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Zheng Qinwen: La jugadora que desafía la superstición del 5-0 en el US Open

En este US Open hay una norma no escrita que ya roza la superstición: no te pongas 5-0 arriba contra Zheng Qinwen. Es el marcador más peligroso del torneo. Madison Keys lo descubrió primero. Iga Swiatek, dos días después, lo sufrió con más ruido y más consecuencias.

La campeona olímpica china volvió a firmar una remontada imposible, esta vez ante una seis veces campeona de Grand Slam, para meterse en los cuartos de final de Nueva York con un 7-5, 6-3 que pesa como una declaración de intenciones.

De 0-5 a 7-5: el set que cambió todo

El precedente ya era insólito. En tercera ronda, Zheng había levantado un 0-5 en el set decisivo ante Madison Keys, ex campeona del Australian Open, encadenando siete juegos consecutivos. Una rareza estadística a nivel élite.

Repetirlo en el siguiente partido sonaba directamente a ciencia ficción.

Swiatek, campeona en Canadá hace unas semanas y una de las grandes favoritas al título, arrancó como se esperaba: dominante, profunda, mandando con el drive y abriendo pista con la derecha cruzada. En un suspiro estaba 5-0 arriba en el primer set, con el control total del ritmo y del marcador.

Y entonces, el partido dio un giro seco.

Zheng ajustó la mira, apretó con el resto y empezó a limpiar errores. Punto a punto, sin mirar demasiado el luminoso. Lo explicó después con una frase que retrata su estado mental: en el 4-5 llegó a “olvidar el marcador”, señal de que solo estaba metida en la siguiente bola. No hubo suerte, hubo convicción. Siete juegos seguidos, de nuevo, y un 7-5 que dejó a Swiatek descolocada y al estadio en shock.

Nunca antes una jugadora había ganado siete juegos consecutivos desde 0-5 abajo en sets consecutivos ante dos campeonas de Grand Slam distintas. Zheng lo ha hecho en 48 horas.

Swiatek se desordena, Zheng se libera

La dinámica del encuentro cambió por completo tras ese primer set. Swiatek, que venía hablando de ansiedad y estrés en los últimos meses, no encontró respuestas desde el juego. No fue una implosión mental explícita; fueron los fallos en bolas sencillas, golpes que normalmente automatiza y que esta vez se le escapaban por centímetros.

Ella misma lo reconoció: no fue tanto una cuestión de cabeza como de ejecución. Dejó de sentir la pelota, justo cuando Zheng empezó a golpear con una claridad brutal, reduciendo sus errores al mínimo.

La polaca, que parecía encaminada a recuperar el aura de jugadora intratable de su generación, vio cómo su tenis se deshilachaba en errores no forzados. Zheng, en cambio, olió sangre y no aflojó. El 6-3 del segundo set tuvo menos épica, pero la misma contundencia: una jugadora crecía, la otra se encogía.

De la cirugía al abismo… y vuelta a la élite

Para Zheng, este triunfo va mucho más allá de un pase a cuartos. Es un punto de inflexión en una carrera que en los últimos meses había entrado en una curva muy peligrosa.

En 2024 lo tocó casi todo: final del Australian Open, oro olímpico en Roland Garros y un ranking que la llevó al número 4 del mundo. En China se convirtió en una figura nacional de primer nivel. Pero la operación de codo lo cambió todo. Perdió ritmo, perdió confianza, perdió puntos. Hasta caer al puesto 160 en junio.

Su balance de 2026 antes de llegar a Nueva York era un discreto 11-13. Para entrar en el cuadro principal del US Open tuvo que tragarse el orgullo y bajar a la fase previa. Tres partidos de clasificación, cuatro más en el cuadro. Siete victorias en la ciudad que no perdona la debilidad.

Hoy vuelve a parecer una candidata real al título. No solo por el resultado, sino por la manera de construirlo: derrotando por segunda vez en su carrera a Swiatek, después de haberla frenado ya en las semifinales de los Juegos de París, justo cuando la polaca venía de encadenar su tercer Roland Garros seguido.

Rybakina impone jerarquía; Osaka no llega

En cuartos le espera Elena Rybakina, segunda cabeza de serie, que se ha colocado a una sola victoria del número 1 del mundo tras despachar con autoridad a Naomi Osaka: 6-1, 6-4 en apenas 66 minutos en el Louis Armstrong Stadium.

Rybakina jugó como una aspirante seria al trono: 29 golpes ganadores, solo 17 errores no forzados y una única bola de break en contra, que además salvó. Osaka necesitaba su techo competitivo para aguantar ese ritmo. No lo tuvo. Las molestias en el tendón de Aquiles le lastraron la movilidad y el servicio, su gran arma, nunca apareció con la consistencia necesaria para discutir el partido.

El duelo entre la potencia lineal y fría de Rybakina y la resiliencia feroz de Zheng se perfila como uno de los choques más cargados de narrativa de estos cuartos de final.

Andreeva sigue creciendo; Blockx se estrena

En el otro gran titular del cuadro femenino, la quinta cabeza de serie y campeona de Roland Garros, Mirra Andreeva, firmó su primera presencia en cuartos de final en Flushing Meadows. Lo hizo con una victoria trabajada ante Anastasia Potapova: 5-7, 6-4, 6-3. Un partido áspero, de intercambios largos y mucho desgaste, que la rusa resolvió con la madurez de una jugadora mucho más veterana de lo que indica su edad.

En el cuadro masculino, Alexander Blockx, cabeza de serie número 28, vivió su propia noche de estreno. Superó al 24º preclasificado, Francisco Cerúndolo, por 6-3, 4-6, 7-5, 7-5 y se metió por primera vez en su carrera en los cuartos de final de un Grand Slam. Un paso enorme en un torneo que suele separar promesas de realidades.

Mientras el US Open avanza hacia su tramo decisivo, una cosa ya está clara: si alguien vuelve a verse 5-0 arriba contra Zheng Qinwen, el verdadero problema quizá no sea el marcador, sino lo que empieza a pasar por su cabeza.