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Harry Brook brilla en Southampton y arrasa a Sri Lanka en T20

La noche en Southampton perteneció a Harry Brook. El capitán de Inglaterra firmó una de esas entradas que se quedan pegadas a la memoria y destrozó a Sri Lanka en el primer duelo de una serie de tres T20 internacionales, resuelto por 119 carreras.

En un formato que no perdona la duda, Brook jugó como si el tiempo fuera suyo.

Un capitán desatado

Inglaterra cerró su turno con un demoledor 254/4, un total que en T20 roza lo obsceno. Al mando, Brook: 114* de 49 bolas, su mejor registro en internacionales de este formato.

Alcanzó el centenar en apenas 42 envíos, igualando el segundo ritmo más rápido para un bateador inglés en llegar a los 100 en T20. No fue una explosión aislada, sino un asedio continuo. En un solo over, castigó al lanzador con 30 carreras: un seis, dos cuatros, dos nuevos seis y otro cuatro. Un destrozo.

Su medio siglo llegó en 20 bolas. A partir de ahí, dejó de parecer un partido y empezó a parecer una exhibición.

Buttler marca el tono

Antes de que Brook encendiera del todo la mecha, Jos Buttler ya había abierto el camino. Su 80, con cincuenta alcanzados en 29 bolas, marcó el compás de la paliza.

Con Inglaterra en 159/2 cuando Buttler cayó, la plataforma estaba construida. Tom Banton se marchó con el marcador en 195/3, y la recta final quedó en manos de un Brook sin freno, que exprimió cada bola para estirar el total más allá de lo que Sri Lanka podía soñar con perseguir.

A mitad de la entrada, el contraste era brutal: Inglaterra 134/1. Más que un marcador, una declaración.

Sri Lanka, ahogada desde el inicio

Sri Lanka ganó el sorteo y eligió lanzar. La decisión se volvió contra ellos con una violencia inesperada. Cuando les tocó responder, el peso del 255 de objetivo se notó desde la primera bola.

En los seis overs iniciales, el marcador visitante se arrastraba: 32/3. Pathum Nissanka, Kamil Mishara y Lahiru Udara cayeron sin apenas resistencia. El top order, deshecho antes de poder asentarse.

Al llegar al ecuador de la entrada, la comparación dolía: Sri Lanka 71/5 frente al 134/1 que lucía Inglaterra en el mismo punto. Dos partidos distintos dentro del mismo encuentro.

Baker, dueño de su casa

Con el bate ya había quedado claro quién mandaba. Con la bola, Sonny Baker se encargó de cerrar la puerta con cerrojo. En apenas su segundo T20 internacional, y en su casa, Southampton, firmó unas cifras impecables: tres wickets por solo 12 carreras.

No necesitó fuegos artificiales. Línea tensa, disciplina, inteligencia. Cada wicket fue un clavo más en el ataúd de una persecución que nunca despegó.

La combinación de un total descomunal y un ataque certero dejó a Sri Lanka sin margen, sin aire y sin respuestas. Inglaterra se adelanta en la serie con autoridad, con un capitán en estado de gracia y un joven lanzador que empieza a hacer de su estadio un territorio incómodo para cualquiera.

Si este fue solo el primer acto, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llegar este equipo cuando Brook y compañía juegan con este nivel de ferocidad?