El inicio de la nueva temporada de cricket en Sudáfrica
El cricket engaña. Parece quieto, pero todo tiembla por debajo de la superficie. En Newlands, el viernes tras el almuerzo, en el segundo día de la nueva temporada de primera clase en Sudáfrica, esa verdad se hizo visible.
El viento del noroeste mordía camisetas y banderas, las sacudía con furia. El césped, de un verde de primavera casi artificial, vibraba. En las gradas, más vacío que lleno: había más jugadores en el campo que espectadores en los asientos. Solo un hombre en la Railway Stand se movió, lo justo para subirse la capucha y protegerse del frío. Afuera, las calles respiraban entre dos atascos: el de los niños saliendo del colegio y el de los padres volviendo del trabajo.
En medio de ese paisaje, Kyle Verreynne entró como uno de los pocos que parecían seguros de sí mismos. Tomó guardia con firmeza, golpeó el bate contra el suelo con autoridad y se agazapó en su postura habitual. Western Province Cobras —nombre recuperado del pasado— se había desplomado a 57/3 en respuesta a los 347 de Warriors. Verreynne y Daniel Smith habían logrado frenar la caída con un bateo sólido, sin adornos.
Pero el partido cambió de tono cuando apareció Senuran Muthusamy. Con él, subió el nivel del duelo. El ritmo, la precisión, la amenaza: todo se elevó. Las chispas volaban en cada bola. Terminó con 3/17 y los Cobras se derrumbaron hasta 143. Su actuación fue mucho más que un simple buen spell: completó un partido redondo con 61 carreras en su única entrada.
No estuvo solo. Oliver Whitehead añadió 5/70 a un encuentro que, sin embargo, estaba condenado al empate por la mala luz y la lluvia. El sábado no se jugó ni una bola. Entre los apuntes de libreta, el nombre de Tristan Stubbs quedó subrayado: 46 y 11, con 116 bolas enfrentadas en total, paciente pero siempre buscando anotar, siete límites en esa primera entrada.
Otro Empate
Al otro extremo del país, otro empate. Pero el duelo entre Lions y Boland distó de ser plano. Temba Bavuma, en su primera entrada de cualquier tipo desde junio y la primera con ropa blanca desde el Test de Guwahati en noviembre pasado, se tomó su tiempo: 146 bolas para 91 carreras. Un regreso medido, casi metódico. A su lado, Ryan Rickelton se quedó en 49 en la primera entrada, cazado detrás del wicket, pero se desquitó con un 127 que recordó por qué se le mira como pieza clave del futuro.
Ni Bavuma ni Rickelton fueron, sin embargo, los dueños del foco. Tampoco Lehan Botha, pese a un martillazo de 170 en solo su 13ª entrada de primera clase, adornado con 20 fours y cinco sixes. El centro del escenario fue para un adolescente.
JJ Basson, 18 años, zurdo, último año de colegio. Debut de primera clase. Nueva bola en ambas entradas. Y una irrupción que ya forma parte de los libros: 7/62 y 4/37 para un total de 11/99, las mejores cifras de un debutante sudafricano en el formato. Un chico de instituto liderando un ataque en un país que produce rápidos como si fuera línea de montaje.
En otro contexto, quizá no movería el amperímetro. Sudáfrica está llena de buenos pacers. Pero hoy, con Kagiso Rabada, Ottneil Baartman, Nandré Burger y Lutho Sipamla lesionados y ocho Tests en casa entre octubre y enero ante Australia, Bangladesh y Inglaterra, cada nuevo nombre cuenta. Basson ya se ha metido en la conversación. El reto ahora es sencillo y brutal a la vez: seguir sacando exámenes… y wickets.
En Bloemfontein, North West derrotó a Knights por 135 carreras. Diego Rosier firmó 130, Gihahn Cloete aportó 118, y el trabajo de los lanzadores fue coral: Dane Piedt, Daryn Dupavillon, Onke Nyaku y Malusi Siboto se repartieron cuatro wickets cada uno en una de las entradas. Siboto añadió tres más en la otra para cerrar con 7/92.
El marcador más contundente de la jornada llegó en Centurion. Titans aplastó a Dolphins por una entrada y 60 carreras. El trío Beyers Swanepoel, Dayyaan Galiem y Marco Jansen se combinó para nueve wickets en los 157 de la primera entrada de Dolphins. La respuesta fue demoledora: 421, construidos alrededor de un 163 de Donovan Ferreira, agresivo y sin concesiones, en 180 bolas.
Desde el otro extremo de la alineación, otro nombre para la lista interminable de rápidos sudafricanos: Tristan Luus, 7/110 en el partido. Al otro lado, un dato incómodo: Keshav Maharaj se quedó con 1/111 en 32 overs, una línea que no pasará desapercibida. En la segunda entrada, Dolphins necesitaba 264 solo para obligar a Titans a volver a batear. No llegó ni cerca. Swanepoel y Jansen remataron: tres wickets el primero, cuatro el segundo, para cerrar a Dolphins en 204. Jansen terminó con 7/100 en el encuentro.
Hay un detalle extra alrededor de Swanepoel. Esta vez se quedó con su equipo hasta el último wicket. No fue así en marzo, cuando abandonó el Wanderers antes de que Lions —su equipo entonces— completara la victoria por cuatro wickets sobre Titans en la final de la One-Day Cup. Salió corriendo al aeropuerto para tomar un vuelo rumbo a Inglaterra y un contrato con Worcestershire. Lions lo despidió. Titans lo fichó después.
Ahora, con la nueva temporada en marcha, el viento vuelve a soplar en todas direcciones en el cricket sudafricano: jóvenes que irrumpen, veteranos que regresan, estrellas que buscan forma y un calendario de Tests que se acerca a toda velocidad. La pregunta ya no es si habrá opciones, sino quién estará listo cuando llegue el primer nuevo balón rojo.






