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Ben Shelton avanza a la final del US Open tras vencer a Tiafoe

NUEVA YORK — Ben Shelton no solo ganó un duelo. Golpeó la puerta de la historia a raquetazos.

El zurdo de 23 años se impuso a Frances Tiafoe por 4-6, 6-3, 6-3, 7-5 en las semifinales del US Open, en un choque eléctrico entre dos referentes del tenis estadounidense que convirtió la Arthur Ashe Stadium en un hervidero. Con esta victoria, Shelton se mete en la final y se coloca a un paso de romper una sequía que pesa: ningún tenista estadounidense ha levantado un título de Grand Slam desde Andy Roddick en 2003, también en Flushing Meadows.

Una noche cargada de memoria y tensión

El partido se jugó bajo un telón de fondo especial. En una jornada marcada por homenajes a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre, 25 años después, Shelton —nacido en Georgia y criado en Florida— y Tiafoe —de Maryland— ofrecieron a los 24.000 aficionados un espectáculo a la altura del escenario y del contexto: puntos brillantes, intercambios feroces, errores inesperados, nervios a flor de piel.

No fue un duelo pulcro. Fue humano. Y por eso mismo, magnético.

Shelton se convierte en el primer tenista negro estadounidense que alcanza la final individual del US Open desde Arthur Ashe en 1972, y el primero en llegar a una final de Grand Slam desde MaliVai Washington en Wimbledon 1996. Un salto generacional enorme, comprimido en una noche.

El desenlace, curiosamente, llegó sin el gesto que se ha convertido en sello de Shelton: no hubo la celebración del “teléfono” tras la bola de partido. El encuentro terminó con una doble falta de Tiafoe a la red, tras 3 horas y 17 minutos de batalla. Shelton apenas levantó los brazos. La carga del momento hablaba por sí sola.

En la entrevista a pie de pista, Shelton no dudó en mirar primero al rival: “Primero, sobre Foe, es como un hermano mayor para mí, siendo honesto. Cada vez que podemos compartir esta pista, Arthur Ashe, y jugar el uno contra el otro es súper especial. Este es el lugar donde queremos estar al final de este torneo. Es nuestro torneo favorito en el mundo, nuestra pista favorita en el mundo. Y poder encender esto delante de ustedes es la mejor sensación que existe”.

El partido: del dominio de Tiafoe al golpe de Shelton

El inicio pareció darle la razón a la experiencia de Tiafoe. Shelton abrió con un saque directo, pero las opciones de rotura se hicieron esperar. Todo se comprimió en el noveno juego del primer set. Allí, Tiafoe olió sangre: encadenó tres puntos seguidos tras dos errores de revés y una doble falta de Shelton para lograr el break. Después cerró el parcial con un juego de servicio impecable. 6-4 y aviso al joven aspirante.

Shelton respondió como lo hacen los jugadores que creen que el escenario les pertenece. Ajustó la mira, afiló su zurda y empezó a desatar un vendaval de saques por encima de las 150 millas por hora. Llegaron los puntos rápidos, llegaron los 20 aces, llegó la sensación de que cada turno de servicio suyo era una colina casi imposible de escalar para Tiafoe.

El segundo set se le escapó al jugador de Maryland, y el tercero se convirtió en un pulso mental. El último juego de ese parcial fue una pequeña guerra dentro de la guerra: más de 15 minutos, varias oportunidades desperdiciadas, la tensión subiendo a cada intercambio. Shelton necesitó cuatro bolas de set para cerrarlo, y lo hizo cuando una volea de derecha de Tiafoe se estrelló en la red. El estadio rugió. El partido había cambiado de dueño.

En el cuarto, Tiafoe se negó a desaparecer. Se agarró a la línea de fondo, buscó variantes, trató de alargar los intercambios y de castigar el revés de Shelton. Pero la presión acabó inclinando la pista. Con el marcador 6-5, el número 8 del cuadro dio el último golpe. Y la doble falta final de Tiafoe selló una noche que, para Shelton, ya tiene sabor a punto de inflexión.

De la madrugada épica a la gran cita

Lo más llamativo es que, pese a la intensidad del duelo, ambos llegaban con gasolina después de sobrevivir a maratones en cuartos de final. Shelton había derrotado al segundo cabeza de serie, Carlos Alcaraz, en cinco sets en un partido que terminó a las 3:33 de la madrugada del miércoles. Tiafoe, por su parte, había remontado dos sets en contra ante Alex Michelsen horas antes.

Lejos de arrastrar las piernas, los dos se presentaron frescos, con energía, dispuestos a vaciarse otra vez. El que encontró mejor la forma de administrar esos esfuerzos acumulados fue Shelton, que supo golpear en los momentos justos y proteger su saque cuando el partido pedía calma.

Su recompensa no es solo la final. Con este resultado, el estadounidense escalará al número 4 del ranking, la mejor clasificación de su carrera. Tiafoe también saldrá reforzado: su campaña en Nueva York le llevará al número 8 del mundo, otro techo personal.

Zverev, la última muralla

El domingo, en la final del 13 de septiembre, le espera el máximo favorito: Alexander Zverev, número 1 del cuadro, que derrotó a Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (7), 7-6 (6). El alemán representa el último obstáculo entre Shelton y un título que Estados Unidos lleva más de veinte años esperando.

La historia, eso sí, no juega a favor del local. Shelton nunca ha vencido a Zverev en cinco enfrentamientos. La última vez que se cruzaron, en las ATP Finals de noviembre, el alemán se impuso en sets corridos. Otra racha que el zurdo de Florida quiere romper.

Shelton ya ha demostrado que no se asusta ante escenarios extremos, ni ante rivales de jerarquía. Ha sobrevivido a madrugadas imposibles, ha doblegado a Alcaraz, ha tumbado a Tiafoe en la pista que lleva el nombre de Arthur Ashe, el hombre al que ahora iguala en un logro histórico.

Queda un partido. Una noche más bajo las luces de Nueva York. Y una pregunta que flotará en el aire de la Arthur Ashe: ¿será este el día en que el tenis masculino estadounidense, por fin, despierte de su larga espera?