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Hewett y Reid conquistan Nueva York con remontada épica

Cinco años después de su último título en Flushing Meadows, Alfie Hewett y Gordon Reid volvieron a adueñarse de la noche neoyorquina. Lo hicieron a su manera: sufriendo, reaccionando tarde, pero golpeando con una autoridad que solo tienen las parejas legendarias.

El dúo británico se coronó por sexta vez campeón de dobles masculino en silla de ruedas del US Open, levantando un partido que parecía escaparse ante Martin de la Puente y Ruben Spaargaren. El marcador lo resume todo: 2-6, 6-3 y 10-7 en un super tie-break cargado de tensión.

Durante un set y un quiebre, la final fue de los otros. De la Puente y Spaargaren salieron lanzados, agresivos al resto y dominando los intercambios. Hewett y Reid, fríos, desajustados, sin el ritmo que suele sostener su juego. El 6-2 inicial fue un aviso serio: la corona estaba en peligro.

La reacción llegó cuando el margen de error ya era mínimo. El orgullo de campeones apareció justo a tiempo. Ajustaron los ángulos, subieron un punto la intensidad con la primera bola y empezaron a mandar desde la red. El 6-3 del segundo set no solo equilibró el partido; cambió por completo el pulso emocional de la final.

Todo se decidió en el super tie-break. Un puñado de puntos para definir un título, una racha, una historia compartida de más de una década. Allí, donde el nervio suele traicionar, Hewett y Reid tiraron de experiencia. Se aferraron a cada saque, eligieron bien los riesgos y acabaron cerrando el 10-7 que les devolvía el trono en Nueva York.

El triunfo tiene un peso especial. Es el 30º título de Grand Slam en dobles para Gordon Reid, de 34 años, once años después de su primera gran corona. Veintiséis de esos trofeos han llegado junto a Hewett, una sociedad que se ha convertido en referencia absoluta del circuito.

Hewett, de 28 años, no escondió lo que significaba volver a ganar en estas pistas tras un lustro de espera. Habló de deseo, de motivación, de una victoria que llevaban tiempo persiguiendo. Y lanzó un mensaje claro: no se ven cerca del final. Aún se ven compitiendo, aún se ven levantando títulos.

Reid, más sereno, puso en perspectiva la magnitud de la relación deportiva: más de 13 años jugando juntos y, según él, sin haberse cansado el uno del otro. Una frase sencilla, pero demoledora en un circuito donde las parejas se rompen con facilidad.

La imagen final, con ambos celebrando ante un público nocturno entregado, encaja con lo que representan: longevidad, química y una capacidad casi instintiva para encontrar soluciones bajo presión. Si esta es la versión “veterana” de Hewett y Reid, cuesta imaginar cuántas noches como esta les quedan todavía en el calendario.