East Zone se acerca al título de la Duleep Trophy
La East Zone huele ya a campeón de la Duleep Trophy. No ha levantado todavía el trofeo en Chennai, pero tras el tercer día del final, el desenlace parece escrito: 708 en el primer turno, cinco wickets más en una pista todavía digna para batear y una South Zone hundida en 242/6, a 466 carreras de distancia. Solo la resistencia testaruda de Tilak Varma mantiene con vida un partido que se inclina, bola a bola, hacia un lado.
Un inicio brillante, un error imperdonable
La mañana arrancó con intención de rebelión. N Jagadeesan salió decidido, agresivo, con dos límites en el primer over de Mukesh Kumar que parecían marcar un tono distinto para South Zone. Pero el impulso se frenó en seco con un wicket tan frustrante como evitable.
Ricky Bhui, con un campo perfecto para acumular carreras, regaló su wicket. Una pelota de Mukesh que entraba tras picar y se iba hacia la pierna, ideal para un toque suave, terminó desviada con el borde del bate hacia el guardameta. El árbitro dijo no out. East Zone, confiada, pidió revisión de inmediato. Ultra edge confirmó el desliz. Decisión revertida, oportunidad tirada.
Padikkal impone clase, pero no sentencia
La salida de Bhui no alteró a Devdutt Padikkal. En forma, elegante, el zurdo encontró su ritmo enseguida. Un látigo por midwicket para su primer límite y una colección de golpes seguros marcaron su presencia. Al otro lado, Jagadeesan también se asentó. Entre ambos, construyeron una asociación de más de 50 carreras para el segundo wicket que, por momentos, comenzó a inquietar a los lanzadores de East Zone.
Parecía que el día iba a ser largo para el ataque. Hasta que Jagadeesan, cómodo, se dejó llevar por un disparo flojo. Un error de ejecución, un wicket que devolvió el control a los de la East Zone. Padikkal, sin embargo, no se movió del guion. Se asoció ahora con Shaik Rasheed y volvió a poner ladrillos en una reconstrucción que South Zone necesitaba con urgencia.
El zurdo alcanzó su medio siglo, seguro, paciente. Rasheed se soltó al fin con límites ante Shikhar Mohan y Mohammed Shami. Pero con Shami, el margen de error es mínimo.
Shami golpea donde más duele
Tras el almuerzo, el veterano se cobró su pieza. Una pelota que se mete, ritmo, precisión, y Rasheed atrapado leg-before-wicket. El golpe se sintió de inmediato. Y el siguiente llegó casi sin respiro.
Padikkal, bien asentado, con el campo preparado en la frontera, eligió el riesgo equivocado. Intentó un pick up shot con hombres colocados en deep square leg. El envío viajó exactamente donde esperaba el plan de East Zone. Captura limpia, frustración visible. South Zone perdía a su bateador más sólido del día y, con él, una oportunidad de oro para acercarse al enorme total rival.
Tilak resiste entre los escombros
Con el marcador tambaleándose, Tilak Varma y Smaran Ravichandran comenzaron el trabajo sucio: sobrevivir. No había espacio para el brillo, sí para la disciplina. Aguantaron más de 100 entregas entre ambos, frenando la hemorragia, obligando a East Zone a pensar.
Cuando el ritmo del juego parecía dormido, regresó Shami. Un cambio de plan justo antes del té. Ravichandran buscó el drive, falló el contacto, pero el guardameta no dudó: había ruido, había algo. Convenció al capitán interino, Vaibhav Sooryavanshi, para pedir revisión. Ultra edge mostró una pluma, apenas un susurro en el bate. Suficiente. Ravichandran, incrédulo, tuvo que marcharse. Otro golpe psicológico, otra decisión de revisión perfecta para East Zone.
Tilak y Gopal, último muro antes de la noche
La sesión final fue un ejercicio de carácter. Tilak se plantó. No se dejó arrastrar por el contexto, ni por el marcador, ni por los errores de sus compañeros. A su lado, Shreyas Gopal ofreció la compañía que tanto había echado en falta South Zone durante el día.
Con el campo abierto frente al spin, ambos se dedicaron a rotar el strike, a consumir tiempo, a reducir el partido a una batalla de resistencia. Tilak encontró un límite ante el part-timer Ishan Kishan para coronar un medio siglo de 123 bolas, símbolo perfecto de su actitud: paciente, duro, sin concesiones.
East Zone, mientras tanto, esperaba. El plan era claro: llegar a la segunda nueva pelota y romper la asociación con frescura y brillo renovado. Pero la recompensa llegó antes de lo previsto.
Gopal, que había trabajado con sobriedad, cayó con un error directo. Una pelota bien lanzada, vuelo tentador, y el drive enviado de vuelta, directo a las manos del lanzador. Wicket clave justo antes de los stumps. Otro recordatorio de que en esta final, East Zone sabe cuándo y cómo apretar.
Tilak cerró el día invicto, rodeado de sombras y de una montaña de 466 carreras por escalar. South Zone necesita un milagro para evitar que esta final se convierta en un trámite. La pregunta ya no es solo si puede salvar el partido. Es si alguien, más allá de Tilak, está dispuesto a pelear cada bola como si el trofeo dependiera de ella. Porque, a estas alturas, depende exactamente de eso.






