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Enfado en Inglaterra: Razaullah desata el caos en Edgbaston

Alastair Cook no suele levantar la voz sin motivo. Pero lo que vio en el tercer día del último Test ante Pakistán en Edgbaston le sacó de sus casillas. Inglaterra, sobre el mejor wicket para batear de toda la serie, perdió la brújula con la pelota justo cuando más necesitaba control. Y un debutante en el número 9, Razaullah, se encargó de exponerlo de forma brutal.

Un número 9 desatado y una estrategia inexistente

Pakistán reanudó su segunda entrada en 117/2 y, durante horas, Inglaterra fue incapaz de imponer orden. El caos tomó forma definitiva cuando apareció Razaullah. Sin historial en Test cricket, sin peso jerárquico en la alineación, pero con un bate que parecía un martillo.

El joven de 21 años igualó un récord de 18 años al conectar nueve seisers desde el número 9. Nueve. No fue un cameo simpático, fue una demolición. Se enfrentó a 63 bolas y, según los datos, solo seis de ellas habrían golpeado los palos. Todo lo demás, ancho, corto, errático. Perfecto para alguien con licencia para balancear los brazos sin miedo.

A su lado, Mohammad Abbas aportó 42 valiosísimos runs. Entre ambos construyeron una asociación de 121 carreras por el noveno wicket que no solo infló el marcador hasta 449, también minó la moral inglesa y destapó una carencia grave: nadie supo mandar.

Joe Root, en su rol de capitán, apareció desbordado. El plan, sencillamente, no existió. El recurso fue el más fácil y el menos inteligente: bola corta tras bola corta, una y otra vez, esperando un error que nunca llegó.

Cook, sin filtros: “No vi ningún plan”

Cook, ahora analista en BBC Test Match Special, no se mordió la lengua.

“Te pueden hacer daño los colistas, es muy duro cuando tienen licencia y capacidad para pegar seisers”, admitió. “Lo que vi fue que no había plan; se les fue de las manos. Ahí es cuando el cuerpo técnico y los entrenadores tienen que dar un paso al frente. Me habría encantado ver un mensaje y un liderazgo real desde el banquillo”.

No era una crítica al vuelo. Era un dardo directo a la estructura de mando: al campo y al vestuario. Para Cook, no falló solo la ejecución, falló la jerarquía.

Agnew apunta al ABC del cricket

Jonathan Agnew, ex lanzador inglés y voz respetada del comentario, fue igual de contundente. Para él, lo que hizo Inglaterra con la cola de Pakistán rompió los principios más básicos del juego largo.

“No puedes ni debes lanzar así a los colistas en cuanto entran”, señaló. “Tienes que marcar el tono cuando lanzas contra ellos. Sí, debes ser agresivo, pero de forma controlada. Son números 9 y 10 por una razón”.

Su ejemplo más llamativo fue casi surrealista: Dan Lawrence, un off-spinner a tiempo parcial, tomando la segunda bola nueva. Con la pelota reluciente en mano, Inglaterra eligió a un lanzador ocasional.

“Si buscas algo del día que sea absolutamente de locos, es eso”, remató Agnew. El mensaje era claro: se perdió el sentido común.

Vaughan y una advertencia incómoda

Michael Vaughan, otro ex capitán que conoce bien la presión del cargo, se movió en la misma línea, pero con un matiz importante: Inglaterra, cree, aún debería ganar este partido. Eso no tapa el problema. Lo agrava.

“No deberíamos sorprendernos con Inglaterra; tácticamente han actuado así con bastante frecuencia”, dijo. “Creo que ganarán este partido, pero no pueden seguir cometiendo errores como esos. Los fundamentos del Test cricket suelen funcionar, y eso es golpear la parte alta de los palos”.

Vaughan fue más allá. No se quedó en la táctica, sino en el carácter del grupo.

“Es una señal de aviso: este ataque es muy bueno, pero todavía no es un producto acabado. ¿Quiénes son los personajes en el equipo que van a agarrar a todos y decir: ‘Vale, este es mi momento’? Hoy no lo vi en nadie”.

Un día que deja marca

Al final, Pakistán cayó por 449. El objetivo para Inglaterra, 130 runs, parece razonable en casi cualquier contexto. Sobre un wicket amable, debería ser una persecución manejable.

Pero el marcador no cuenta toda la historia. Lo que queda del tercer día es la imagen de un ataque inglés disperso, un capitán sin respuestas visibles y una cola rival golpeando con libertad casi insultante. Razaullah, en su debut y desde el número 9, se convirtió en el símbolo de una tarde que Inglaterra querrá olvidar… pero que no puede permitirse ignorar.

Porque el Test, probablemente, se salve. La reputación del ataque, en cambio, ha recibido un aviso que no admite excusas: cuando vuelva a aparecer un colista con licencia para pegar, ¿habrá por fin alguien en Inglaterra dispuesto a imponer un plan y asumir el mando?