Crisis del bateo en Pakistán: un hombre supera a toda una selección
La crisis del bateo paquistaní ha dejado de ser un simple bache para convertirse en una estadística incómoda, casi humillante. Tras tres Tests de la serie en Inglaterra, todo el equipo de Pakistán suma 743 carreras. Shubman Gill, él solo, hizo 754 en la serie de cinco Tests que India jugó en estas mismas condiciones el año pasado. Un hombre contra una nación histórica. Y de momento, gana el hombre.
Shubman Gill cerró aquella gira con 754 carreras y se consolidó como una de las grandes figuras del verano inglés.
Pakistán, en cambio, ha necesitado dos Tests completos y una entrada del tercero, en Edgbaston, para rozar –sin alcanzarlo aún– ese número. El último golpe llegó el miércoles: todos al vestuario por apenas 133 carreras. A 11 de Gill. A años luz de lo que se espera de un equipo de Test.
Sacudida en los despachos, mismo derrumbe en el césped
El hundimiento llega en el momento más convulso posible para el cricket paquistaní. Tras las derrotas en Headingley y Lord's, la Pakistan Cricket Board decidió apretar el botón rojo. Siete jugadores fuera de la convocatoria, cuerpo técnico destituido, intento de revolución exprés para rescatar una serie que se les escapa entre los dedos.
Nada de eso se notó en Birmingham.
En el sorteo, Babar Azam quiso transmitir calma. Preguntado por lo duro que había sido liderar en medio de semejante tormenta, respondió con firmeza que no lo veía complicado, que los cambios daban “una buena oportunidad a los nuevos chicos” y que el equipo intentaría “hacer lo mejor” en este Test. Las palabras sonaban razonables. El primer turno de bateo las dejó desnudas.
Otro colapso en la parte alta
Inglaterra mandó a batear a Pakistán. Y el viejo guion se repitió, casi punto por punto.
Ollie Robinson abrió la herida de inmediato: Saim Ayub, de vuelta al once, lbw por cero. Wicket número 100 en Tests para el seamer inglés, celebración mínima, gesto serio. Había más trabajo por delante.
Jofra Archer se encargó del debutante Azan Awais. Abdullah Shafique, que debía ser uno de los pilares del orden alto, también cayó ante Robinson. La sensación de fragilidad se instaló rápido. Demasiado rápido para un equipo que ya jugaba contra sus propios fantasmas.
Shan Masood, capitán en otras etapas y ahora referencia en el medio, se marchó con un golpe que resumió el momento: atrapado en mid-wicket frente a Archer tras un nuevo golpe cruzado mal ejecutado. Una elección de tiro que hablaba más de ansiedad que de convicción.
Entonces fue Josh Tongue quien tomó el relevo y terminó de desarmar la entrada. Primero Babar Azam, el capitán, después los debutantes Ghazi Ghori e Imran Randhawa, todos antes del almuerzo. Tres nombres nuevos, mismo final: caminando hacia el vestuario antes de poder asentarse.
Razaullah Khan cayó por 11 ya en la sesión de la tarde. Solo quedaba una figura en pie con algo de resistencia real: Saud Shakeel.
Saud Shakeel, la única resistencia en un naufragio
Shakeel, que ya había firmado un combativo 97 en la derrota en Lord's, volvió a ser el único que pareció entender el ritmo y la exigencia del cricket de Test en Inglaterra. Volvió a construir, volvió a pelear. Esta vez se quedó en 43, tope de la entrada, antes de que Tongue le sorprendiera con una inswinger que se coló y lo mandó de vuelta.
No fue solo la cifra final de 133. Fue la manera. Fue la repetición del patrón.
Archer cerró con 3-25, Robinson con 3-15 en 11 overs, Tongue con 4-42. Tres pacers, una misma lectura: el plan funcionaba, la ejecución también, y Pakistán no encontraba respuesta ni técnica ni mental.
Inglaterra pisa el acelerador
Con 133 en el marcador rival, Inglaterra olió sangre. No fue un paseo, pero sí una consolidación de dominio.
Mohammad Ali logró quitarse pronto a Ben Duckett, eliminado por 11. Mohammad Abbas redujo aún más el entusiasmo local con la salida de Jordan Cox por 4. Dos golpes rápidos, un atisbo de esperanza para los visitantes.
Ahí apareció la calma inglesa.
Emilio Gay y Harry Brook asumieron el control y firmaron medio siglos que cambiaron el tono del día. Sin alardes, sin prisas, pero con una seguridad que Pakistán no ha mostrado en toda la serie. Construyeron, castigaron los errores, dejaron que el juego viniera a ellos.
Ni siquiera la salida de Joe Root, lbw por décima vez en sus últimas 13 entradas, frenó la marcha de los locales. Un dato llamativo para una estrella de su talla, pero apenas una nota a pie de página en el contexto del Test.
Al cierre de la jornada, Inglaterra estaba en 156-4. Ventaja de 23 carreras con seis wickets aún en mano. Control del juego, control de la narrativa.
El contraste que duele: un hombre, una selección
En medio de todo, la comparación con Shubman Gill se hace imposible de esquivar. Pakistán, tres Tests, 743 carreras. Gill, una serie de cinco Tests, 754. Él solo.
No es solo una curiosidad estadística. Es un espejo incómodo. Mide la consistencia de un bateador frente a la inconsistencia colectiva de un equipo que, históricamente, se ha alimentado de talento pero que hoy carece de cimientos.
Los cambios en la plantilla, los despidos en el cuerpo técnico, los discursos de oportunidad para los jóvenes: nada ha evitado que los mismos errores se repitan. Tiros apresurados, técnica descompuesta bajo presión, decisiones erráticas ante la bola nueva.
Mientras Inglaterra suma wickets y consolida ventajas, Pakistán se acerca a un récord que nadie quiere: que una gira completa de Test de una selección entera quede por debajo de la producción de un solo bateador rival en las mismas condiciones.
La pregunta ya no es solo si podrán salvar este Test en Edgbaston. La pregunta es cuánto tiempo más puede un equipo con esta historia permitirse vivir a la sombra de una estadística como la de Gill sin cambiar de raíz su manera de competir.






