Elena Rybakina se corona campeona del US Open 2026
En la noche en que Nueva York se vistió de gala, el Arthur Ashe Stadium fue mucho más que la sede de una final. Fue un escenario. Y en el centro de todo, entre focos, celebridades y cámaras, Elena Rybakina derribó el reinado de Aryna Sabalenka para coronarse campeona del US Open 2026.
La kazaja se impuso en tres sets, 6-4, 5-7, 6-2, ante la dos veces defensora del título. Un triunfo de enorme peso: su primer US Open, su tercer título de Grand Slam y el billete definitivo al número 1 del mundo. Una noche que cambia carreras.
Rybakina rompe el dominio de Sabalenka
Elena golpeó primero. Con un tenis firme desde el fondo, aprovechó las dudas iniciales de Sabalenka para llevarse el primer set por 6-4, silenciando por momentos el murmullo de un estadio acostumbrado a ver a la bielorrusa mandar en esta pista.
Sabalenka reaccionó como campeona. Ajustó el saque, apretó la devolución y estiró los intercambios hasta encontrar grietas. El segundo set se convirtió en un pulso tenso, con Rybakina al borde de cerrar el partido y Aryna resistiendo. Al final, la presión cambió de lado: 7-5 para la dos veces campeona y la final se fue al tercero.
Ahí apareció la nueva número 1. Rybakina subió una marcha, recuperó la precisión con el primer servicio y castigó cada error de Sabalenka. El 6-2 del set definitivo no dejó lugar a dudas: la jerarquía en Flushing Meadows tiene nueva dueña.
Un palco de estrellas
Mientras las dos mejores del mundo se dejaban el alma en la pista, las gradas parecían una alfombra roja.
Pink siguió el partido sentada junto a Amy Adams y Elizabeth Banks, riendo y comentando puntos entre juego y juego. La cantante, de 47 años, lució gafas de sol con cristales rojos en forma de corazón y una chaqueta vaquera, un estilo desenfadado en una noche cargada de tensión deportiva. Su presencia llegó apenas un día después de que respondiera públicamente a las críticas por sus comentarios sobre las actuaciones pro-palestinas de Macklemore y su petición de que fuera retirado de la gira de Ed Sheeran.
Unos asientos más allá, Andrew Garfield apareció primero en la alfombra azul del evento y luego en la grada, con un look relajado: chaqueta azul marino con cremallera, pantalones a juego y gafas de sol. El actor de We Live in Time encajó sin estridencias en un ambiente donde las miradas iban del palco a la pista en cuestión de segundos.
Paris Hilton y su marido Carter Reum siguieron atentos la final, mientras Jake Paul asistió acompañado de su prometida Jutta Leerdam. La pareja fue captada revisando el móvil entre puntos, con un beso del youtuber en uno de esos respiros que ofrece el tenis entre intercambios de alta tensión.
Brad Pitt e Ines de Ramon también disfrutaron del duelo desde la grada, sumándose a una lista de rostros que convirtió la final femenina en uno de los eventos sociales del año en Nueva York. En otra zona del estadio, Andy Cohen compartió asiento con Diplo, mientras Spike Lee saludaba con entusiasmo al público. El reparto lo completaba Marcello Hernández, uno de los rostros de Saturday Night Live, mezclado entre aficionados y flashes.
Historia en la tribuna y en la pista
El peso de la historia también estuvo presente. Billie Jean King, leyenda absoluta del deporte, se dejó ver en el estadio que tantas veces la ovacionó. La exjugadora, de 82 años, suma 12 títulos de Grand Slam en individuales, cuatro de ellos en el US Open. Su sola presencia recordó que cada final en Flushing Meadows se inscribe en una larga tradición.
Maria Sharapova tuvo un rol aún más simbólico. Veinte años después de levantar el trofeo en 2006, regresó a la pista para entregar el premio a Rybakina. Un relevo generacional sobre el cemento neoyorquino: de una campeona que marcó época a otra que ya empieza a construir la suya.
En las gradas también se dejaron ver Abigail Spencer, Fran Drescher y Tyriq Withers, completando un mosaico donde el tenis compartió protagonismo con el espectáculo, pero nunca lo cedió del todo.
La noche terminó con Rybakina alzando el trofeo bajo la mirada de estrellas de Hollywood, leyendas del deporte y un público que entendió lo que acababa de presenciar: el final de un dominio y el nacimiento oficial de una número 1. La pregunta ahora no es si merecía el trono, sino cuánto tiempo piensa conservarlo.






