logo

Komatsu frena la ansiedad: Haas se centra en sus pilotos

Ayao Komatsu no quiere hablar de 2027. No todavía. No mientras su equipo encadena seis carreras sin puntuar y se desangra en mitad de la parrilla. El jefe de Haas lo dejó claro antes del Gran Premio de los Países Bajos: la prioridad no es el mercado de pilotos, sino sacar todo lo que pueda de Ollie Bearman y Esteban Ocon.

“Nosotros no tenemos ninguna prisa. Estamos centrados en nuestros dos pilotos, Ollie y Esteban, en intentar sacar lo mejor de ellos”, insistió Komatsu en Zandvoort, horas antes de que la jornada terminara en el peor escenario posible: doble abandono.

Un inicio prometedor que se desmorona

La temporada de Haas empezó con un brillo inesperado. El P5 de Bearman en el Gran Premio de China fue algo más que un resultado aislado: parecía la prueba de que el equipo más pequeño del paddock había sobrevivido al mayor cambio de reglamento de la historia reciente de la Fórmula 1 con más soltura de la prevista.

Ese espejismo duró poco.

Mientras los rivales directos afinaban sus paquetes aerodinámicos, Haas empezó a caer. Carrera a carrera. Actualización tras actualización… de los demás. Racing Bulls y Alpine, comparados con la referencia de 2025, han dado un salto que Haas no ha podido igualar. La consecuencia es cruel: de ser una sorpresa agradable a convertirse en un coche que se queda sin puntos durante seis fines de semana consecutivos.

Komatsu no lo esconde: “Este es el mayor cambio de reglamento de la historia. Siendo el equipo más pequeño, esperábamos sufrir para seguir el ritmo de los grandes en la carrera de desarrollo”. Lo que quizá no esperaban era que el castigo fuera tan severo.

Bearman contra Ocon, una batalla que la tabla no cuenta bien

En medio de este contexto, la cuestión de los pilotos flota en el aire. Oficialmente, ninguna de las dos plazas está confirmada para 2027. Extraoficialmente, se da por hecho que Bearman tiene más papeletas para seguir que Ocon. Y, en la sombra, nombres como Rafael Camara o Yuki Tsunoda aguardan cualquier resquicio.

Los números, hoy, apuntan a un claro ganador: 18 puntos para Bearman, solo 3 para Ocon. Pero el británico fue el primero en rebajar la lectura simplista. Ha admitido que la clasificación no refleja del todo su duelo interno y ha señalado una aparente “inconsistencia” entre las piezas que monta cada coche.

Komatsu, lejos de echar gasolina al fuego, se refugia en el trabajo interno. “Sabes de lo que son capaces. Ollie lo ha demostrado repetidamente. Esteban, cuando está contento con el coche, sabes lo que puede hacer”, recordó. El mensaje es nítido: el problema no está en el garaje, sino en lo que sale de la fábrica.

Por eso insiste en el mismo punto: “Tenemos que centrarnos en darles el mejor coche posible, la mejor adaptación de reglajes, y sacar lo mejor de ellos. Y los dos están totalmente concentrados”.

El precio de ser el más pequeño

Haas vive en el filo. Cada año. Cada reglamento nuevo. Cada invierno en el que otros pueden invertir más y arriesgar más. Komatsu lo resume con crudeza: “Empezamos la temporada extremadamente bien, mucho mejor de lo que nadie podía imaginar, y desde ese momento llegó la realidad. Con nuestras limitaciones, intentamos desarrollar el coche tan rápido como podemos, pero los otros ponen rendimiento en el coche más rápido que nosotros. Esa es la realidad”.

La realidad también es que, en un equipo así, el margen de error no existe.

“Para que tengamos una oportunidad de seguir el ritmo de los demás, todo tiene que ser perfecto. Todo. Y en la vida, eso no es algo que puedas pedir siempre”, reconoce. No es una excusa. Es una descripción de la cuerda floja sobre la que camina Haas cada fin de semana.

Komatsu, en lugar de señalar con el dedo, se coloca en primera línea de responsabilidad. Habla de ambiente, de estructura, de entorno: “De verdad creo que tengo que darles un mejor entorno, facilitarlo, para que puedan mostrar de lo que son capaces. Estoy seguro de eso”.

Sin cultura de culpa, pero con urgencia

Dentro del equipo, el discurso es casi obsesivo: identificar problemas, no culpables. “No hay cultura de culpa”, subraya el japonés. El trabajo se centra en diseccionar el coche: dónde falta carga aerodinámica, por qué la manejabilidad no es buena, qué sufre cada piloto en cada fase de la vuelta.

Todos, dice, están “en la misma página”, empujando en la misma dirección. Pero el tiempo juega en contra. Las soluciones que se están poniendo en marcha no son de efecto inmediato. No hay un botón mágico.

“Muchas de las cosas que estamos implementando tardarán en materializarse”, admite Komatsu. De momento, lo único que pueden hacer es creer: en el grupo, en el método, en que la tormenta pasará como pasó en los dos últimos años.

El futuro puede esperar… hasta cierto punto

Mientras tanto, la pregunta sobre 2027 seguirá regresando a cada paddock, a cada rueda de prensa, a cada mala carrera. Bearman se ha ganado crédito con actuaciones sólidas y un techo de crecimiento evidente. Ocon, con experiencia y picos de rendimiento, necesita reencontrar continuidad y sensaciones en un coche que hoy no le acompaña.

Komatsu insiste en que no tiene prisa. El calendario, sin embargo, no se detiene. La parrilla se mueve, los asientos se cierran, las oportunidades se evaporan.

Haas ha elegido, por ahora, mirar hacia dentro antes que hacia el mercado. Falta saber cuánto tiempo podrá mantener esa postura antes de que los resultados —o la falta de ellos— le obliguen a tomar una decisión que marque su próxima era.