logo

Filip Hrgovic sorprende a Moses Itauma en un combate épico

Durante ocho asaltos, el O2 Arena de Londres se preparaba para una coronación, no para un drama. Moses Itauma parecía caminar directo hacia la historia.

El joven británico de 21 años había convertido el combate por el vacante título mundial pesado de la IBF ante Filip Hrgovic en un escaparate de su talento. Mandó a la lona al croata en el segundo asalto, marcó el ritmo con una velocidad insultante y se encaminaba a convertirse en el segundo campeón mundial del peso pesado más joven de la historia, solo por detrás de Mike Tyson, que lo logró con 20 años en 1986. También perseguía otro hito: ser el tercer británico más joven en conquistar un título mundial, sin importar la categoría.

Parecía cuestión de tiempo. De trámite. De sellar lo que muchos ya daban por hecho: el nacimiento del próximo gran peso pesado.

Pero al otro lado del ring no estaba un figurante. Estaba Filip Hrgovic, un hombre que llegó a Londres ligero, afilado y convencido. En la mejor forma de su carrera reciente, marcando 236,2 libras, su peso más bajo desde 2019, el croata se negó a aceptar el papel de víctima propiciatoria.

Se levantó de la caída del segundo asalto. Soportó un corte sobre el ojo derecho. Aguantó manos limpias, duras, directas al mentón. Y tiró de todo lo que le ha dado una década como profesional y una trayectoria amateur de élite, coronada con un bronce olímpico en 2016 con Croacia. Experiencia, oficio, orgullo. Nada de pánico.

La pelea cambió de tono cuando el reloj comenzó a jugar a su favor.

Itauma había llegado a esta cita con solo 31 asaltos profesionales en el cuerpo. Nunca había pasado del sexto. Nunca había compartido ring con alguien remotamente cercano a la élite. Era talento puro, sí, pero también un novato en territorio desconocido. Y cuando el combate se adentró en la segunda mitad, el guion dejó de ser tan sencillo.

Hrgovic había anunciado durante la semana su plan: llevar al prodigio británico a aguas profundas y ver si sabía nadar. Cuando sonó la campana del séptimo, seguía en pie, herido pero entero, y el cansancio comenzó a dibujarse en el rostro de Itauma.

El joven seguía lanzando, pero cada combinación tenía menos chispa, menos piernas detrás. La velocidad seguía ahí, aunque ya no tan nítida. La respiración, más pesada. La guardia, un poco más abierta. Señales que un veterano como Hrgovic lee como un libro.

El croata empezó a caminar hacia delante con más decisión. A responder cada ráfaga con golpes más cortos, más secos. A forzar intercambios en los que la frescura ya no bastaba. El talento de Itauma chocó contra el muro clásico del boxeo de campeonato: los asaltos que no conoces son los que te pueden devorar.

La presión terminó por pasar factura.

En el noveno asalto, con Itauma visiblemente exhausto, Hrgovic encontró el desenlace que llevaba persiguiendo desde que se levantó de la lona. Apretó el acelerador, castigó a un rival drenado física y mentalmente y firmó un nocaut tan dramático como brutal para adueñarse del cinturón mundial pesado de la IBF, en el combate estelar de la velada de Queensberry Promotions, emitida por DAZN PPV, ante un O2 abarrotado.

El contraste fue brutal: el chico llamado a dominar la división salió del ring en camilla, rumbo al hospital por precaución; el veterano, al que muchos veían como un peldaño en el ascenso de una nueva estrella, se marchó campeón del mundo.

Las apuestas lo habían dejado claro: Itauma era el gran favorito. Pero en el boxeo, los números no cuentan cuando la pelea entra en esa zona gris en la que solo sobreviven los que saben sufrir. Y ahí, Hrgovic fue el que mejor entendió la noche.

Cuando el combate entró en esos asaltos que Itauma nunca había vivido, dejó de importar cuánto talento tenía el joven. Lo que pesó fue la experiencia del croata, su capacidad para gestionar el castigo, su fe en que, si lograba arrastrar al británico más allá de su zona de confort, acabaría por hundirlo.

Lo consiguió. Hizo exactamente lo que se había propuesto: llevó al prometedor Itauma a aguas profundas y lo ahogó.

El título se marcha con Hrgovic. La lección, con Itauma. La pregunta ahora no es qué pasó en Londres, sino cómo responderá el joven británico la próxima vez que tenga delante no un examen, sino una noche de verdad.