Debate sobre el reloj de saque tras el US Open
El US Open coronó a Alexander Zverev con su segundo grande consecutivo, pero el título llegó envuelto en un debate que no se apagó con el último punto. Se encendió, precisamente, entre punto y punto. En los segundos muertos. En el reloj de saque.
Zverev derrotó a Ben Shelton por 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2 en la final masculina, pero su ritual eterno antes de sacar —botes y más botes de pelota, pausas al límite— terminó irritando a buena parte del público, a los comentaristas y a varios exjugadores de peso. El alemán se movió siempre en el filo del reglamento, y ahí está el problema: no lo incumplió… porque el reglamento le deja ese margen.
Un vacío en la norma que incendia el debate
La regla es clara solo a medias: el sacador tiene 25 segundos desde el final del punto para iniciar el siguiente. Si sobrepasa ese límite, llega la advertencia por violación de tiempo. Pero esa cuenta atrás solo se aplica hasta el primer servicio. Si el primer saque es falta, el reloj desaparece. La segunda bola queda a merced de un concepto difuso: “sin demora”, según criterio del juez de silla.
Zverev ya había recibido varias advertencias por tiempo tanto en semifinales como en la final, pero los árbitros poco pudieron hacer con esas eternas preparaciones entre primer y segundo saque. El reloj ya no corría. El alemán rebotaba la pelota una y otra vez. La grada empezaba a impacientarse. La televisión también.
Shelton, protagonista en la pista y luego en la sala de prensa, no esquivó el tema. Fue directo a la raíz: hace falta otra norma.
“Para el primer saque deberías poder hacer lo que quieras y usar los 25 segundos completos cada vez”, explicó el finalista estadounidense. “Tiene que haber algún tipo de regla que limite el tiempo en los segundos saques. No debería haber tiempo ilimitado. Es duro estar ahí sentado tanto rato esperando a que pase algo”.
No habló en el vacío. Sus palabras se suman a una corriente cada vez más visible en el circuito.
Roddick, McEnroe y una misma conclusión: el reloj se queda corto
Andy Roddick ya había puesto el dedo en la llaga antes de la final. Desde su pódcast “Served”, el exnúmero uno fue tajante: la norma actual se ha quedado vieja.
“Las reglas tienen que cambiar”, afirmó. “Mientras lo haga dentro de los 25 segundos del reloj de saque, ¿qué le vas a decir? Tiene que haber un reloj también para el segundo saque. No puedes botar la pelota veintitantas veces entre primer y segundo servicio y luego sorprenderte cuando terminamos a las 3 de la mañana. No podemos seguir así”.
La queja no es solo estética. Se mezcla el ritmo del partido, el desgaste mental del restador y el horario de sesiones que se alargan hasta la madrugada. El tenis moderno pide velocidad; el reglamento todavía permite pausas de otra época.
John McEnroe, voz autorizada en la cabina de ESPN durante la final, apuntó a otro ángulo del mismo problema: los lanzamientos de bola que se cancelan una y otra vez cuando el reloj ya agoniza.
“Esto debería entrar dentro del reloj de saque. Quedaban dos segundos cuando lanzó la pelota. Debería ser falta”, sentenció al aire, molesto con las interrupciones constantes del gesto de servicio.
Su hermano, Patrick McEnroe, fue más allá desde la perspectiva del restador: “Como restador, cuando un tipo hace esto —botar la pelota tantas veces— deberías poder apartarte justo antes de que saque”. Una especie de derecho a romper el ritmo del sacador cuando este estira el tiempo hasta el límite.
Los rivales también se cansan
La irritación no se limita a los micrófonos. En el vestuario también hay cansancio. Karen Khachanov, eliminado por Zverev en semifinales, reconoció que el ritual del alemán no solo le molesta a él.
“Su manera de botar la pelota molesta, no solo a mí, también a otros jugadores del circuito. Tarda muchísimo”, admitió el ruso. Luego, eso sí, se rindió ante la evidencia legal: “Al final del día, si está dentro de las reglas sobre el tiempo entre puntos, no puedo decir nada en contra. Si se pasa, recibe una violación de tiempo. Es así de simple”.
Y ahí está el nudo. El circuito se queja, los exjugadores levantan la voz, los aficionados silban, pero el reglamento actual protege al jugador que exprime cada segundo permitido… y deja un espacio sin regular entre el primer y el segundo saque que hoy marca la diferencia entre un juego fluido y un duelo que se atasca.
Shelton, Roddick, los McEnroe, Khachanov. Nombres distintos, mismo mensaje: el reloj de saque ya no basta tal y como está concebido. La pelota está ahora en el tejado de los reguladores del tenis. ¿Se atreverán a tocar uno de los rituales más sagrados del deporte o seguirán viendo cómo los partidos se alargan mientras el público mira más al cronómetro que a la línea de fondo?






