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US Open 2023: Influencers, Ruido y Etiqueta en el Tenis

Luces. Cámara. Y, en teoría, silencio absoluto cuando la pelota vuela. En el tenis, hay códigos que casi nadie necesita leer en un reglamento para saber que existen.

Pedir perdón tras un punto ganado con ayuda de la cinta. Reconocer una doble bote. No cantar fuera una bola que fue buena. Dar la mano al final, aunque duela.

En la grada, la norma no escrita es igual de clara: no molestar durante el punto.

Este año, en Nueva York, esa frontera se ha vuelto borrosa. Alrededor de 100 influencers y creadores de contenido han recibido acreditación para el torneo, el doble que la temporada pasada. Una cifra que ha encendido un debate: ¿cómo se abre la puerta a una nueva audiencia sin dinamitar la etiqueta del juego?

El nuevo público entra en escena

Coco Gauff, número cuatro del mundo, lo resume con una metáfora sencilla: “Creo que es genial tener un nuevo demográfico y que eso ayude a hacer crecer el deporte”, dijo. “Pero si te invitan a una alfombra roja, no irías en vaqueros. Creo que solo hay que seguir la etiqueta del deporte. Eso es todo”.

La teoría suena razonable. La práctica, bastante menos.

Durante el partido de primera ronda de Naomi Osaka en Arthur Ashe Stadium, un grupo en un palco de hospitalidad decidió montar una sesión de fotos mientras se jugaba. Sacaron un aro de luz portátil, lo encendieron justo cuando Osaka se disponía a sacar y obligaron al juez de silla a intervenir.

No fue un episodio aislado. En su siguiente partido, el jueves, el murmullo constante obligó al árbitro a repetir una y otra vez la misma petición: silencio.

“Hoy el juez le dijo a todo el mundo que se callara más veces de las que nunca he oído a un juez pedírselo a un público”, reconoció Osaka. “Normalmente digo que solo me concentro en el partido y en la pista, pero hubo un momento en el que había gente gritando y se escuchaba muy claro. Creo que también molestó a mi rival”.

Uno de los vídeos del primer partido de la japonesa se hizo viral: un grupo habla a gritos mientras se graba a sí mismo, hasta que el juez de silla tiene que parar la acción y pedir que cesen.

Osaka no cuestiona la idea de fondo, pero sí la ejecución. “Si vas a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte”, apuntó. “Es de cortesía leer un poco sobre el deporte, sobre todo la etiqueta. Puede ser algo positivo que hagan popular el tenis para su audiencia específica, pero creo que hay que gestionarlo mucho mejor, sobre todo en situaciones como mi partido de primera ronda. En general, hay enormes aspectos positivos. Quieres que el deporte crezca. Solo creo que debe hacerse de forma que todos conozcan las reglas y la etiqueta”.

Arthur Ashe, ruido, negocio y límites

Arthur Ashe es el estadio de tenis más grande del mundo. Un coloso que rara vez está en silencio absoluto. Hay conversaciones en los pasillos, movimiento en las gradas, un zumbido constante. A algunos jugadores les encanta esa energía. A otros los desquicia.

Daniil Medvedev, séptimo cabeza de serie, con una relación históricamente tensa con el público neoyorquino, se sitúa del lado del crecimiento a toda costa. “Cuanto más intentemos crear conciencia sobre el tenis, mejor, más popular será el deporte”, señaló. “Cuanto más crezca el deporte, mejor. Confío en la USTA y en lo que está haciendo. Creo que hay mucho más lado positivo que negativo, así que adelante”.

Frances Tiafoe, undécimo cabeza de serie, aplaude la diversidad de la grada, sin matices. “Lo que me encanta del Open es que vienen todo tipo de personas a ver tenis”, dijo. “Todo tipo de vidas, todo tipo de gente, todo tipo de profesiones. Personalmente, me encanta. No tengo problema con que venga cualquiera a ver el tenis, ni con lo que hagan”.

No todos lo ven tan claro.

La número tres del mundo, Jessica Pegula, no se anduvo con rodeos: para ella, ciertos comportamientos han cruzado la línea. “Puedo apreciar que los influencers vengan y muestren la experiencia del US Open”, admitió. “Pero es difícil cuando ves vídeos en los que están haciéndose fotos y usando las luces de selfie. Hay gente ahí abajo intentando rendir. Es su carrera y su trabajo. Parece un poco irrespetuoso. Creo que este año se ha ido un poco de las manos. Puedo entender un lado, pero cuando el otro lado literalmente interrumpe partidos, se complica”.

El “Disneyland” del tenis y sus efectos secundarios

El US Open lleva tiempo moviendo las piezas para convertirse en algo más que un torneo. En 2024 implantó una política de libre movimiento para los aficionados: ya no es obligatorio esperar a los cambios de lado para sentarse. Un año después, amplió el evento a 15 días. La semana previa al cuadro individual se vende ahora como una “Fan Week”, con un mixto renovado y exhibiciones entre estrellas del pasado y del presente.

Todo encaja en la visión del director ejecutivo del torneo, Craig Tiley, que sueña con convertir el evento en “el Disneyland del tenis”.

En una rueda de prensa previa al torneo, Tiley defendió la acreditación específica para creadores de contenido. “Tenemos que encontrar formas de llegar a nuevas audiencias, de llegar a la gente de la manera en que se conecta con los medios hoy”, explicó. La llamada “creator credential” es, para la organización, una pieza clave para hablarle a un público que ya no mira la televisión tradicional.

La apuesta tiene lógica comercial. La pregunta es cuánto puede estirarse la cuerda sin que se rompa la esencia competitiva.

Tras el incidente en el primer partido de Osaka, la USTA reaccionó con más mensajes en las pantallas del recinto, recordando a los aficionados que deben “abstenerse de cualquier actividad que pueda interrumpir el juego, incluidos niveles de ruido, fotografía con flash y uso de aros de luz”.

En un comunicado, la federación insistió en su doble objetivo: “Siempre estamos tratando de hacer crecer el tenis en este país y atraer nuevas audiencias al deporte. Queremos que todos nuestros aficionados y huéspedes lo pasen increíble cuando vengan, pero también debemos asegurarnos de que no interfieran en la acción y la competición en la pista. Buscamos constantemente maneras de garantizar que los aficionados en las gradas sepan qué está permitido y qué está prohibido”.

La línea está trazada. El negocio empuja hacia un lado, la tradición hacia el otro. Mientras tanto, en Arthur Ashe, cada vez que un aro de luz se enciende y un juez de silla levanta la voz, el tenis se hace la misma pregunta: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar para ser tendencia sin perder el silencio que lo hizo grande?