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US Open: Adiós a Wawrinka y nuevos talentos en acción

En el bullicio eléctrico de Flushing Meadows, la jornada se partió en dos: el adiós emocionado de una leyenda, el desparpajo de una nueva generación… y un viejo debate sobre dopaje que volvió con fuerza.

Hijikata sacude al No.4 del mundo

Rinky Hijikata saltó por primera vez a la pista Grandstand con la etiqueta de víctima propiciatoria. Enfrente, el No.4 del mundo, Felix Auger-Aliassime, arrancó como se espera de una estrella: 2-0 arriba en cuestión de minutos, marcando territorio con autoridad.

Pero el australiano no compró el guion.

Sereno al saque, ágil de piernas, Hijikata fue arañando metros y confianza. Punto a punto, juego a juego, giró la inercia del set hasta ponerse 5-3 al frente. Cada servicio suyo respiraba calma; cada intercambio, una convicción creciente de que el ranking no siempre manda.

Auger-Aliassime, avisado muy pronto. El “underdog” había decidido que no iba a ser figurante.

Popyrin sufre a un Dimitrov afinado

En las pistas exteriores, Alexei Popyrin se topó con un Grigor Dimitrov muy entonado desde el inicio. El búlgaro, suelto de golpes y preciso en los cambios de ritmo, tomó el control temprano del marcador y se colocó 4-2 arriba en el primer set.

Sin alardes, pero con una solidez que no concede demasiadas grietas.

Maya Joint, remontada y despegue

La otra gran historia australiana del día llevó el nombre de Maya Joint. La joven jugadora empezó a contracorriente: 3-6 en el primer set ante Liudmila Samsonova, después de una batalla de peloteos largos y exigentes en la que ambas se movieron con potencia por la pista. Joint compitió bien, pero la rusa fue más resolutiva en los puntos clave.

Ahí cambió todo.

En el segundo set, Joint encontró una marcha más. Empezó a mandar con más decisión, a golpear más profundo, a leer mejor los patrones de Samsonova. Se disparó 3-1, alimentada por una grada que se volcó con las dos, pero a la que ella supo enganchar mejor. Cerró el parcial 6-2 y arrastró esa ola al set definitivo.

El tercero fue una exhibición. Joint dominó la pista, manejó los tiempos y no soltó el control hasta sellar la remontada: 3-6, 6-2, 6-2. Al caer la bola de partido, la emoción le brotó sin filtro. Victoria, segunda ronda y una declaración de intenciones en Nueva York.

Khachanov y el caso Kyrgios: “Cosechas lo que siembras”

Lejos de las líneas de fondo, el nombre de Nick Kyrgios volvió a ocupar titulares. Suspendido tras dar positivo por cocaína en junio, el australiano reconoció públicamente “un gran error” y anunció que se apartaba del foco para afrontar la situación.

Karen Khachanov, que ya se había cruzado con él en pista y en debates públicos, no esquivó el tema en el US Open. Recordó lo combativo que había sido Kyrgios en el pasado con los casos de dopaje y sanciones.

“Siempre le gustaba meterse con alguien, escribiendo cosas en Twitter y demás”, señaló ante los periodistas. Y remató con una frase que resonó fuerte: “Al final, cosechas lo que siembras. No es solo que no me sorprenda, es que no puedo sentir demasiada lástima. De lo que le han pillado es, en última instancia, su elección. Y mira lo que ha pasado. Se le ha vuelto en contra”.

Un dardo directo en un torneo donde el australiano, esta vez, no está para responder en la pista.

Wawrinka se despide: 20 años, tres grandes y una ovación eterna

Mientras tanto, en el escenario grande, el tiempo se detuvo para Stan Wawrinka. El suizo, que ya había anunciado que esta temporada sería la última en el circuito ATP, jugó su último partido de Grand Slam tras recibir una invitación para este US Open.

Cayó en primera ronda ante Matteo Berrettini por 7-6, 7-6, 6-0. El marcador fue duro, pero la noche perteneció a la memoria.

Los organizadores le regalaron un vídeo con los mejores momentos de su carrera en Flushing Meadows. La grada se levantó. Berrettini, del otro lado de la red, siguió aplaudiendo sin prisa, consciente de que estaba siendo parte del cierre de una era.

“Llevo más de 20 años viniendo aquí”, recordó Wawrinka en la ceremonia, con la voz quebrada. Evocó sus primeras qualies, la impresión de aquel debut y explicó por qué había alargado su carrera hasta los 41: por noches como esta. Diez años después de conquistar el título en Nueva York, se despidió del escenario que lo vio vencer a Novak Djokovic en aquella final de 2016 y que lo vio llegar al No.3 del mundo.

“Lo voy a echar de menos. Amo tanto este deporte…”, confesó, agradeciendo entre lágrimas el apoyo de todos estos años. No hizo falta nada más. El aplauso lo dijo todo.

Berrettini, emocionado, lo definió como un sueño cumplido: de verlo ganar grandes en televisión a compartir pista con él en dos Grand Slams seguidos, justo en el tramo final de su carrera. Un círculo perfecto para el italiano.

Polémica de reglamento y un guiño de Wawrinka

El duelo dejó, además, una escena curiosa. En el inicio del tercer set, Wawrinka ganó un punto con un toque delicado cerca de la red que, a ojos de Berrettini, implicó dos golpes en la misma acción, algo ilegal si hay una pausa clara entre ambos movimientos.

“Se ha visto… fue como lo que hizo antes”, protestó el italiano ante la juez de silla, reclamando la jugada. El suizo se lo tomó con humor, se acercó a la red y, entre sonrisas, le soltó a su rival: “Tengo 41 años, por eso soy más lento que tú”.

La acción fue revisada en vídeo a velocidad normal y se consideró legal, para frustración de Berrettini. Más tarde, la exjugadora australiana Jelena Dokic admitió que, en cámara lenta, se apreciaba el doble impacto y que el italiano tenía razón, aunque el sistema de revisión del US Open no utilice repeticiones a cámara lenta.

Wawrinka se quedó con la ventaja en el punto, pero acabó perdiendo ese juego. El partido ya viajaba decidido hacia el lado del italiano, que mandaba 7-6, 7-6, 3-0.

Entre el pasado y el futuro

Mientras el vídeo de homenaje a Wawrinka arrancaba lágrimas y aplausos, el torneo seguía en marcha. Berrettini, aún en pista, no dejaba de aplaudir a la leyenda que se marchaba. En otra esquina del complejo, Maya Joint celebraba su primera gran remontada en un grande. En la Grandstand, Rinky Hijikata se rebelaba contra el ranking de Felix Auger-Aliassime.

Viejas glorias que se apagan, nuevas historias que empiezan, polémicas que no se agotan. El US Open volvió a ser lo que siempre ha sido: un escenario donde el tenis no solo se juega, también se recuerda, se discute y se reinventa cada noche.