Ben Shelton a un paso de la historia del tenis estadounidense
Ben Shelton está a un solo triunfo de romper una sequía que pesa como plomo sobre el tenis masculino estadounidense: ningún hombre de Estados Unidos levanta un título de Grand Slam desde Andy Roddick en 2003. El escenario es perfecto, el domingo en la final del US Open. El problema tiene nombre y apellido: Alexander Zverev.
Un muro llamado Zverev
Los números son contundentes. Shelton llega a la final con un 0-5 en el cara a cara ante el alemán. Cinco partidos, cinco derrotas desde que se cruzaron por primera vez en el Masters 1000 de Cincinnati en 2024. Desde aquel estreno, la serie se ha vuelto una pesadilla repetida para el zurdo: todas las derrotas posteriores han sido en sets corridos.
Zverev lo ha sometido en los grandes escenarios: lo eliminó en las Nitto ATP Finals del año pasado, volvió a imponerse en Cincinnati y también lo frenó en Stuttgart y en Múnich, donde el estadounidense cayó en la final del torneo. Cada intento ha terminado igual: Shelton sin respuestas suficientes ante el peso, la solidez y la experiencia del alemán.
Más inquietante aún para el estadounidense: en pista dura, la superficie del US Open, el balance es 0-3. Solo uno de esos duelos llegó a un tercer set. El resto, dominio seco de Zverev. Frío, clínico, sin concesiones.
Y, sin embargo, Shelton sigue ahí. A un partido del título.
El precedente Alcaraz, el rayo de esperanza
Hay un dato que le permite aferrarse a algo más que a la ilusión. Antes de su duelo de cuartos de final esta misma semana, Shelton también arrastraba un 0-3 ante Carlos Alcaraz, vigente campeón del US Open. No había logrado descifrar al español. Hasta que lo hizo.
En uno de los triunfos más resonantes de su corta carrera, Shelton derribó al número uno del cuadro y firmó su primera victoria ante un jugador del top 3. Lo que era una estadística en su contra se convirtió en combustible. Demostró que el pasado no dicta sentencia cuando el tenis aparece en el momento justo.
El reto ante Zverev es incluso más duro por la tendencia del duelo directo, pero Shelton llega con la confianza de quien ya ha desmontado un pronóstico adverso en este mismo torneo. Sabe que el libreto está escrito a favor del alemán. También sabe que ya rompió uno hace apenas unos días.
Una final sin su talismán
El domingo, sin embargo, puede faltarle algo más que un buen servicio o una derecha afilada. Puede faltarle su talismán.
Trinity Rodman, delantera del Washington Spirit, difícilmente estará en las gradas de Nueva York. Su equipo visita a Boston Legacy FC el mismo domingo, con el partido de la NWSL programado a la 1 p. m. hora local en Boston. En Nueva York, la final del US Open está fijada para las 2 p. m.
Salvo que Rodman falte a su compromiso profesional, el cruce de horarios hace prácticamente imposible que esté presente en el Arthur Ashe Stadium para acompañar a Shelton en el partido más grande de su vida hasta ahora.
No es un detalle menor. Rodman ha sido una presencia constante en la explosión de Shelton durante 2026, una temporada en la que el estadounidense ha levantado cuatro títulos ATP: Montreal, Stuttgart, Múnich y Dallas. Tras su triunfo en Stuttgart, el propio Shelton le agradeció públicamente haberlo acompañado alrededor del mundo, incluso en torneos donde casi nunca se ven parejas o familiares en las gradas.
Esta vez, salvo milagro logístico, tendrá que jugar sin ella en la tribuna. Sin su “amuleto”. Solo con su tenis, su carácter y el rugido del público neoyorquino.
Un camino de emoción y memoria
Shelton aterriza en la final tras una semifinal cargada de tensión y emoción ante Frances Tiafoe, otro estandarte del tenis estadounidense. Perdió el primer set 4-6, pero reaccionó con autoridad: 6-3, 6-3, 7-5 para sellar su pase a su primera final de Grand Slam.
Al terminar, sonreía de oreja a oreja, pero sus palabras iban mucho más allá del resultado. Recordó los sacrificios de sus padres y, sobre todo, el golpe que marcó a su familia este año: la muerte de su abuela, madre de su padre, la persona que impulsó a su progenitor a jugar al tenis. Shelton dejó claro que sin ella, él no estaría ahí. Dedicó el triunfo a su memoria. El tenis como legado familiar, como hilo que une generaciones.
También miró hacia las gradas y hacia la historia del país. En el 25.º aniversario del 11 de septiembre, el estadounidense aprovechó el micrófono para dedicar un mensaje a las víctimas y a sus familias. Reconoció el peso del día, el simbolismo de jugar en una ciudad marcada para siempre por la tragedia, y envió sus pensamientos y oraciones a quienes siguen afectados. Un gesto sencillo, pero potente, en una noche en la que el deporte y la memoria se cruzaron en la pista central de uno de los escenarios más grandes del mundo.
Un duelo contra la historia
Ahora le espera Zverev. Un rival que lo ha dominado, una estadística que lo aplasta y un contexto que no le da respiro. Shelton carga con la presión de un país que lleva más de dos décadas esperando a su próximo campeón masculino de Grand Slam. También con la energía de un público que ya lo ha adoptado como uno de los suyos.
El libreto dice que el alemán es favorito. El historial lo respalda. La lógica también.
Pero Shelton ya demostró esta semana que no siempre gana la lógica. Y el domingo, en Nueva York, no juega solo contra Zverev: juega contra 23 años de espera. ¿Será suficiente su tenis, su carácter y el ruido del Ashe para romper el hechizo?






