano‑ojo. Lo define como “un talento regalado por Dios”. Y cuando le preguntan si se ve reflejado en él, sonríe con honestidad: el joven Rashid tenía habilidad, sí, pero no esa capacidad para pegar seis enormes a esa edad. El afgano, que ha visto de todo en las grandes ligas, no duda: Sooryavanshi es “alguien muy especial”.

El punto de inflexión de Afganistán

Rashid también ha sido testigo del cambio de percepción global sobre Afganistán. De selección simpática a rival que puede tumbar gigantes. ¿Cuándo empezó a cambiar la historia?

Para él, la línea de tiempo es nítida. Primero, la serie bilateral de T20 en la que derrotaron a Pakistán. Luego, el impacto del Mundial 2023 en India, con la victoria ante Inglaterra. Después, los triunfos frente a Sri Lanka y el propio Pakistán en el Mundial. La escalada continuó con el T20 World Cup 2024, donde alcanzaron las semifinales tras un torneo sólido en Australia y Nueva Zelanda.

Ahí nació una convicción distinta: Afganistán ya pertenece al grupo de equipos que pueden ganar a cualquiera. No es una frase de vestuario; son resultados.

El reto ahora es otro. “Depende de nosotros cómo vamos a gestionar esto y cómo lo mantenemos”, avisa. El peligro de creerse ya instalados en la élite sin consolidar estructuras, sin corregir detalles como el powerplay, está siempre presente.

Ibrahim Zadran, el nuevo líder

En ese contexto aparece Ibrahim Zadran, actual capitán del equipo de T20. Rashid, que ya llevó el brazalete, ve en él las cualidades que se necesitan para sostener esta nueva etapa.

Le gusta su ética de trabajo, su obsesión por liderar desde el ejemplo, su franqueza. Ibrahim, insiste, es de los que no se esconden. Un jugador consistente, directo, que intenta marcar el camino para los jóvenes con hechos, no discursos.

Rashid se ha colocado a su lado como veterano de referencia. No para mandar, sino para apoyar. Desde su propia experiencia, le advierte de una trampa que conoce bien: el exceso de presión autoimpuesta. Como capitán, reconoce, intentó cargar con todo. El resultado fue un peso asfixiante.

Su consejo a Ibrahim es claro: calmarse, centrarse en su juego, en sus habilidades, en el plan, y no en el resultado. Si el proceso está claro, repite, lo demás llega.

La nueva generación afgana

Cuando se le pide que señale a las próximas figuras de Afganistán, Rashid mira al vestuario y ve materia prima. Habla de Noor Ahmad, que ya ha empezado a dejar huella y al que considera preparado para dar otro salto y firmar grandes actuaciones en el futuro.

En el fast bowling, un área que él mismo reconoce como pendiente de mejora, destaca a Abdollah Ahmadzai. Le entusiasma su velocidad. Cree que, si se le gestiona bien, puede convertirse en un pacer muy rápido y en una pieza clave para el futuro de la selección.

Un cuerpo castigado y una mente más selectiva

Rashid lleva jugando cricket profesional desde la adolescencia. Ligas por todo el mundo, calendarios sin respiro, kilómetros y kilómetros de vuelo. Durante años, ese ritmo le dio algo invaluable: experiencia, conocimiento de condiciones en distintos países, lectura de situaciones límite.

El cuerpo, sin embargo, presentó la factura. Tras pasar por el quirófano, se vio obligado a recortar su carga de partidos. Ya no puede decir sí a todo. Ha tenido que aprender a elegir.

Su visita reciente al Red Bull Athletic Performance Centre en Austria marcó otro punto de giro. Allí, tras una batería de pruebas, obtuvo una radiografía precisa de su cuerpo: qué zonas reforzar, qué movimientos evitar, cuánto cricket puede asumir sin cruzar la línea roja. Con médicos y fisioterapeutas diseñó un mapa claro de lo que viene: dónde jugar, dónde no, y hasta qué punto exprimir su físico.

El gran asunto pendiente

Con todo lo vivido, con el estatus de superestrella global ya asegurado, a Rashid le queda una obsesión muy concreta.

“Ganar la World Cup con Afganistán”, confiesa sin rodeos. Lo llama su asunto inacabado. El T20 World Cup 2024 les dejó a un paso, con una semifinal que supo a oportunidad perdida. No alcanzaron la final. Se quedaron con la sensación de que el gran golpe estaba ahí, al alcance.

Hasta que se retire, su mirada estará fijada en un trofeo ICC. Sea un T20 World Cup o un Mundial de 50 overs. No lo ve como un sueño romántico. Lo ve como una página que falta en su libro. Y no parece dispuesto a cerrarlo sin escribirla.