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Inglaterra asegura el 3-0 frente a Pakistán tras un cierre tenso

En Edgbaston, durante buena parte de la serie, todo había parecido sencillo. Demasiado sencillo. Hasta que Pakistán, tarde pero con furia, decidió aparecer y convertir el último tramo del verano inglés en un examen real de nervios y carácter.

Al final, Inglaterra ganó el tercer Test por ocho wickets, persiguió sin más sobresaltos los 130 que tenía delante y cerró el cruce con un contundente 3-0. El marcador dirá que fue cómodo. La historia del cuarto día cuenta otra cosa.

Un inicio de mañana de puro pánico

El contexto era claro: 130 para ganar, cinco días de Test, pero solo necesitaban una fracción de ellos. El problema era psicológico. La noche anterior, el debutante Razaullah había destrozado los planes de Inglaterra con un vendaval de golpes que transformó una serie plácida en un escenario de amenaza real. Pakistán, que había sido eliminado por 133 en el primer día, de pronto se plantaba en 449 en su segunda entrada. El giro era brutal.

Con esa presión en el ambiente, Inglaterra salió a batir en la mañana del cuarto día. Y en cuestión de seis bolas, Edgbaston se quedó helado.

Muhammad Abbas, implacable, encontró de inmediato la línea perfecta. Primera bola: Ben Duckett, borde fino, atrapado detrás. Golden duck. Segunda víctima del mismo over: Emilio Gay, plumb lbw, sin discusión. Dos por dos. De un paseo teórico a un posible colapso histórico.

Las dudas que habían sobrevolado todo el verano sobre la pareja de apertura de Inglaterra se condensaron en esos minutos. Duckett, autor del único siglo inglés del verano, no ha pasado de 20 en cinco entradas contra Pakistán y arrastra un promedio de 23 desde el inicio de los Ashes. Gay, con tres medias centurias en su primera campaña como jugador de Test, cayó con frustración evidente, golpeando el aire con el bate y malgastando una revisión, para ver cómo su promedio caía por debajo de 25. No era solo un mal inicio de mañana; era un problema estructural.

Root coquetea con el desastre, Cox lo sujeta todo

Con el marcador en 2-2 y la grada tensa, la serie, que había parecido un trámite, de repente estaba en juego. Y hasta Joe Root, el hombre llamado a dar calma, se tambaleó.

En 23, arrastró una pelota de Mohammad Ali sobre sus propios stumps. Edgbaston contuvo la respiración. La repetición reveló el rescate: Ali había sobrepasado la línea. No-ball. Vida extra para el capitán. Una segunda oportunidad que cambiaría el tono del día.

Root no estuvo impoluto. Volvió a rozar el abismo cuando, en 34, un edge se coló entre unos slips inmóviles ante un Abbas furioso. Pero sobrevivió. Y, poco a poco, se ancló. A su lado, Jordan Cox ofreció algo aún más valioso para Inglaterra: serenidad.

El bateador de Essex firmó 59* con una compostura que contrastó con el caos de las primeras bolas. Seguro en defensa, selectivo al ataque, leyó el momento como un veterano. En una mañana en la que las carreras valían menos que los minutos de calma, Cox aportó ambos.

Entre los dos construyeron una asociación inquebrantable de 128 carreras. Root terminó con 62* y el golpe final llegó justo antes del almuerzo. Sin celebraciones desmedidas, sin gestos grandilocuentes. Más bien un suspiro colectivo de alivio: el desastre se había esquivado.

La vuelta de Root al mando y un verano que casi descarrila

Para Root, este triunfo tiene un peso especial. Desde que retomó la capitanía tras la retirada de Ben Stokes en junio, el contexto alrededor del equipo ha sido todo menos tranquilo. Inglaterra llegó a este verano sin capitán ni entrenador, con un vestuario que venía de ganar solo dos de sus últimos 10 Tests.

Ahora, tres victorias consecutivas. Un 3-0 que no borra las dudas, pero sí reordena la narrativa.

En medio del caos institucional, el equipo ha encontrado resultados. Pero el camino no ha sido tan dominante como sugiere el marcador global. Durante dos Test y medio, Pakistán ofreció una versión pobre, casi resignada. Solo cuando estuvieron 0-2 en su segunda entrada en Birmingham, al borde de una humillación en dos días, reaccionaron de verdad.

Ese despertar tardío obligó a Inglaterra a responder bajo presión. Y ahí el cuadro de Root mostró grietas: tácticas de campo desordenadas ante la tormenta de Razaullah, fragilidad en la parte alta del orden, nervios en momentos clave. Si el objetivo de Pakistán hubiera sido 30 o 40 carreras más alto, la historia podría haber sido distinta.

Pakistán, un tour caótico y un hallazgo brillante

El viaje de Pakistán a Inglaterra ha sido un despropósito casi desde la primera bola de la serie, cuando Ollie Robinson atrapó lbw a Azan Awais en Headingley. Desde entonces, siempre han ido por detrás.

La crisis se desbordó en el segundo Test, cuando amenazaron con abandonar el partido tras la emisión de una entrevista en Sky con los hijos de Imran Khan. Tras la derrota en Lord's, la federación reaccionó con un giro brusco: Sarfaraz Ahmed fuera como seleccionador, Mike Hesson dentro, siete jugadores descartados del plantel. Un terremoto con réplicas que, casi seguro, se prolongarán en casa.

Y sin embargo, en medio de ese caos, apareció un rayo de luz: Razaullah.

Llamado como uno de esos siete cambios, ya había dejado huella con la pelota, eliminando a Root en su primer over en cricket de Test. Lo que hizo con el bate el viernes fue otra cosa: 81 audaces, explosivos, que no solo rescataron el orgullo de Pakistán, sino que obligaron a Inglaterra a sentir el peso real de un partido.

Su asalto desarmó por completo los planes de campo de Root. La bola volaba, los límites caían y el equipo local, tan cómodo hasta entonces, de pronto parecía desorientado. Para Pakistán, en un tour desastroso, Razaullah se convierte en una promesa luminosa, quizá una estrella en gestación.

Fleming llega con trabajo por delante

Inglaterra cierra el verano con una sonrisa, pero no con todas las respuestas. La estadística es amable: tres triunfos al hilo tras una racha de solo dos en 10. La sensación, menos rotunda.

El invierno traerá retos mucho más duros: giras a Sudáfrica, Bangladesh y Australia. Stephen Fleming, nuevo seleccionador, aterrizará en los próximos días con una bandeja llena de asuntos urgentes. En la parte alta del orden, las cifras de Duckett y Gay exigen revisión. Jacob Bethell regresará de lesión y la actuación de Cox en Edgbaston le ha puesto en la pole para quedarse, quizá a costa de uno de los actuales abridores.

Antes de eso, cambio de formato: serie de bola blanca ante Sri Lanka en Southampton, con Brendon McCullum de nuevo al mando y Kevin Pietersen integrado en el cuerpo técnico. Otro tipo de presión, otro tipo de foco.

El 3-0 contra Pakistán quedará en los libros como una barrida categórica. Pero quienes estuvieron en Edgbaston el cuarto día recordarán algo distinto: el momento en que, por unas cuantas bolas, Inglaterra miró al abismo… y encontró, en las manos de Root y Cox, la manera de alejarse. La pregunta ahora es si ese aviso servirá de lección antes de que lleguen rivales que no necesiten dos Tests y medio para empezar a competir.