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Jake Lehmann lidera a Hampshire en Trent Bridge

Jake Lehmann se quedó solo, pero no se rindió. Su 115* fue la columna vertebral de un día dos tenso en Trent Bridge, donde Hampshire cerró en 267-7 y mantiene con vida su pulso ante Nottinghamshire, todavía 110 carreras por detrás.

En un equipo que ha anotado menos por wicket que casi cualquiera en la División Uno, Lehmann es la excepción que sostiene el relato. El sudafricano de nacimiento, con pasaporte británico, ha levantado su total de la temporada hasta los 922 runs, la segunda mejor cifra conjunta en la máxima categoría. En Nottingham, volvió a ser el bateador al que todos miran cuando el marcador empieza a tambalearse.

Un comienzo engañoso para Notts

El día arrancó con la sensación de que Nottinghamshire podía arrollar. Primera bola de la mañana, Olly Stone, recto y rápido, encuentra el borde defensivo de Felix Organ y lo manda de vuelta al vestuario, cazado detrás por apenas seis carreras. Hampshire, 12-1 y en apariencia a merced del campeón.

Durante 18 overs, la respuesta visitante pareció estabilizarse. Toby Albert (31) y Nick Gubbins (35) manejaban el ritmo con calma, sin sobresaltos. De pronto, todo se vino abajo en cuatro bolas.

Tom Giles, cuarto seamer, en apenas su segundo partido, encontró la longitud perfecta. Albert jugó por el costado a una bola llena y vio el dedo del árbitro levantarse: lbw. Casi de inmediato, Dillon Pennington replicó el plan desde alrededor del wicket a Gubbins, también atrapado delante. Dos errores de juicio, dos lbw, y Hampshire de nuevo expuesto, con dos bateadores nuevos aún sin enfrentarse a una sola bola.

Ahí entró Lehmann.

El Lehmann más parecido a Darren

Lehmann no esperó. Atacó. Sus pies se movían con esa mezcla de descaro y precisión que recuerda inevitablemente a su padre, Darren. Llegó al almuerzo con 33 de 29 bolas, imponiendo su propio ritmo al encuentro y llevando a Hampshire a 114-3.

El respiro duró poco. Con el total en 141, Joe Weatherley cometió un error que pesó caro: dejó pasar una bola de Stone, no ofreció golpe, y vio cómo se convertía en el tercer lbw consecutivo de la entrada. Nottinghamshire olió sangre.

Liam Patterson-White, desde el Stuart Broad End, apretó el nudo con su brazo izquierdo. Su control fue asfixiante: apenas 28 carreras concedidas en 21 overs, aunque sin premio en forma de wicket. El efecto, sin embargo, fue claro. Sólo 50 runs en 30 overs hasta el té. Hampshire avanzaba, pero a paso de tortuga, obligado por la presión constante.

Ben Brown, que había trabajado duro para asentarse, tiró todo por la borda con un corte precipitado, duro pero mal elegido, directo a first slip. Poco después, Fraser Sheat sumó su segundo wicket en diez bolas cuando el joven de 18 años Ben Mayes cayó por apenas una carrera. De 190-6 al descanso, el panorama era sombrío.

La resistencia de Currie cambia el tono

Ahí apareció el otro héroe silencioso del día: Scott Currie. No fue explosivo, fue obstinado. Exactamente lo que necesitaba Lehmann.

Entre ambos tejieron una asociación de séptimo wicket de 97 carreras que cambió la temperatura del partido. Currie ocupó la crease durante 143 bolas para sumar 35, un esfuerzo que pesó tanto como cualquier medio siglo en el contexto del duelo. Su única centena, lograda hace dos años cedido a Leicestershire, parecía lejana, pero su valor para Hampshire hoy fue incalculable.

Mientras Currie se aferraba al wicket, Lehmann seguía construyendo. Alcanzó su centena de forma sobria, desde 160 bolas, sin gestos grandilocuentes pero con una autoridad que se sentía en cada golpe limpio. Cuando superó los 115*, se quedó a un solo run de igualar su mejor marca en suelo inglés: los 116 que firmó con Yorkshire en 2016, el antiguo condado de su padre.

Nottinghamshire buscó el golpe definitivo con el segundo new ball, tomado en 216. Patterson-White se tomó un respiro, pero ni Stone ni el resto encontraron la brecha durante largos minutos. El campeón, que no gana desde hace 18 días, cuando derrotó a Surrey, veía cómo otra ocasión de dominio se le escapaba entre los dedos.

Al final, la recompensa llegó tarde. Sheat sacó una joya de bola para por fin atravesar la defensa de Currie y derribar los stumps, cuando quedaban 31 bolas en el día. El partnership se rompía, pero el daño ya estaba hecho: Hampshire seguía vivo, Lehmann seguía ahí, imperturbable.

Frustración para el campeón, intriga para el resto

Nottinghamshire cerró el día con una sensación clara de oportunidad perdida. Después de 377 en su propia entrada —con 105 de Clarke y 92 de Patterson-White— y con Hampshire cojeando en 165-6, el escenario parecía ideal para una cascada de wickets y un paquete completo de puntos de bonificación.

En lugar de eso, entrarán al tercer día necesitando todavía dos wickets en diez overs para exprimir al máximo el botín, antes de pensar en forzar una victoria. No es un desastre, pero tampoco el control absoluto que insinuaba la mañana.

Hampshire, por su parte, ha encontrado en Lehmann y Currie una tabla de salvación en una temporada en la que su promedio de 24,50 runs por wicket los ha perseguido como una sombra. Este 267-7 no borra los problemas, pero sí ofrece algo que últimamente les ha faltado: resistencia y tiempo en el medio.

El duelo sigue inclinado hacia Notts. El marcador lo deja claro. Sin embargo, mientras Lehmann permanezca invicto y el tail se aferre a cada bola, el campeón sabe que no puede permitirse ni un solo over a medio gas.

En un campeonato que castiga cada relajación, ¿puede Nottinghamshire transformar la frustración de Trent Bridge en el impulso que necesita para volver a imponer su ley?