Lewis Hamilton busca su primera victoria con Ferrari en Monza
Lewis Hamilton llega a Monza con algo más que el rugido de los tifosi empujándole por la recta principal. Ferrari estrena la segunda y última evolución de motor permitida esta temporada y el británico, realista pero desafiante, ve en este fin de semana una puerta abierta hacia “territorio nuevo”: ganar por primera vez con Ferrari en el templo rojo.
“Es un paso adelante, pero no todo lo que necesitamos”, admite Hamilton sobre la nueva especificación de unidad de potencia. Ferrari ha sido este año la referencia en las curvas, pero ha pagado caro su déficit en las rectas. En algunos circuitos, hasta cuatro décimas por vuelta sólo en velocidad punta. En Monza, eso es una condena.
El equipo de Maranello ha elegido su gran premio de casa para atacar ese punto débil. No es casualidad. En un trazado dominado por las rectas, cada kilómetro por hora extra cuenta como oro. Hamilton lo sabe y lo verbaliza con la mezcla de exigencia y fe que le caracteriza: el motor ayuda, sí, pero el margen con el que sueña el garaje rojo todavía no está completamente cerrado. Aun así, insiste: “Creo firmemente que tenemos lo necesario para ganar”.
Un reto colectivo y una primera vez en juego
Hamilton y Charles Leclerc suman una victoria cada uno esta temporada. El británico, sin embargo, mira la clasificación con una losa de 59 puntos respecto al líder, Kimi Antonelli, al volante del Mercedes. El título se ha complicado, pero Monza ofrece otra clase de premio: la historia.
“Para ganar este fin de semana, todo el colectivo tiene que juntarse. Todo tiene que fluir desde el principio”, subraya Hamilton. No habla sólo de estrategia o de paradas; habla de arrancar el viernes enchufados, sin margen para dudas en un fin de semana en el que Ferrari no se permite errores.
Hay un aliciente extra: si gana, será su primera victoria con Ferrari en Monza. Un hito que no se le escapa. “Sería fenomenal”, reconoce. Y la presión, lejos de esconderla, la abraza: correr para Ferrari en Monza implica responder a un ejército de tifosi que convierte las gradas en un muro rojo y que este año, más que nunca, siente que puede soñar.
Hamilton lo resume con una imagen muy suya: el equipo al completo en la grada, el rugido de la afición y, esta vez, un invitado especial. “Mi madre está aquí. No creo que haya estado en Monza, y desde luego no conmigo en Ferrari. Quería que viviera esto y que trajera todo el polvo de la suerte que pueda”. Una escena íntima en medio del caos de uno de los fines de semana más intensos del calendario.
Antonelli, sanción estratégica y amenaza desde el fondo
La otra cara del fin de semana la protagoniza Kimi Antonelli. El italiano, líder del campeonato con Mercedes, arrancará desde el fondo de la parrilla por exceder el límite de componentes de motor permitidos esta temporada. Una sanción inevitable tras los problemas de fiabilidad de principios de año y que el equipo ha decidido asumir en Monza por pura lógica deportiva.
El razonamiento es claro: en un circuito de rectas largas y rebufos constantes, adelantar se vuelve menos traumático. Con motor nuevo y potencia fresca, Mercedes confía en que Antonelli pueda “deslizarse” entre el tráfico. Hamilton lo ve igual: con el ritmo y la velocidad del Mercedes, escalar hasta la zona de puntos altos —sexto, octavo— “debería ser relativamente sencillo”. Justo por eso, cree que el foco de Ferrari debe estar en otra parte: exprimir cada sesión, cada vuelta limpia, cada decisión en el muro.
Para Mercedes, la elección de Monza también encaja en la gestión global del año. Sacrifican una clasificación aquí para tener un motor más fresco en la recta final de la temporada. George Russell también pagará su propia sanción, aunque algo más adelante, probablemente en Azerbaiyán.
Antonelli, pese a la penalización, no llega abatido. Al contrario. Habla de un fin de semana en el que podrá “disfrutar más” al no tener que cargar con la obligación de pelear por la pole. La presión se aligera, aunque deja claro que preferiría estar delante. Sabe, sin embargo, que Monza le ofrece un escenario ideal para remontar: muchas zonas de adelantamiento, un rebufo decisivo y un coche que se siente cómodo en este tipo de trazados.
Monza, rebufos, baterías al límite y un fin de semana tenso
El otro gran protagonista silencioso del fin de semana será la gestión de la energía. Antonelli lo explicó con crudeza: Monza es un circuito “muy hambriento de energía”. Con tantas rectas largas y tan pocas frenadas fuertes, las unidades híbridas tendrán menos oportunidades para recargar batería. Eso significa más tramos sin el empuje eléctrico a plena potencia y una velocidad que se estabiliza en la recta sin caer en picado, pero lejos del máximo ideal.
Los pilotos anticipan una clasificación caótica, con trenes de coches buscando el rebufo perfecto y levantando el pie para no ser los primeros en salir. El rebufo, que reduce la resistencia aerodinámica y ahorra energía, será casi una segunda moneda de cambio. Quien lo gestione mejor, puede ganar varias posiciones gratis. Quien se equivoque, se quedará atrapado sin vuelta limpia.
Antonelli, pese al panorama complejo, se muestra más optimista que muchos ingenieros. Cree que la situación será “mejor de lo que muchos esperaban” y que la velocidad en las rectas se estabilizará sin desplomarse, lo que le permitirá atacar con cierta continuidad desde el fondo.
En el otro lado del paddock, Ferrari mira el mismo escenario con otros ojos. Motor nuevo, tifosi encendidos, un líder del campeonato saliendo desde atrás y un siete veces campeón del mundo oliendo la posibilidad de escribir una página que aún no figura en su currículum: ganar con Ferrari en Monza.
La pregunta ya no es si hay presión. La pregunta es si Hamilton y Ferrari están preparados para convertirla, por fin, en victoria.






