Max Purcell regresa a la selección australiana de Copa Davis
Max Purcell vuelve a casa. No a su casa física, sino a ese lugar que más duele cuando te lo quitan: la selección australiana de Copa Davis. El campeón de dobles de Grand Slam, que pasó de la cima al abismo con una sanción por dopaje que muchos en el circuito consideraron desmedida, regresa al equipo de Lleyton Hewitt para el duelo ante Polonia en Brisbane.
Tiene 28 años y carga ya con una historia que parece de veterano. El mundo lo vio levantar el título de dobles en Wimbledon 2022 y en el US Open 2024. Después, silencio. Un vacío de 18 meses que no tuvo nada que ver con una lesión ni con una bajada de nivel, sino con un procedimiento disciplinario que lo dejó fuera de las pistas y lo golpeó de lleno en lo personal.
Ahora, el capitán le abre de nuevo la puerta. Y no como gesto simbólico: Purcell puede disputar la próxima semana su primer punto de Copa Davis en dos años.
Australia se la juega ante Polonia
El escenario no admite distracciones. Australia está obligada a derrotar a Polonia en la eliminatoria de World Group 1, programada para el 19 y 20 de septiembre en la Pat Rafter Arena de Brisbane, si quiere mantener vivo el sueño de pelear por el trofeo el año que viene.
Hewitt ha armado un bloque reconocible, con Alex de Minaur como líder indiscutible. El número uno australiano busca sacudirse una gira de US Open por debajo de sus expectativas y reencontrar la intensidad que lo ha convertido en un fijo del top. Lo acompañan James Duckworth, Rinky Hijikata y Adam Walton, este último con opciones reales de debutar en la competición.
Y, en medio de ese grupo, un nombre que salta a la vista: Max Purcell, hoy número 803 del mundo.
Una carrera interrumpida… y una sanción polémica
Su elección no se explica por el ranking, sino por lo que ya ha demostrado en este formato. Purcell presenta un notable balance de 9-2 en dobles de Copa Davis. En una serie complicada, esa cifra pesa. Mucho.
Su trayectoria se frenó en seco cuando, en diciembre de 2024, decidió aceptar una suspensión provisional dentro del programa antidopaje de la International Tennis Integrity Agency. El caso giraba en torno a una infusión intravenosa de vitaminas que superaba el límite permitido de 100 ml, administrada un año antes.
Purcell relató que se encontraba de vacaciones en Bali, cayó enfermo y un médico local le aplicó la infusión sin que él supiera que la cantidad excedía el tope legal. Las vitaminas, todas incluidas en la lista de sustancias permitidas por la World Anti-Doping Agency, no contenían ningún producto prohibido.
Aun así, la sanción llegó: dos años, reducidos finalmente en un 25% gracias a su colaboración y a la “asistencia sustancial” que prestó a la ITIA. El castigo se recortó, pero el daño ya estaba hecho.
En una publicación en redes sociales, el propio Purcell confesó que el proceso lo había dejado con “tics nerviosos y ansiosos”, problemas para comer y una sensación de que su calidad de vida se había visto “seriamente afectada”. No era solo una suspensión deportiva; era una carga emocional diaria.
El vestuario reaccionó. Compañeros como John Millman y Jordan Thompson, su socio en el título de dobles del US Open, salieron en su defensa, subrayando que la infracción había sido claramente no intencional y que en su organismo no se había encontrado ninguna sustancia prohibida.
Un regreso silencioso… hasta que llamó Hewitt
Desde que volvió a competir en junio, Purcell ha optado por el perfil bajo. Nada de grandes declaraciones, nada de dramatizar. Raqueta en mano y a sumar partidos. Entre sus primeros pasos, un título de individuales en un torneo discreto en China, pero valioso para recuperar sensaciones y confianza.
Ese trabajo silencioso no pasó desapercibido para el cuerpo técnico australiano. En cuanto se abrió la primera ventana razonable para recuperarlo, Hewitt y su equipo lo incluyeron en la convocatoria. Es, también, una declaración pública de respaldo: el grupo lo quiere dentro, lo considera parte del proyecto y apuesta por su experiencia en dobles.
En una serie donde cada punto pesa como oro, un especialista con su historial puede marcar la diferencia.
Polonia llega sin Hubert Hurkacz
El rival no es menor. Polonia aterriza en Brisbane liderada por Kamil Majchrzak, número 73 del mundo, que ya sabe lo que es derrotar a De Minaur este año: lo hizo en la final sobre césped del ATP de ‘s-Hertogenbosch. Ese dato no se olvida en una previa de Copa Davis.
La buena noticia para Australia llega desde la otra raqueta grande del país europeo. El número uno polaco, Hubert Hurkacz, lastrado por los problemas físicos en los últimos tiempos, no figura en la lista anunciada el miércoles. Su ausencia cambia el paisaje de la eliminatoria y, sobre el papel, aligera la tarea del conjunto local.
Eso no convierte la serie en un trámite, pero sí inclina ligeramente la balanza hacia el lado australiano.
En ese contexto, con la presión de ganar en casa y la oportunidad de meterse de lleno en la pelea por la Copa del año próximo, la figura de Max Purcell adquiere un matiz especial. No solo es un recurso táctico para el dobles. Es el símbolo de un regreso, de una carrera que se negó a quedarse en pausa y que ahora vuelve a ponerse a prueba con la bandera en el pecho.






