Sarfaraz Ahmed se distancia de la polémica sobre la entrevista a Imran Khan
Sarfaraz Ahmed se desmarca de la polémica por la entrevista a los hijos de Imran Khan
El segundo Test en Lord’s se jugó bajo una sombra inesperada. Mientras el público hablaba de swings, costuras y marcadores, en los despachos se manejaba una amenaza mucho más seria: la posibilidad de que el Pakistan Cricket Board (PCB) cancelara el Test y el resto de la gira si Sky Sports emitía una entrevista con los hijos de Imran Khan.
Durante la comida del primer día, Sky Sports programó una conversación con Suleiman y Kasim Khan, los hijos del legendario excapitán de Pakistán y ex primer ministro, Imran Khan, en prisión desde hace tres años. Según se entiende, el PCB llegó a plantear al England and Wales Cricket Board (ECB) la opción más drástica: si la entrevista salía al aire, la gira podía terminar allí mismo.
La entrevista, en una versión editada, se emitió. Y, tras el intervalo, los jugadores volvieron al campo como si nada hubiera pasado. El cricket siguió su curso. El ruido quedó fuera de la cuerda.
Al término del segundo día de juego, el seleccionador y entrenador principal Sarfaraz Ahmed dejó claro que, al menos en el vestuario, la tormenta política no había entrado.
«No sé nada. Solo estoy concentrado en el partido», afirmó, seco, cuando le preguntaron por el asunto.
¿La entrevista? ¿El ultimátum? Sarfaraz insistió en que ni él ni sus jugadores estaban al tanto. «¿Estás hablando de la entrevista? No sabemos sobre la entrevista», remarcó, marcando distancia con el conflicto institucional.
Cuestionado sobre si en algún momento existió la posibilidad de que el equipo no regresara al campo para la sesión de la tarde del primer día, el ex wicketkeeper de Pakistán fue igual de tajante: «Todos estamos bien. Estábamos almorzando en ese momento».
Mientras en los palcos se discutía política, en el césped se hablaba de cricket. Esa ha sido siempre la dualidad en torno a Imran Khan, figura gigantesca del deporte paquistaní y, al mismo tiempo, protagonista central de la vida política del país.
A sus 73 años, Imran sigue siendo un nombre que agita pasiones. Como jugador, dejó un legado inmenso: 21 años de carrera internacional y, sobre todo, el título de la Copa del Mundo de 1992, la coronación definitiva de un líder carismático que marcó a varias generaciones. Años después, cambió el verde del campo por el de la política y ocupó el cargo de primer ministro entre 2018 y 2022.
Desde 2023 está en prisión por cargos de corrupción que él niega. Su figura, lejos de apagarse, sigue encendiendo debates dentro y fuera de Pakistán. Esta vez, la onda expansiva alcanzó a Lord’s, el templo del cricket, y puso a prueba los delicados equilibrios entre deporte, televisión y poder.
Sobre el césped, Sarfaraz intenta blindar a su equipo de todo ese ruido. El mensaje es claro: el vestuario mira al marcador, no a la parrilla televisiva ni a los comunicados cruzados entre juntas directivas. Pero cuando el nombre de Imran Khan irrumpe en el palco de Lord’s, una pregunta queda flotando sobre la serie y sobre el propio cricket paquistaní: ¿hasta dónde puede aislarse el juego cuando la política llama a la puerta del vestuario?






