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Tensión en el US Open: Sabalenka responde a un periodista

La escena no ocurrió en la pista, pero sacudió el US Open como si se tratara de un punto de partido. Aryna Sabalenka acababa de arrasar en su duelo de segunda ronda en Flushing Meadows cuando, en la sala de prensa, el ambiente cambió de golpe. De la comodidad del marcador a un cruce tenso con un periodista que todavía colea en el circuito.

Todo arrancó con una pregunta aparentemente inocente. El reportero habló de una semana previa “llena de fiestas y diversión” antes del torneo y quiso saber cómo había cambiado el estado de ánimo de Sabalenka ahora que la competición estaba en marcha. La número 1 del mundo no tardó en reaccionar. Ni sonrisas, ni evasivas. Directa.

La bielorrusa interpretó la formulación como una insinuación: que había llegado al último Grand Slam del año más pendiente del ocio que de los entrenamientos. Y respondió con la misma contundencia con la que había cerrado su partido. Defendió su profesionalidad, subrayó que los actos con patrocinadores y las obligaciones de marca forman parte del trabajo, no de una agenda de fiesta, y dejó claro que nadie confunda exposición mediática con falta de compromiso.

El intercambio, breve pero cargado de tensión, saltó inmediatamente a las redes sociales. Los vídeos de la rueda de prensa se viralizaron y el debate se encendió. Una parte del público aplaudió a Sabalenka por plantarse y proteger su imagen de jugadora rigurosa, obsesionada con el alto rendimiento. Otros pusieron el foco en el periodista y en si su elección de palabras había sido torpe, malinterpretada o simplemente desafortunada.

Con la polémica creciendo, el reportero decidió dar un paso al frente y explicar su versión. Según se ha difundido, aclaró que en ningún momento quiso acusar a Aryna de descuidar su preparación ni de pasar los días de antes del US Open de fiesta. Su objetivo, dijo, era aludir al calendario de apariciones públicas, compromisos promocionales y actividades fuera de la pista que los grandes nombres del circuito suelen afrontar antes de un grande.

Insistió en que su pregunta se entendió de una forma distinta a la que pretendía y remarcó que no tenía intención de poner en duda la ética de trabajo de la número 1. También asumió el eco que tuvo el momento, consciente de que el intercambio había superado con mucho el marco habitual de una conferencia de prensa pospartido.

Sabalenka, ya en frío, también volvió sobre el episodio. Tras la reacción airada ante los micrófonos, la dos veces campeona del US Open se disculpó con el periodista por la dureza de su respuesta, aunque mantuvo que la formulación de la pregunta no fue justa. Es decir, rebajó el tono, pero no cambió de postura.

El caso ha vuelto a exponer una línea fina que en los grandes torneos se pisa cada día: la convivencia entre deportistas y medios. Los jugadores llegan a la sala de prensa aún con la adrenalina del partido, obligados a responder de inmediato sobre su juego, su mente, su vida. Del otro lado, los periodistas buscan ir más allá del tópico, abrir una grieta que revele algo distinto a lo que se ve en la pista.

Cuando esas preguntas rozan la preparación, la concentración o la profesionalidad, el margen de error se reduce al mínimo. Una palabra mal elegida, un matiz que se escapa, y el ambiente se enciende. En Nueva York, bastó una referencia a “fiestas y diversión” para recordarle al tenis que, en la era de los clips virales, cada frase en una sala de prensa puede convertirse en el punto más delicado del torneo.