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Elena Rybakina: Campeona del Año con Dos Derrotas Sorprendentes

Elena Rybakina cierra la temporada de Grand Slam 2026 con un dato demoledor: solo ha perdido dos partidos en los grandes. Tres títulos, un aura de campeona consolidada y, aun así, dos noches que recuerdan que incluso las jugadoras más dominantes sangran.

La kazaja se coronó en el US Open tras derrotar a Aryna Sabalenka y levantó así el tercer grande de su carrera. Este trofeo se suma al Australian Open conquistado en enero y al Wimbledon de 2022. Un palmarés que ya habla el idioma de las leyendas.

Pero la perfección no existió en 2026. Ni siquiera para ella.

El golpe inesperado en París

En Roland Garros, el torneo que siempre ha sido su territorio más inestable, Rybakina llegó con señales claras de peligro… para las demás. Había ganado en Stuttgart, su quinto título sobre tierra batida, y se había plantado en los cuartos de final del Italian Open. Parecía lista para dar un salto definitivo en arcilla.

El inicio en París reforzó esa sensación. 6-2, 6-2 a Veronika Erjavec en primera ronda, trámite solventado con autoridad, ritmo de campeona y ningún síntoma de debilidad.

Y entonces apareció Yuliia Starodubtseva.

La ucraniana, número 55 del mundo en ese momento, sin experiencia más allá de la segunda ronda en un Grand Slam, firmó una de las sorpresas del año: 3-6, 6-1, 7-6(4). Rybakina, que había tomado el control del partido de entrada, vio cómo el duelo se le escapaba en un tercer set al límite, decidido en el tie-break. Fue su eliminación más temprana en un grande desde el US Open 2024, cuando tuvo que retirarse por una lesión de espalda.

La historia de Starodubtseva tampoco era la de una jugadora en racha. Venía de una serie de seis derrotas consecutivas y había caído fuera del top 70. Sin embargo, aquel triunfo en París le abrió una puerta que ella misma se encargó de atravesar meses después.

Venganza en Nueva York y salto al top 50

El destino, que en el tenis suele tener buena memoria, las volvió a cruzar en el US Open. Esta vez en tercera ronda, con Rybakina lanzada hacia otro título grande y Starodubtseva buscando confirmar que lo de París no fue un accidente.

La campeona ajustó cuentas. 7-6(6), 6-3 para Rybakina, en un partido mucho más alineado con la jerarquía del ranking, pero sin perder el filo competitivo que la ucraniana ya había mostrado en la Philippe Chatrier. La kazaja siguió su camino y acabó levantando el trofeo en Nueva York.

Starodubtseva, por su parte, salió igualmente reforzada. Alcanzó la tercera ronda de un Grand Slam por segunda vez en su carrera y ese recorrido, unido a su victoria histórica de Roland Garros, la impulsa ahora al top 50 por primera vez: nuevo mejor puesto, número 43 del mundo. Un salto que tiene una firma clara: haber sido una de las dos únicas jugadoras capaces de tumbar a Rybakina en un grande este año.

Wimbledon, la otra herida

La otra derrota llegó en un escenario que parecía blindado. Rybakina, campeona en 2022, suele figurar de forma automática en la lista de grandes favoritas en Wimbledon. Su servicio, su pegada plana, su capacidad para dictar puntos cortos: todo encaja en la hierba del All England Club.

Este año, sin embargo, el torneo la expulsó antes de lo previsto.

En tercera ronda se encontró con Elise Mertens, cabeza de serie número 25. El historial entre ambas no admitía dudas: siete victorias de Rybakina en ocho enfrentamientos previos. El guion apuntaba a otro paso firme de la kazaja hacia la segunda semana.

Pero el césped escribió otra cosa. Mertens se impuso 7-6(4), 6-1 en uno de los marcadores más sorprendentes del cuadro femenino. Ajustada en el primer set, la belga aprovechó el impulso del tie-break para desarbolar a una Rybakina irreconocible en el segundo parcial. Una favorita menos, un aviso más de que ni siquiera los territorios conquistados son intocables.

Un 17-2 que asusta… y no se conforma

Pese a esos dos tropiezos, la fotografía global de 2026 en los grandes es contundente: 17 victorias, solo 2 derrotas. Su mejor año en Grand Slams. Tres títulos, dominio en pista dura, progresos en tierra, un borrón inesperado en hierba.

Rybakina ha demostrado que ya no es solo una campeona ocasional, sino una presencia constante en la conversación por cada grande. Y al mismo tiempo, Roland Garros y Wimbledon han dejado un mensaje para el resto del circuito: incluso en la era de la consistencia, todavía hay grietas por donde colarse.

La pregunta ya no es si puede seguir ganando Grand Slams. La verdadera incógnita es cuántos más va a acumular antes de que alguien logre frenar de verdad esta versión implacable de Elena Rybakina.