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Harshitha Samarawickrama lleva a Sri Lanka a semifinales

En un duelo de pulsaciones al límite en Dubái, Sri Lanka sobrevivió a un auténtico vaivén para derrotar a Bangladesh y asegurar su lugar en las semifinales de la Women’s Asia Cup 2026. Tres partidos, tres victorias. Esta vez, con mucho más sufrimiento del que sugería el modesto marcador de 115 carreras.

Parecía un trámite. Terminó siendo un examen de carácter.

Un 114/8 que escondía veneno

Bangladesh apenas pudo llegar a 114/8, pero el número engaña. Chamudi Prabodha destrozó la columna vertebral del bateo rival y marcó el tono del ataque ceilandés. Desde el otro lado, el resto del cuerpo de lanzadoras respondió con disciplina, sin permitir que el partido se les escapara en ningún momento.

Sobhana Mostary sostuvo el innings desde el número 3 con 34 valiosas carreras, después de que Dilara Akter diera un arranque positivo. Hasta ahí, el plan parecía claro. Después, todo se atascó. El medio orden se quedó sin respuestas ante el giro, incapaz de acelerar ni de encontrar huecos con continuidad. Bangladesh no logró despegar: más que avanzar, deambuló hasta ese 114/8 que dejaba la sensación de oportunidad perdida.

Pero el partido, en realidad, solo acababa de empezar.

El colapso: de la comodidad al pánico

La respuesta de Sri Lanka se torció de inmediato. Bangladesh, herida pero orgullosa, se lanzó al ataque con una agresividad que cambió el tono del encuentro. Con la nueva pelota, las lanzadoras encontraron ritmo, ángulo y nervio. En un abrir y cerrar de ojos, el marcador marcaba 44/5.

El vestuario ceilandés, que imaginaba una persecución serena, se encontró de golpe al borde del precipicio.

En medio del derrumbe, una figura decidió no moverse: Harshitha Samarawickrama. Sin apoyo real a su alrededor, con el run-rate subiendo y la presión apretando desde cada ángulo del campo, se aferró a la crease y al plan. Nada de pánico. Nada de gestos grandilocuentes. Solo una determinación fría.

Bangladesh olió sangre. Cada dot ball se celebraba. Cada medio error se convertía en una pequeña victoria moral. El duelo ya no iba de técnica, sino de quién soportaba mejor el temblor de manos.

Marufa Akter enciende la remontada… y Samarawickrama la apaga

El tramo medio del chase fue territorio de Marufa Akter. Su spell de 3-21 fue una declaración de intenciones, una ráfaga que mantuvo a Sri Lanka contra las cuerdas. Al finalizar el 17º over, el marcador decía 86/6. Faltaban 29 carreras. El partido, claramente, se inclinaba hacia el lado de Bangladesh.

Samarawickrama estaba en 28 de 30 bolas. Había sobrevivido al último over de Marufa, pero el margen se estrechaba. El run-rate empezaba a morder.

Entonces cambió el guion.

Dos bolas después, en el siguiente over, llegó el golpe de autoridad: primero un cuatro, luego el primer seis de todo el encuentro. Dos swings, un giro total. De repente, la presión se trasladó al equipo que había ido por delante en el marcador emocional.

Bangladesh acusó el impacto. Y el castigo no terminó ahí.

Penalización, campo abierto y sentencia

Con el final acercándose, la ecuación bajó a 13 carreras en 12 bolas. Apretado, sí, pero manejable. Justo en ese punto, otro mazazo para Bangladesh: penalización por slow over-rate. Para los últimos dos overs, solo tres fielders permitidas fuera del círculo de 25 yardas.

Un castigo durísimo en el peor momento posible.

Con menos protección en la periferia, cada error se volvía letal. Samarawickrama lo entendió al instante. Al cierre del 19º over, descargó otro seis, esta vez un derechazo limpio por el centro, un golpe que prácticamente selló el resultado. Era el tipo de swing que no solo suma en el marcador, también rompe la resistencia del rival.

Bangladesh ya no tenía margen. Ni en el campo, ni en la cabeza.

Un final tenso, decidido por una pierna

El último over fue puro nervio. Bangladesh rodeó a Samarawickrama con fielders inquietas, buscando un error, un mal cálculo, cualquier resquicio. No lo encontraron.

La bateadora ceilandesa, imperturbable, cerró su obra con 48* de 37 bolas, llevando a su equipo de la mano hasta la línea de meta. El run definitivo llegó de la forma más cruel para las defensoras: un leg-bye en medio de apelaciones de lbw a medio gas, más por desesperación que por convicción.

No hubo milagro para Bangladesh. Hubo, sí, una defensa valiente de un total pequeño, un plan de bowling que por momentos rozó la perfección y una actuación feroz de Marufa Akter. Pero frente a ellas se plantó una jugadora que se negó a ceder.

Sri Lanka se marcha a semifinales invicta, con el pulso acelerado y una certeza: en noches cerradas como esta, ya sabe quién quiere la pelota en la mano y el bate en la crease cuando el partido arde. Harshitha Samarawickrama acaba de reclamar ese lugar.