Yorkshire derrota a Somerset y agita la lucha por el título
Headingley echó el candado al verano con los dedos helados, los guardias con guantes y el público arropado en chaquetas. En el campo, en cambio, ardía la última gran hoguera de la temporada. Yorkshire despidió el año en casa con una victoria demoledora ante Somerset por 185 carreras, una actuación que agitó la pelea por el título y dejó a los visitantes con la obligación de ganarlo casi todo en la última jornada.
El protagonista tiene nombre y apellido: Ben Cliff. Once wickets en el partido, la bola en alto, los aplausos de todo Headingley y la sensación de que algo serio acaba de nacer. Un “local lad” convertido en corazón de ataque, piernas bombeando, confianza a borbotones. Un rompealmas, como se vio en la mañana final.
La última escena fue brutal en su sencillez: Matt Revis destroza los stumps de Jake Ball, 101 all out Somerset, manos estrechadas, abrazos, y Cliff encabezando la retirada entre ovaciones, saludando a su familia. La sidra, metafóricamente, derramada por el suelo.
El día de Cliff, Hill y Bess
La base del triunfo se construyó antes, en frío. George Hill y Dom Bess habían tejido en la víspera una asociación de séptimo wicket de 166 carreras que cambió el tono del partido y, quizá, algo más en el vestuario de Yorkshire. Paciencia descarada, carácter, y la certeza de que Somerset iba a tener que sudar cada carrera.
Hill, con su mejor marca de la temporada (89), cayó con un top-edge de pull hacia Craig Overton, que incluso se tomó el tiempo de perseguirle hasta la cuerda para felicitarle. Bess, ex de Somerset y futuro protagonista del discurso de boda de Tom Abell el mes que viene, añadió 77 fundamentales antes de marcharse. Con 275 en la segunda entrada, el objetivo para Somerset quedó fijado en 287. Difícil, pero no imposible.
La respuesta se hundió desde la primera página. Josh Thomas cayó atrapado detrás en el primer over. Luego, una cascada lenta pero implacable. Cliff, con esa zancada larga desde el Howard Stand End, y Ben Coad desde el Kirkstall Lane End, encadenaron maidens, falsos golpes y miradas al cielo. Somerset intentó la vía conservadora: apenas dos carreras en los primeros compases de la mañana, “application, application, application”. No bastó.
Tom Lammonby pescó fuera y dejó su edge en las manos de Jonny Bairstow; un noveno wicket en el partido para Cliff en ese momento. Tom Abell, en su elegante jersey de manga corta, vio cómo un balón que se levantó de la nada rebotaba en la parte alta del bate y terminaba en manos de Will Luxton en point. James Rew, presionado, forzó un drive desde la nada y acabó cazado en slip. Lewis Gregory, lbw sin concesiones sentimentales de Richard Kettleborough. Overton, fuera con un edge detrás. Pretorius, inmóvil, como un perro asustado, tras tocar ligeramente una pelota de George Hill.
Somerset pasó de la esperanza al colapso: 73-3, luego 76-4, 76-5, 79-6, 87-7, 88-8, 92-9 y, por fin, 101 all out. El sueño de título, ahora, queda colgado de un hilo: llegarán a la última jornada 11 puntos por detrás de Warwickshire. Y con la obligación de “beat Surrey”, como admitía después Jason Kerr, serio, dolido, pero realista: Yorkshire jugó mejor al cricket.
Bairstow, contrato y pasión; McGrath mira a 2025
Mientras el marcador se apagaba, quedaban ecos de futuro. Jonny Bairstow, recién renovado por tres años, celebró cada wicket como si fuera una final. Anthony McGrath lo subrayó: necesita más runs, sí, pero la pasión detrás de los stumps fue el motor invisible de la jornada. Yorkshire quiere verle de blanco la próxima temporada. Él, por actitud, también.
McGrath, en una larga charla postpartido, fue claro: la prioridad para 2025 es el bateo. “Dejamos muchos runs en el camino al inicio del año, el lower order nos ha sacado de apuros demasiadas veces”. El club ya asume que buscará un bateador extranjero para la próxima campaña. Pero el tono general era otro: terminar bien, agarrar la inercia y llevarla hasta abril. Y con actuaciones como la de Cliff, la idea deja de sonar a tópico.
Ben Cliff, precisamente, se ganó elogios de todos los ángulos. Trabajo duro, talento local, once wickets, confianza. “Esto es el inicio, no puede ser un one off”, fue el mensaje interno. Como detalle, Troy Cooley estuvo en la grada de Headingley, observando. No pasó desapercibido.
Warwickshire respira; Sussex tumba al campeón
Mientras Headingley se preparaba para cerrar por invierno —la plantilla de Yorkshire saliendo a aplaudir a la afición, las banderas de Somerset plegadas y guardadas en una bolsa de Sainsbury’s— el resto del país vivía su propio carrusel.
En Chelmsford, Warwickshire dio un golpe de autoridad: 191 y 138-2 para vencer a Essex (134 y 189) por ocho wickets. Un resultado enorme en la lucha por el título, que se volvió aún más significativo unas horas después en Hove.
Allí, Sussex firmó una victoria que parecía sacada de un mundo al revés. 358 y 76-3 para superar a Nottinghamshire (240 y 193) por siete wickets. El campeón reinante, de rodillas, rematado por un Sussex que había recurrido a Ari Karvelas, profesor y pacer, para encender la mecha. Cinco wickets para Karvelas en la segunda entrada, una “dreamy” racha de 24 horas, con Hutton cazado en slip como una de las joyas del día. Jaydev Unadkat completó el destrozo del top order. Notts apenas pudo dejar 31 de ventaja con tres wickets en mano antes del desenlace.
La presión, al final, fue demasiado. Sussex necesitaba 76. Hubo un momento de tensión —14-2, con Olly Stone rascando el suelo como un pura sangre—, pero el chase se enderezó y cerró el partido, 76-3, dejando a Nottinghamshire tambaleante y a Warwickshire, de repente, dueño de su propio destino.
Leicestershire, el biopic de Ganguly y un rescate desesperado
En Grace Road, el cricket se mezcló con el cine. Leicestershire, castigado con una sanción de 27 puntos por el Cricket Regulator, se vio en los titulares internacionales cuando su jefe de terreno atribuyó parte de los problemas de pitch al rodaje de un biopic de Sourav Ganguly, “Dada”, con Rajkummar Rao, en el propio estadio.
La película dejó huella, pero lo verdaderamente dramático estaba en el marcador: un duelo directo por la supervivencia con Hampshire. El cálculo era brutal: un empate descendía a ambos; solo una victoria mantenía con vida, al menos matemáticamente, a uno de los dos para la última jornada.
Leicestershire apretó los dientes y tiró de orgullo. Los últimos seis wickets de Hampshire cayeron por apenas 80 carreras. Con 334 como objetivo, el equipo local llegó a 156-3 al final del día clave, aunque sin Rehan Ahmed, cuya entrada de 55 con ocho fours había levantado al público. Rishi Patel, en su despedida de Grace Road antes de marcharse a Southampton, añadió 27. El final se escribió poco después: 244 y 267-4 para Leicestershire, 214 y 363 para Hampshire. Leics ganó y necesitó 67 en el último tramo, que remató con Kelly y Cox sumando 122 para dejar la salvación, al menos, en el terreno de lo posible.
Glamorgan resiste, Surrey roza la épica
En The Oval, el guion parecía de epopeya imposible. Glamorgan había levantado 594 en su segunda entrada, dejando a Surrey un objetivo de 594 en total tras su 115 inicial. Una montaña. Y, sin embargo, el campeón de la liga pasada se lanzó a por ella.
Cuando Patel alcanzó su centenar —terminó con 132— y fue acompañado por Dan Lawrence tras el 75 de Pope, el sueño tomó forma. Surrey llegó a 240-3, luego 291-4, y el murmullo en el sur de Londres se convirtió en auténtico rumor de hazaña. Al final, el esfuerzo se quedó corto: 115 y 328-6, necesitaban 321 para ganar cuando la resistencia se quebró. Glamorgan se marchó con la satisfacción de haber frenado una de las persecuciones más descabelladas que se recuerdan en la temporada.
Kent despierta, Northants persigue, Lancashire se hunde
En Division Two, Canterbury fue escenario de una resurrección. Kent, con 214 y 142-3, tumbó a Lancashire (161 y 192) por siete wickets y se colocó en una posición privilegiada para el ascenso. Ocho derrotas en diez partidos para Lancashire, un dato que por sí solo cuenta la historia de un año para olvidar.
Northamptonshire, su gran rival por la promoción, se vio atascado por la resistencia de Derbyshire. Potts (57) y Randell (45) estiraron la segunda entrada hasta 286, dejando a Northants la tarea de perseguir 312. Terminaron el día en 37-0, y más tarde se situaron en 152-0, con 197 aún por delante. El margen es ajustado, pero la puerta del ascenso sigue abierta.
En Chester-le-Street, Durham y Worcestershire se enzarzaron en un pulso de altas anotaciones: 465 y 235 para Durham, 448 y 31-1 para Worcestershire, que necesita 222 para ganar. En Bristol, Middlesex manejó con firmeza a Gloucestershire: 326 y 361 contra 296 y 77-6, dejando a los locales a 315 de un objetivo que parece fuera de su alcance.
Un inspector de pitches, un contrato verde y un invierno lleno de preguntas
Entre wicket y wicket, la jornada dejó pequeñas escenas que dicen mucho del estado del juego. El pitch inspector Andy Mackay apareció primero en Headingley, luego en Hove, lanzando pelotas, observando rebotes irregulares, tomando notas mentales. En Hove, la superficie generó debate; en Leeds, Jason Kerr no se mordió la lengua al señalar “una cantidad ridícula de vida en la superficie para un día cuatro”.
Yorkshire, mientras tanto, miró más allá del marcador y anunció un acuerdo con Urban Chain, empresa de energía renovable que suministrará electricidad a Headingley a partir del nuevo año. La idea: conectar el estadio con generadores renovables, cada vez más dentro de las fronteras de Yorkshire, enmarcado en una estrategia más amplia de sostenibilidad que ya ha empezado con encuestas a los socios sobre sus desplazamientos al campo.
Cuando el sol, por fin, se abrió paso entre las nubes, Somerset ya se había refugiado en el vestuario. Solo Matt Revis, en blanco, permanecía en el medio del campo, repasando su run-up. La imagen resumía el día: un equipo que había sabido sufrir y golpear, otro que se marchaba con el título en entredicho.
Warwickshire observa desde lo alto. Somerset se aferra a la última jornada. Notts cojea. Sussex se reinventa. Northants corre detrás de Kent. Y Yorkshire, con un joven llamado Ben Cliff y un grupo que se promete a sí mismo “llevar el impulso hasta abril”, deja una pregunta flotando en el aire frío de Headingley:
¿y si este invierno marca el inicio de algo mucho más grande en el norte?






