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Wasim acusa a Imam-ul-Haq de fingir lesiones en la debacle de Pakistán

En un Lord's cargado de historia y ahora también de polémica, Pakistán no solo se derrumbó con el bate. También estalló una bomba fuera del campo. El exseleccionador jefe Mohammad Wasim acusó públicamente a Imam-ul-Haq de “fingir” lesiones, justo cuando el opener lidia con un nuevo problema físico y su equipo se hunde en la serie ante Inglaterra.

La acusación llega en el peor momento posible para Imam y para una selección ya bajo fuego cruzado.

La lesión en Lord's y el parte médico

El zurdo se lesionó el gemelo izquierdo mientras estaba en el campo durante la jornada inaugural del segundo Test en Lord's. Se marchó durante la sesión vespertina del jueves y no volvió a aparecer. Horas después, el Pakistan Cricket Board emitió un comunicado claro: las pruebas habían detectado una distensión leve en el gemelo y el jugador quedaba bajo supervisión del cuerpo médico.

El informe fue tajante: se trataba de una lesión de bajo grado, con su participación en el resto del Test supeditada a la evolución del tratamiento.

Imam había abierto la serie junto al joven Azan Awais en el primer Test en Leeds, un encuentro que Pakistán perdió con estrépito, por una entrada y dentro de solo tres días. Su ausencia en Lord's privó al equipo de uno de sus bateadores más experimentados en la parte alta del orden, un golpe duro en un contexto ya frágil para los visitantes.

La bomba de Wasim: “Me avisaron que la iba a fingir”

En medio de ese escenario, con el equipo tambaleándose, Wasim decidió ir a por el nombre propio. El exseleccionador sacó a relucir un episodio de 2022 para cuestionar la integridad física —y profesional— de Imam.

“En el Test de Multan en 2022, el fisio me advirtió de antemano que iba a fingir una lesión pronto. Y lo hizo”, declaró Wasim.

Sin documentos, sin partes médicos ni testigos conocidos, solo el recuerdo de una conversación privada. Pero el dardo quedó lanzado: una insinuación de patrón, de uso recurrente de molestias físicas para evitar jugar.

El contexto hace que la frase pese más. Imam está fuera por una lesión confirmada por escáneres, el equipo está bajo presión y el debate sobre el carácter y la dureza de los jugadores pakistaníes vuelve a encenderse.

Un colapso que agrava todo: 110 y un abismo ante Inglaterra

Mientras se discutía la lesión, el marcador en Lord's ofrecía su propio veredicto. Pakistán no perdió solo a un opener; perdió el control del partido con una actuación con el bate que rozó el desastre.

Inglaterra los derribó por apenas 110 carreras. Un derrumbe que regaló a los locales una ventaja de 180 en la primera entrada, abrumadora en condiciones de Test clásico en Londres.

Ollie Robinson lideró la masacre con cifras demoledoras: 4 wickets por 11 carreras en 13 overs, seis de ellos en blanco. Jofra Archer añadió 3 por 26 en 11.2 overs. Josh Tongue sumó dos más. Solo Gus Atkinson se marchó sin premio en el apartado de wickets.

La entrada pakistaní duró 37.2 overs. Poco más que un suspiro, y eso después de que Inglaterra hubiera sido eliminada por 290. Al cierre del segundo día, el daño ya era casi irreparable: Inglaterra se situó en 81 por 3 en su segunda entrada, llevando la ventaja total hasta 261 antes de que la luz deficiente detuviera la jornada.

El problema, a ojos de cualquiera, no estaba en un gemelo. Estaba en el bate.

Timing, pruebas y una reputación en juego

La acusación de Wasim no es menor. Señalar a un internacional en activo por fingir lesiones, sin aportar nada más que una anécdota, golpea directamente la reputación del jugador y, de rebote, la del propio sistema.

Plantear dudas sobre la gestión física de los jugadores puede ser legítimo, incluso necesario, cuando se detectan patrones preocupantes. Un exseleccionador tiene autoridad para abrir ese debate. Pero el momento y la forma importan.

Hacerlo en plena serie, cuando el jugador está en tratamiento por una lesión confirmada por imágenes, proyecta otra cosa: suena más a ajuste de cuentas, o a desvío de atención, que a una reflexión estructurada sobre el estado del cricket pakistaní.

Además, lanzar acusaciones sin respaldo tangible erosiona dos frentes a la vez. Por un lado, la credibilidad del propio Wasim. Por otro, la imagen de Imam, que queda atrapado entre un parte médico oficial y una sospecha pública difícil de limpiar, incluso si no hay nada detrás.

Un ruido que tapa los verdaderos problemas

Pakistán ya tiene suficiente con lo que ocurre entre las 22 yardas: una alineación frágil, técnicas expuestas en condiciones exigentes, confianza por los suelos y una gestión del equipo que no termina de ofrecer estabilidad.

En lugar de centrar el foco en el colapso de 110 carreras, en la incapacidad para sostener una entrada, en la diferencia de disciplina y paciencia con el bate respecto a Inglaterra, la conversación se desplaza hacia una acusación personal sin pruebas visibles.

Es el tipo de ruido que el cricket pakistaní conoce demasiado bien. Y que rara vez ayuda a resolver nada.

Si Wasim dispone de evidencias concretas sobre un patrón de fingir lesiones, el camino lógico es otro: un proceso formal, interno, con capacidad real de corregir comportamientos. No una frase lanzada al viento en una entrevista, en plena serie, mientras el equipo se tambalea.

Porque mientras las palabras vuelan, el marcador en Lord's no miente. Y la verdadera pregunta para Pakistán no es si un opener fingió una lesión hace dos años, sino cuántas veces más puede permitirse colapsos como el de 110 antes de que la crisis deje de ser coyuntural y se convierta en su nueva normalidad.