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Filip Hrgovic y Moses Itauma: un combate histórico en Londres

En el O2 de Londres, Filip Hrgovic se convirtió en el primer campeón mundial de los pesos pesados de Croacia y, al mismo tiempo, en el hombre que frenó en seco el meteórico ascenso de Moses Itauma. Noche histórica, pelea salvaje, final cruel para el británico de 21 años.

El combate por el título mundial IBF dejó un mensaje doble: Hrgovic es presente, Itauma sigue siendo futuro, pero el profesionalismo no perdona atajos.

Un vendaval juvenil… y un tanque croata

Durante seis asaltos, el ring pareció pertenecer a Itauma. El joven británico, invicto hasta entonces, salió a imponer ritmo y talento. Encadenó golpes limpios, rápidos, difíciles de leer. Hrgovic lo reconoció sin rodeos:

“Estaba perdiendo todos los asaltos. El chico es increíble, es muy rápido, no ves venir sus golpes”.

La velocidad de Itauma marcó la pauta. Entraba, salía, puntuaba. El croata aguantaba, tragaba cuero y apenas respondía con ráfagas sueltas. Parecía un veterano superado por la energía de un aspirante sin miedo.

Pero algo empezó a cambiar, casi imperceptible al principio. El volumen de golpes de Itauma seguía alto, la precisión algo menor. El cuerpo ya no se movía igual. Los intercambios se alargaban. Y Hrgovic, con la calma de quien ha visto muchos rounds, detectó la grieta.

“Desde el primer asalto vi que se estaba cansando, seguía boxeando como un amateur”, confesó después. “Es inexperto, vi que se estaba vaciando y sabía que mi única oportunidad era quedarme ahí, hacerlo cansarse, seguir y quizá pararlo más tarde. Eso fue lo que hice”.

La pelea cambió de tono sin necesidad de un gran golpe aislado. Cambió por desgaste.

El séptimo asalto, territorio desconocido

Para Itauma, el séptimo round fue una frontera. Nunca había pasado de seis asaltos como profesional. Frente a él, un peso pesado duro, con barbilla probada y cero intención de rendirse.

La precisión del británico ya no era la misma. Su respiración, más pesada. Sus piernas, menos elásticas. Hrgovic, que había resistido la tormenta inicial, empezó a caminar hacia delante con otra autoridad. No necesitaba impresionar a los jueces, necesitaba que el reloj siguiera corriendo.

El británico seguía lanzando manos, pero la pegada no lograba frenar al croata. Hrgovic lo explicó con crudeza: “No pega tan fuerte, pero es rápido”. Para un veterano con mandíbula de granito, eso era un problema manejable. Para un joven sin experiencia en peleas largas, era un riesgo enorme.

La presión se acumuló round a round. El campeón en ciernes ya no buscaba ganar asaltos; buscaba quebrar al rival.

El noveno: la toalla, el título y el silencio

El noveno asalto fue el desenlace de una historia que se había ido escribiendo a fuego lento. Hrgovic, oliendo la fatiga, se lanzó con decisión. Ya no era el hombre que sobrevivía, era el que mandaba.

El castigo sobre Itauma se hizo evidente. El británico, exhausto, trató de responder como pudo, fiel a su orgullo. Pero su cuerpo ya no acompañaba a su ambición. El rincón lo vio claro antes que nadie.

Toalla al aire. Combate detenido. Filip Hrgovic, campeón mundial IBF del peso pesado.

El croata lo celebró con rabia contenida. No solo había ganado un cinturón. Lo había hecho en Londres, en la casa de la gran promesa local, contra el hombre al que muchos señalaban como el talento más puro de la división.

“Vine a Londres, a su ciudad, contra el tipo más talentoso de la división y vencí todos los pronósticos”, afirmó. “Quiero que se me considere el mejor peso pesado del mundo, y este es mi momento. Soy el mejor. Soy el presente y él es el futuro”.

Respeto y crítica en la misma frase

Hrgovic no escatimó elogios para Itauma. Lo calificó como “el más talentoso” de los pesos pesados. Pero, al mismo tiempo, dejó una lectura dura sobre su planteamiento:

“Seguía boxeando como un amateur”.

Detrás de esa frase hay una radiografía clara: ritmo altísimo, poca administración de energías, exceso de confianza en la velocidad, escasa experiencia en peleas largas. Ante rivales como Hrgovic, que saben sufrir y esperar, ese estilo tiene un precio.

El croata, ahora con el cinturón en la cintura, ya mira hacia arriba. “Quiero unificación contra Dubois o Agit Kabayel. Quiero ir a por la unificación, eso es lo que quiero”. Ambición máxima, sin rodeos.

Hospital, preocupación y alivio

El final dejó una imagen inquietante: Moses Itauma abandonando el ring en camilla, directo al hospital. Precaución obligada tras una pelea de altísima intensidad y un castigo creciente en los últimos asaltos.

La preocupación inicial se transformó en alivio horas después. El domingo por la mañana, Queensberry Promotions emitió un comunicado: Itauma había abandonado el hospital y ya estaba en casa con su familia.

“Moses está bien. Salió del hospital anoche y está de vuelta en casa con su familia”, indicó el portavoz.

Frank Warren, su promotor, explicó que el protocolo de enviarlo al hospital es parte de la protección básica al boxeador: “Es lo que siempre hacemos para asegurarnos, porque lo más importante es la salud del boxeador. Está ahí y está en el mejor sitio”.

Warren también reveló que Itauma sufrió un problema en la pierna y subrayó la exigencia del combate: “Fue una pelea de ritmo alto y rápida para los dos. Fue de estar al borde del asiento todo el tiempo”.

El golpe invisible: el mental

Más allá del parte médico favorable, queda otra herida, menos visible: la mental. Itauma llegó a la pelea con el sueño de convertirse en el campeón mundial de peso pesado más joven de la historia de Gran Bretaña. Salió sin cinturón, con una derrota dura y con preguntas nuevas sobre su camino.

Warren fue claro sobre el estado anímico del joven: “Ni siquiera sé cómo se siente mentalmente. Mentalmente va a estar completamente hundido. Tendremos que hablar con él, levantarlo y ver cómo está”.

No habrá decisiones apresuradas. “Va a tomarse un buen descanso. Ni siquiera es momento de hablar de eso con él ahora. Es algo que probablemente haremos en dos semanas o incluso en un mes, y ver hacia dónde vamos”, añadió el promotor.

El talento de Itauma no desaparece con una derrota. Pero el boxeo de élite no perdona errores de cálculo. De ahora en adelante, tendrá que aprender a dosificar, a manejar la distancia larga, a combinar brillantez con oficio.

El siguiente reto de Hrgovic

Con el título IBF en su poder, Hrgovic ya tiene marcado el próximo nombre en su camino: Frank Sanchez, aspirante obligatorio del organismo. Nada de respiro. El croata ha entrado de lleno en la zona en la que cada pelea es una defensa de su legitimidad como campeón.

Quiere unificación, quiere nombres grandes, quiere dejar claro que no solo es el primer campeón mundial pesado de Croacia, sino una figura dominante en la categoría.

La noche del O2 dejó una imagen poderosa: un veterano que se niega a ceder el trono a la nueva ola y un prodigio que descubre, quizá antes de lo previsto, lo duro que es escalar hasta la cima.

La pregunta ahora no es si Moses Itauma es talentoso. Eso ya lo sabe todo el mundo. La verdadera cuestión es cómo volverá cuando tenga que mirar de frente, de nuevo, a un campeonato mundial.