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Inglaterra busca cerrar la serie contra Pakistán en Edgbaston

En Edgbaston, durante buena parte del jueves, el tiempo pareció el único aliado de Pakistán. Y al final fue precisamente la lluvia la que evitó que Inglaterra cerrara en apenas dos días una serie que ha dominado de principio a fin.

Marcador: Pakistán 133 y 52-2, todavía 268 carreras por detrás de Inglaterra, que firmó un imponente 453 en su única entrada.

El tercer Test de la serie Rothesay quedó congelado a las 17:07, hora local, cuando el segundo chaparrón puso fin definitivo a la jornada en Birmingham. Con media hora extra disponible, se podría haber jugado hasta las 19:00. No hizo falta mirar mucho al cielo para entender la frustración inglesa.

Un dominio que roza la humillación

La serie ya estaba sentenciada. El 3-0 es cuestión de trámite, no de suspense. Inglaterra arrancó el día en 156-4, con una ventaja mínima de 23, pero con todo el peso del partido a su favor. De ahí en adelante, se dedicó a ensanchar la brecha con una madurez que no siempre se había visto en la era del riesgo constante.

Harry Brook (75), Jamie Smith (69), Dan Lawrence (65) y Ollie Robinson (50) se repartieron el protagonismo para llevar el total hasta 453, una diferencia de 320 que dejó a Pakistán prácticamente sin margen ni esperanza. No hubo centena inglesa, cierto, pero sí una sucesión de golpes que desarmaron al rival.

El único matiz amargo para los locales es estadístico: ningún bateador ha alcanzado el centenar en esta serie, y el único de todo el verano en casa seguirá siendo el de Ben Duckett ante New Zealand en Trent Bridge. Para un equipo que ha aplastado a Pakistán, resulta casi extraño.

Brook, Lawrence, Smith: brillo sin premio máximo

El inicio del día fue un aviso de lo que venía. Brook y Lawrence, con una asociación de 86 carreras, marcaron el tono. Ritmo alto, carreras rápidas entre bases, intención constante de mover el marcador. Lawrence fue el más agresivo, imponiendo el tempo. Brook parecía en control… hasta que se regaló.

Un sencillo innecesario hacia mid-wicket acabó con él, cazado en el extremo no delantero. Un error de juicio, más que de técnica, que le costó una posible centena. No fue el único en irse con esa sensación.

Lawrence, que ha encadenado tres medios siglos desde que regresó al equipo al inicio de la serie, volvió a quedarse a las puertas de su ansiado primer cien en Test. En su 17º partido, se escuchó claramente su grito de frustración al arrastrar la bola a sus propias estacas ante Mohammad Imran. Probablemente ya se haya ganado el billete para la gira de diciembre en South Africa, pero el vacío del “casi” permanece.

Jamie Smith, tras una Ashes complicada, ha ido reconstruyendo su reputación con bate y guantes durante este verano. En un campo que le trae buenos recuerdos, castigó el lado de pierna con potencia, hasta que entregó un dócil retorno a Razaullah. Otra entrada que prometía más de lo que terminó dando.

Robinson, de descartado a imprescindible

Y entonces apareció Ollie Robinson. Otra vez. En el mejor momento de su carrera, el seamer se ha convertido en algo más que un simple apoyo al ataque: es un factor dominante en las dos disciplinas.

Con el bate, se divirtió. Golpes limpios por el lado de pierna, incluido un enorme seis hacia la Hollies Stand, para completar su segundo medio siglo en Test cricket. El anterior lo había logrado en Ranchi ante India en 2024, justo antes de ser descartado. Hoy, esa decisión parece de otra era. Ahora es intocable.

Hasta Jofra Archer quiso dejar su firma, con dos seis espectaculares en una breve pero ruidosa aparición. Cerró invicto en 32 cuando el último hombre, Josh Tongue, cayó atrapado detrás. Inglaterra se marchó del campo con 453 en el marcador y la sensación de que el partido estaba, en esencia, terminado.

Un nuevo rostro bajo Root: calma, colmillo y control

Durante la etapa anterior, con Ben Stokes y Brendon McCullum, se habló mucho de valentía, de espectáculo, de ir siempre al frente. Pero también quedó una sombra: la incapacidad para cerrar bien las series. Inglaterra había perdido el último Test en cada una de sus seis series previas, con actuaciones muy pobres en partidos “muertos”, como ante Sri Lanka en casa en 2024 o en la visita a New Zealand ese mismo año.

Stokes repetía que no le gustaba la palabra “ruthless”. Su Inglaterra, por momentos, tampoco lo fue. Bajo Joe Root, el tono ha cambiado. Este equipo mantiene el filo, pero ha ganado serenidad. Sabe cuándo acelerar y cuándo alargar la estancia en el crease. La manera en la que gestionaron la ventaja en esta segunda jornada habla de un enfoque más maduro, menos impulsivo.

Es justo recordar que el nivel de este Pakistán ha sido bajo. Stokes y compañía también habrían pasado por encima de este rival. Inglaterra además disfrutó de las mejores condiciones: sol para batear, cielo encapotado para lanzar. Aun así, el aire que se respira es distinto. Hay método dentro del ímpetu.

Dos bolas, dos golpes: Pakistán tambalea desde el inicio

Tras el té, con una sesión entera por delante, Inglaterra olió sangre. Un final en dos días en un Test en suelo inglés no se veía desde el año 2000. La posibilidad no era descabellada, sobre todo con el historial reciente de Pakistán: ninguna entrada por encima de 200, ni una sola vez superando los 51 overs en la serie.

Con Jordan Cox asumiendo los guantes por la lesión en un dedo de Smith, Robinson abrió el ataque. Y arrancó como un martillo. Primera bola del innings: Saim Ayub se lanza a un golpe que no necesitaba y encuentra el guante seguro de Brook en segunda slip. Pakistán, 0-1.

En el mismo over, Abdullah Shafique exhibe un bate torcido, desalineado, y la bola se desvía hacia Root en primera slip. 0-2. Edgbaston ruge. El marcador, el contexto, la luz que se apaga… todo apuntaba a un desenlace exprés.

Azan Awais y Shan Masood, sin embargo, se agarraron al partido como pudieron. Sobrevivieron 12 overs en una penumbra cada vez más densa, con Masood beneficiándose de una oportunidad difícil que Duckett no pudo concretar en tercera slip ante Gus Atkinson. Resistencia mínima, pero resistencia al fin y al cabo.

La lluvia frena el golpe final… por ahora

Cuando la presión inglesa alcanzaba su punto máximo, el cielo decidió intervenir. La segunda cortina de lluvia no solo vació el campo; también pospuso la humillación definitiva. El sueño de un triunfo en dos días se evaporó, pero el control del partido sigue en las mismas manos.

Pakistán encara el viernes 52-2, todavía 268 carreras por detrás de Inglaterra y con un orden de bateo que no ha mostrado ni solidez ni profundidad en toda la serie. Robinson atraviesa un momento dorado, el resto del ataque huele el remate y el 3-0 parece poco menos que inevitable.

La única incógnita ya no es el resultado, sino la forma: ¿cerrará Inglaterra este verano doméstico con otro acto de autoridad o Pakistán encontrará, por fin, algo de orgullo en medio del temporal?