La disminución del interés por el cricket en India
Hubo un tiempo en que el cricket en India era una liturgia diaria. Cuando jugaba la selección, el país se paralizaba: salones llenos, tiendas con el televisor encendido, calles vacías durante los últimos overs. Hoy, esa devoción se ha agrietado de forma visible.
La prueba más reciente llegó con el primer T20 entre India y Afghanistan, disputado hoy. Un partido internacional de la selección india, en casa, que en otras épocas habría dominado conversaciones, tendencias y portadas… pasó casi de puntillas. Muchos aficionados que siguen el deporte ni siquiera sabían que la serie había comenzado.
El encuentro ofrecía un marcador que, sobre el papel, habría sido motivo de celebración rotunda: India derrotó a Afghanistan por siete wickets, con casi siete overs de margen. Una victoria clara, sin sobresaltos, de las que antes se repetían una y otra vez en tertulias y redes sociales. Esta vez, el eco fue mínimo. Ni debate, ni ruido, ni esa corriente de entusiasmo que solía acompañar cualquier triunfo del equipo.
La falta de pulso alrededor del partido no se explica por el resultado, sino por el contexto. El equipo ya no cuenta con dos de sus grandes tótems en este formato: Virat Kohli y Rohit Sharma han dicho adiós al T20 y al test cricket. Sin esas figuras que arrastraban audiencias por sí solas, el magnetismo se resiente. El aficionado neutral, el que encendía la televisión solo por verles a ellos, ya no siente la misma urgencia.
A eso se suma otro problema evidente: hay demasiado cricket. Series encadenadas, calendarios saturados, partidos que se pisan unos a otros. Lo extraordinario se ha vuelto rutina. Cuando cada semana hay una nueva serie, un nuevo rival, un nuevo T20, el aficionado pierde la referencia de lo que es realmente especial.
El resultado es un cóctel peligroso para la relación entre la selección y su público. La anticipación que solía respirarse antes de cualquier serie, incluso ante rivales modestos, se ha diluido. El choque ante Afghanistan, que en otro momento habría servido para probar combinaciones, observar jóvenes y alimentar el debate, se ha quedado en una estadística más.
Si la tendencia continúa, los próximos duelos ante equipos de menor perfil corren el riesgo de disputarse en una especie de vacío emocional. El marcador seguirá contando victorias y derrotas. La pregunta es cuántos seguirán mirando.






