logo

Somerset golpea primero en un día gris

Taunton amaneció encapotado, con lluvia fina y un aire de septiembre que pedía a gritos que alguien ganara el sorteo y pusiera al rival a batear. Somerset no desaprovechó el regalo. Lanzó a Glamorgan al centro en una mañana húmeda, incómoda, hecha a medida para los lanzadores. Y el plan, tras un arranque tibio, acabó funcionando: 80-4 y sensación de control.

Al principio costó encontrar el ritmo. La bola no terminaba de hacer lo que prometía el cielo. Hasta que apareció Migael Pretorius. Su entrada cambió el tono del partido. Primero, Asa Tribe cayó ante un envío que encontró una respuesta aún mejor en James Rew, que se lanzó en una estirada espectacular para completar una de esas recepciones que levantan al equipo y silencian al bateador. Poco después, Kiran Carlson siguió el mismo camino. Glamorgan, de repente, tocado.

Con la presión instalada, Craig Overton se sumó a la fiesta. Mason Crane, improvisado como opener, no resistió. Otro wicket, otro golpe a un orden de bateo que nunca llegó a asentarse bajo las nubes de Taunton.

La lluvia, que había amenazado desde el primer over, terminó por detener el juego durante unos minutos. Un respiro breve. A la vuelta, Lewis Gregory no tardó en poner la guinda a la sesión: Colin Ingram, cazado en los slips, completó una mañana que justificó por completo la decisión inicial en el sorteo.

En un día así, con el cielo cerrado y el balón hablando, Somerset no solo leyó mejor las condiciones. Las explotó. Y dejó a Glamorgan con mucho por reconstruir en un escenario que, por ahora, pertenece por completo a los lanzadores locales.