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Neal Skupski y Christian Harrison ganan el US Open

Neal Skupski necesitaba una noche así. Una final que no se escapara, un punto de campeonato que no se esfumara entre los dedos. Esta vez no hubo fantasmas en Flushing Meadows: junto al estadounidense Christian Harrison, el británico conquistó el título de dobles masculinos del US Open, su segundo Grand Slam como pareja, con un sólido 6-4, 7-6 (8-6) ante los alemanes Tim Puetz y Kevin Krawietz.

No perdieron un solo set en todo el torneo. Y en la Arthur Ashe Stadium, ante un público volcado con el jugador local, remataron una campaña perfecta en Nueva York.

De la angustia a la cima

La historia de Skupski en este escenario venía marcada por el dolor. El año pasado perdió la final del US Open tras disponer de tres puntos de campeonato junto a Joe Salisbury. Un golpe durísimo. Antes, en 2022, también había caído en el partido decisivo, entonces con Wesley Koolhof.

Dos finales, dos derrotas. Y la sensación de que el torneo le debía algo.

En medio de ese trayecto, Salisbury se vio obligado a apartarse del circuito por problemas de ansiedad. Ese parón abrió la puerta a una nueva sociedad: Skupski–Harrison. Desde enero, la dupla no ha dejado de crecer. Su primer gran aviso llegó en el Australian Open, donde levantaron su primer grande como pareja. Ahora, el US Open confirma que no fue una irrupción pasajera, sino el inicio de una alianza seria en la élite del dobles.

Un primer set de autoridad

El arranque de la final fue un mensaje. Firmes con el servicio, agresivos en la red, Skupski y Harrison esperaron el momento justo para golpear. Llegó con 3-3 en el marcador del primer set: Harrison leyó a la perfección la jugada, se plantó sobre la línea de fondo y soltó un revés paralelo demoledor. Break y 4-3.

Con la ventaja en el bolsillo, no titubearon. Cerraron el parcial por 6-4, sin conceder opciones a Puetz y Krawietz, que veían cómo el quinto cabeza de serie imponía ritmo y jerarquía.

Un segundo set al filo

El segundo parcial se convirtió en una batalla de servicios. Nadie cedía. Los juegos avanzaban rápidos, con mínimas grietas en ambos lados de la red. El pulso se encaminó inevitablemente hacia el tie-break, donde por fin aparecieron los nervios.

Allí, un punto pareció cambiarlo todo: un resto alemán tocó la cinta, descolocó por completo a Harrison y dio a Puetz y Krawietz una bola de set. El estadio contuvo la respiración. La final podía alargarse, la noche podía complicarse.

Pero la pareja anglo-estadounidense se negó a ceder. Salvaron el set point con determinación, subieron un peldaño en agresividad y, espoleados por el ruido creciente de la Arthur Ashe, se fabricaron su propio punto de campeonato.

Entonces, el desenlace que tantas veces había soñado Skupski: volea alta en la red, smash limpio, título. El británico se desplomó de rodillas sobre la pista dura de Nueva York antes de fundirse en un abrazo con Harrison. Esta vez sí. Esta vez el último punto fue suyo.

El peso de un año

Skupski, todavía con la adrenalina a flor de piel, reconoció lo que significaba esta victoria en el mismo escenario que lo había castigado un año antes. Recordó aquellas tres bolas de campeonato perdidas, aquel tramo “duro” de su carrera. Y subrayó, con una mezcla de alivio y asombro, lo que puede cambiar una temporada en el tenis profesional.

El título en Flushing Meadows se suma a un palmarés de dobles cada vez más respetado. Para Skupski es su tercer grande en la modalidad, tras el Wimbledon conquistado en 2023 junto a Koolhof. A ello se añaden sus dos coronas de dobles mixtos en Wimbledon, en 2021 y 2022, con Desirae Krawczyk.

Harrison, por su parte, se convierte en el nuevo héroe local de Nueva York. El público de la Ashe se volcó con él durante todo el encuentro, celebrando cada punto, cada volea, cada defensa desesperada. No es casualidad que el ambiente se encendiera cuando la pareja levantó el set point en el desempate del segundo set. A partir de ahí, el estadio rugió como si empujara la pelota.

La imagen final, con Skupski arrodillado y Harrison abrazándolo, deja algo más que un título: la sensación de que esta dupla ha encontrado una química peligrosa para cualquiera en el circuito. Si el pasado de Skupski en el US Open estaba marcado por la frustración, el presente ya tiene otro color. Y la pregunta ahora es cuánto más pueden ganar juntos en esta nueva etapa.