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US Open y el debate sobre influencers en el tenis

En Flushing Meadows ya no solo suenan las raquetas. Suenan móviles, suenan anillos de luz, suenan risas impostadas para cámara. Y en medio de ese ruido, el tenis ha encendido un debate incómodo: ¿hasta dónde se puede estirar el espectáculo sin romper la esencia del deporte?

Este año, la organización del US Open ha doblado el número de creadores de contenido acreditados respecto a la edición anterior. Una apuesta clara por conquistar nuevas audiencias y colarse en los timelines de todo el mundo. Pero el coste se ha empezado a notar en la pista.

En un partido, el juez de silla Kader Nouni se vio obligado a detenerse y reprender a un grupo de influencers en un palco por grabar un vídeo en pleno punto. En otro momento, un creador encendió un potente aro de luz portátil para hacerse fotos, iluminando más de la cuenta algo más que su propio rostro.

No es un caso aislado. En el segundo partido de Naomi Osaka, la juez de silla Marijana Veljovic tuvo que pedir silencio varias veces a los aficionados. No eran simples murmullos de grada: el murmullo digital ha entrado en el estadio.

Osaka, Pegula y Gauff marcan la línea

Las jugadoras han empezado a poner palabras a un malestar creciente. Naomi Osaka, dos veces campeona en Nueva York, fue directa al punto.

«Creo que, obviamente, si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte», dijo. «Siento que es de cortesía básica informarte un poco sobre el deporte, especialmente sobre la etiqueta».

La frase no iba contra las redes, sino contra la falta de códigos. Y no fue la única en elevar la voz.

La estadounidense Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, no escondió su incomodidad. Habló de «falta de respeto».

«Puedo apreciar que los influencers vengan y muestren la experiencia del US Open», explicó. «Pero creo que es difícil cuando ves vídeos en los que están haciéndose fotos y usando las luces de selfie. Abajo hay gente intentando rendir. Es su carrera y su trabajo. Parece un poco irrespetuoso».

El contraste es evidente: en la pista, tenistas jugándose puntos, rankings y premios millonarios; a pocos metros, alguien buscando el ángulo perfecto para un story.

Coco Gauff, número 4 del mundo, se situó en un punto intermedio: bienvenida la nueva audiencia, pero no a cualquier precio.

«Definitivamente creo que es genial tener un nuevo demográfico y que eso ayuda a hacer crecer el deporte», admitió. «Pero si te invitan a una alfombra roja, no irías en vaqueros. Creo que se trata de seguir la etiqueta del deporte».

La metáfora es clara: el tenis tiene su propio código de vestimenta… también en el comportamiento.

Un estadio más libre… y más ruidoso

El contexto no ayuda. En 2024, el US Open implantó una política de libre movimiento para los aficionados: ya no es obligatorio esperar a los cambios de lado para entrar o salir de los asientos. Una medida pensada para hacer la experiencia más dinámica y menos rígida.

El efecto colateral: más tránsito, más distracciones, más ruido.

Desde el primer partido de Osaka, la organización ha tenido que reforzar los mensajes en las pantallas del estadio, recordando a los espectadores que eviten cualquier actividad que pueda interrumpir el juego: niveles de ruido, fotografías con flash, uso de anillos de luz. La teoría está escrita. La práctica, de momento, va por detrás.

Influencers, sí… pero con cultura tenística

En medio del debate, también aparecen voces que piden calma y matices. Eliza Wastcoat, creadora de contenido especializada en la intersección entre tenis y moda, representa a esa nueva generación que quiere entrar en el circuito sin dinamitar sus normas.

Ex recogepelotas en Wimbledon, formada en la universidad de Lehigh y con experiencia en una agencia creativa, Wastcoat conoce los dos mundos.

«Hay un espacio en el tenis para que influencers y creadores de contenido sean bienvenidos y lleguen a nuevas audiencias», defendió. «Pero creo que hay maneras de hacerlo que incluyan a creadores que aprecian el deporte y su etiqueta, y a quienes son nuevos y están trayendo nuevos públicos».

Para ella, la responsabilidad es compartida.

«Creo que es responsabilidad tanto de las marcas, como de los torneos y de los propios individuos informarse un poco y entender la etiqueta del tipo de evento deportivo al que van», subrayó. «El tenis ha abierto de verdad sus puertas al cambio, pero en última instancia los jugadores necesitan silencio y la capacidad de concentrarse».

Su mensaje final encaja con lo que muchos sienten en el circuito: nadie quiere cerrar la puerta al futuro.

«Todos queremos que el tenis crezca, así que invitar a la gente y convertirlo en una experiencia completa es fantástico para el juego. Es una oportunidad para educar más a la gente sobre lo que es el tenis».

El equilibrio que busca la USTA

La United States Tennis Association se mueve ahora sobre una cuerda fina. Por un lado, quiere que los aficionados vivan una «experiencia increíble». Por otro, no puede permitir que esa experiencia se coma el propio partido.

En un comunicado, el organismo aseguró que sigue buscando fórmulas para que el público tenga claro qué está permitido y qué no dentro del estadio. No se trata solo de apagar flashes, sino de redefinir límites en un deporte históricamente asociado al silencio y al respeto casi litúrgico durante los puntos.

Wastcoat lo resumió como una curva de aprendizaje también para la USTA: ¿a quién se le da acreditación, a quién se le abre la puerta? «¿Cuál es el equilibrio entre cuántas credenciales o entradas damos a gente que es nueva y cuántas a creadores que conocen y aprecian el deporte? Se trata de encontrar ese equilibrio», planteó.

El dato que lo explica todo: «Experiencias como esta muestran que el tenis está aumentando en popularidad, así que al final más gente va a formar parte de él. Hay más oportunidades con marcas que nunca y espero que eso continúe».

El US Open siempre ha sido escaparate de estrellas, desde celebridades de Hollywood hasta presidentes de Estados Unidos, con palcos que cuestan miles de dólares. Ahora, esa alfombra azul se comparte con influencers que llegan con otro tipo de poder: el de la audiencia digital.

El torneo ha abierto las puertas. La pregunta es si conseguirá que, cuando la pelota vuela, lo único que se escuche sea lo de siempre: el golpe limpio de la raqueta y, después, el rugido contenido de un estadio que sabe cuándo hablar… y cuándo callar.