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Inglaterra domina a Pakistán en Edgbaston: Resistencia de Azan y Masood

El sol, por fin, se adueñó de Edgbaston. Y con él llegó una sensación clara: hay carreras sobre la mesa, pero no tantas como Pakistán necesita para escapar de una derrota que se ha ido cocinando desde el primer día.

Al reanudarse la jornada, el marcador decía 52-2. Pakistán, todavía 268 carreras por detrás de Inglaterra, con ocho wickets en mano y una montaña por escalar. A media mañana, el tablero marcaba 67-2: Azan Awais en 32, Shan Masood en 29. Números decentes. Contexto devastador.

Azan y Masood, dignidad bajo presión

La tercera mañana ofreció algo que a Pakistán le ha faltado durante casi toda la serie: resistencia con un poco de estilo. Azan, compacto y valiente, y Masood, elegante como casi siempre, empezaron a encontrar fluidez cuando la pelota se hizo vieja y los cuerpos ingleses acusaron el esfuerzo acumulado.

En el 18º over, Azan castigó a Ollie Robinson con un tirón limpio delante de square para dos carreras, un golpe que sonó a pequeño desafío. Robinson respondió como lo ha hecho todo el verano: ajustó la longitud, encontró el canal adecuado y pasó el filo del bate en bolas consecutivas. Terminó el over con un leg-before reclamado y rechazado por altura. Pura calidad, pura amenaza.

Un over antes, Masood había recordado por qué tantos entrenadores siguen creyendo en él. Frente a Jofra Archer, empujó la pelota con suavidad por mid-off para un par de carreras, un golpe de manual. Cuesta reconciliar esa estética con una media de apenas 30 en 50 Tests. El talento está ahí; las cifras cuentan otra historia.

Robinson y Archer, sin concesiones

La presión inglesa no bajó. Robinson, en modo verano de ensueño, siguió atacando a Azan desde alrededor del wicket. El ángulo le obligó a jugar más bolas, a mostrar el bate una y otra vez. Tras varios defensivos bien medidos, llegó el susto: Azan intentó un pull, falló por completo y la pelota se fue por la pierna para cuatro byes. Jordan Cox, con los guantes pegados a los stumps, no tuvo ninguna opción. Las estadísticas dirán que son byes contra el nombre de Jamie Smith, pero todos en el campo sabían que era una pelota intocable.

El over terminó con un recordatorio del peligro constante: un envío que se levantó desde una longitud aparentemente inofensiva y golpeó a Azan en el pecho. Duro. Incómodo. Muy test cricket.

Archer, desde el otro extremo, mezcló amenaza con frustración. En el 15º over, contra Masood, encadenó dos bolas que rozaron el borde del bate, concedió luego un drive delicioso para cuatro y cerró con un pull mal medido, adentro del bate y contra el cuerpo, que cayó lejos de cualquier fielder. Inglaterra olió el wicket; Pakistán, por una vez, esquivó el golpe.

El arranque del día ya había mostrado el tono. El segundo envío de Archer, en su primer over de la mañana, fue un levantón que hizo que el defensivo de Masood pareciera un gesto desesperado más que un golpe controlado.

Un marcador engañoso, una serie demoledora

La imagen del marcador podría engañar a quien mire de lejos. Pakistán 67-2, el sol fuera, el público entrando con calma. Pero detrás de esos números se esconde una realidad mucho más cruda: la serie está prácticamente sentenciada.

El dato que lo resume todo: Pakistán promedia 15,90 carreras por wicket en esta serie. Es el registro más bajo de un equipo contra Inglaterra en una serie de tres Tests o más desde que New Zealand fue triturada por el spin de Tony Lock y Jim Laker en 1958. Más de medio siglo después, otra alineación visitante se desmorona en condiciones inglesas.

El contexto tampoco ayuda. El colapso paquistaní del primer día encendió la mecha. La respuesta inglesa del segundo, implacable, convirtió la chispa en incendio. Inglaterra transformó un delicado 156-4 en un imponente 453 all out antes del té. Tres bates se quedaron a las puertas del centenar: Harry Brook, run out con 75; Dan Lawrence, bowled por 65 tras jugar con autoridad; Jamie Smith, 69 y una probable fractura en un dedo como cicatriz del esfuerzo. Tres oportunidades de cien, tres caminatas cabizbajas hacia el vestuario. Pero el daño ya estaba hecho.

Dan Lawrence lo resumió sin dramatismo: estaba convencido de que iba “para un gran marcador” en una superficie “muy buena” contra un ataque cansado. No llegó a ese gran número, pero sí a algo que Inglaterra llevaba tiempo esperando: regularidad en la élite.

Robinson, verano de leyenda

En medio de todo, un nombre domina el relato de la serie: Ollie Robinson. Sus cifras son casi irreales: 28 wickets a 7,75 de media. Números que remiten a otra época, a comparaciones con figuras como George Lohmann, nombres que se mencionan con reverencia en cualquier conversación sobre grandes veranos de un seamer inglés.

Ayer volvió a marcar la diferencia al llevarse los dos wickets de la tarde. Hoy, con el sol fuera y la pelota ya marcada por el desgaste, siguió imponiendo respeto. Su maiden del 14º over a Azan Awais fue una pequeña obra de precisión: tres veces superó el borde del bate antes de cambiar de ángulo para la última bola. Un over sin carreras, lleno de preguntas sin respuesta para el bateador.

En este contexto, la inquietud puntual sobre Joe Root, con una racha de bajas anotaciones, parece casi un lujo que solo un equipo dominante puede permitirse. Los problemas técnicos se corregirán lejos de los stumps adelantados de Cox; contra South Africa y Australia, el guante no estará tan encima. Inglaterra, de momento, tiene margen para la paciencia.

Un Edgbaston que se despide con contraste

Fuera del rectángulo, el ambiente también habla de una gira que se hace larga. Un aficionado paquistaní se paseó por Edgbaston con una pequeña pizarra: “Free Imran Khan … and get him in the team”. Se detuvo ante dos policías, bromeó con “denunciar un crimen” por lo que hacían los once en el campo. Risas resignadas. Hasta parte de la hinchada visitante parece desear que todo termine.

El clima, que tanto condicionó días atrás, esta vez acompaña. Sol firme, previsión estable, luz suficiente para que Inglaterra disponga de todo el tiempo necesario para rematar el trabajo y empezar a pensar en las celebraciones. No habrá exageraciones: el tono es de dominio sereno, casi de fin de curso. El propio preámbulo del día lo sugería: “último día de clase”, ropa informal, aire de despedida.

Y ahí se sitúa la gran pregunta que queda flotando sobre Edgbaston: ¿puede este par de bates, Azan y Masood, convertir una mañana prometedora en algo más que un simple aplazamiento de lo inevitable, o el verano de Robinson y compañía está destinado a cerrarse con otro golpe contundente antes de que caiga la tarde?

Inglaterra domina a Pakistán en Edgbaston: Resistencia de Azan y Masood