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Sabalenka avanza a octavos en un US Open lleno de humo

Aryna Sabalenka necesitó algo más que su saque demoledor para avanzar a la cuarta ronda del US Open. También necesitó aire. Literalmente.

Con apenas tres juegos disputados ante Kamilla Rakhimova, la número uno del cuadro femenino detuvo el partido en el Louis Armstrong Stadium por un fuerte olor a cannabis que se colaba desde el exterior. Se acercó a la silla y se lo dejó claro a la jueza de silla Eva Asderaki-Moore: “alguien está fumando weed”, se quejó, pidiéndole que interviniera porque “es muy fuerte”.

Asderaki-Moore habló por radio con un oficial y, con un gesto inequívoco de fumar hacia la zona posterior de la pista, intentó atajar una situación que se ha convertido en un incómodo clásico de Flushing Meadows. El juego se reanudó. El olor, de fondo, también.

Un problema recurrente en Flushing Meadows

Sabalenka no es la primera en levantar la voz en esta edición. Katie Boulter ya había admitido que el olor la distraía, y Harriet Dart y Francesca Jones también lo notaron en sus partidos. No es nuevo: en años anteriores figuras como Novak Djokovic o Alexander Zverev se quejaron del mismo problema.

La normativa es clara: está prohibido fumar dentro del recinto del US Open. Pero el torneo convive con una realidad urbana. Desde el cercano Corona Park, donde el consumo de cannabis es legal para mayores de 21 años, el olor se cuela con frecuencia hasta las gradas y, a veces, hasta la pista. Como anoche.

Del gesto al rodillo

Una vez gestionado el incidente, Sabalenka hizo lo que mejor sabe hacer: imponer su ley. La dos veces campeona defensora encadenó un triunfo sólido por 6-3 y 6-4, su 16ª victoria consecutiva en Flushing Meadows, en su intento de firmar un histórico triplete de títulos consecutivos en Nueva York. Nadie lo logra desde Serena Williams entre 2012 y 2014.

El primer set fue una exhibición de poder. La bielorrusa, de 28 años, apenas cedió cuatro puntos con su servicio, golpeando profundo, agresiva, sin dar tiempo a Rakhimova para respirar ni para leer direcciones. Cada primer saque era un mensaje: aquí mando yo.

La jugadora de Uzbekistán se soltó algo más en la segunda manga. Ajustó mejor los restos, alargó los intercambios, encontró algo de ritmo. Pero la sensación de control de Sabalenka nunca desapareció. El marcador se mantuvo apretado hasta el 4-4, momento en el que la número uno apretó el acelerador.

El break clave llegó con la frialdad de las grandes. Un par de restos profundos, una derecha ganadora a la línea y la grieta se abrió: 5-4. A continuación, servicio para cerrar… y cero concesiones.

Estadísticas de una superioridad clara

Los números retratan la diferencia. Sabalenka firmó 10 aces por solo 2 de Rakhimova y no afrontó ni una sola bola de break en todo el encuentro. Un muro con el saque, una trituradora desde el fondo. Cuando el primer servicio entra con ese porcentaje y esa potencia, el margen de maniobra de la rival se reduce a la mínima expresión.

Rakhimova luchó, se sostuvo en el segundo set y evitó una derrota más abultada, pero nunca llegó a poner realmente en duda el resultado. Sabalenka jugó con la seguridad de quien se siente en su territorio: la pista dura de Nueva York, escenario donde encadena ya más de tres años sin perder un partido de singles.

Un camino con cuentas pendientes

El siguiente obstáculo saldrá del duelo entre la local Taylor Townsend y la rusa Diana Shnaider, 15ª cabeza de serie. El cruce tiene morbo. Shnaider eliminó a Sabalenka en los cuartos de final de Roland Garros en junio, una herida reciente que añade un punto extra de tensión si se reencuentran en Nueva York.

Entre el olor a cannabis que flota desde Corona Park y la presión de perseguir la historia, Sabalenka avanza. Firme, contundente, casi imperturbable. La pregunta ya no es si puede con el ruido exterior, sino quién se atreve a frenarla dentro de la pista.