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Pakistán sancionado y hundido tras gira desastrosa en Inglaterra

La derrota por ocho wickets en Edgbaston fue algo más que el cierre de una serie perdida para Pakistán. El lunes llegó el golpe administrativo que terminó de desnudar la crisis: el equipo fue sancionado por un ritmo de overes excesivamente lento en el tercer y último test ante Inglaterra.

La International Cricket Council (ICC) confirmó en un comunicado que, tras aplicar todas las tolerancias de tiempo, Pakistán quedó 11 overes por debajo del objetivo marcado para el partido que concluyó el sábado en el histórico escenario de Birmingham. Esa brecha no se perdona en el actual cricket de élite.

El castigo fue contundente: multa del 50% de la tarifa de partido para los jugadores y una deducción de 11 puntos en el ciclo del World Test Championship (WTC). En una tabla ya incómoda para los asiáticos, cada punto cuenta. Y Pakistán no está precisamente en posición de regalar nada.

La sanción la impuso el match referee Ranjan Madugalle, tras el informe conjunto de los árbitros de campo Paul Reiffel y Chris Gaffaney, el tercer árbitro Allahudien Palekar y el cuarto árbitro Russell Warren. No hubo margen para la interpretación: el retraso quedó documentado, medido y castigado.

Fondo de tabla y sin red

El golpe disciplinario llega en el peor momento posible. Pakistán marcha último en la clasificación del WTC, con apenas dos victorias en nueve test disputados en este ciclo. Números fríos que, sin embargo, describen con precisión el derrumbe deportivo de un equipo que hace poco aspiraba a pelear arriba.

Quedan dos series para intentar maquillar la campaña: una visita a Sri Lanka en noviembre y otra a New Zealand en marzo de 2027. Dos viajes, dos oportunidades, pero también dos exámenes de alta exigencia para un grupo que aún no encuentra su forma ni su identidad.

No es un tropiezo aislado. En el ciclo anterior del WTC, Pakistán también terminó en el último lugar. Esa caída ya provocó entonces una sacudida interna: cambio de capitán tras el 2-0 encajado ante Bangladesh a comienzos de este año. La dirigencia quiso reaccionar. El campo, de momento, no responde.

Gira a Inglaterra: de la ilusión al naufragio

La serie en Inglaterra debía ser un punto de inflexión. Terminó convertida en una radiografía cruel. El segundo test, perdido por una entrada y 194 carreras en Headingley, encendió todas las alarmas. Fue una derrota pesada, tanto en el marcador como en el impacto psicológico.

La respuesta de los selectores fue drástica. Siete jugadores quedaron fuera tras ese encuentro, en una poda que dejó claro el nivel de frustración en la cúpula del cricket pakistaní. Entre los señalados, nombres de peso: Salman Ali Agha, Imam-ul-Haq y Mohammad Rizwan fueron enviados de regreso a casa antes del tercer test.

El cierre en Edgbaston, con un 3-0 rotundo a favor de Inglaterra, confirmó la tendencia. No hubo reacción, no hubo giro de guion. Y sobre ese telón de fondo llegó la sanción por el ritmo de overes, casi como símbolo de un equipo que va a contrarreloj y no consigue alcanzar el nivel que exige el WTC.

La multa económica dolerá menos que la pérdida de puntos. La deducción de 11 unidades profundiza un agujero clasificatorio que ya era grave. Cada sesión, cada decisión, cada minuto cuenta en el formato largo. Pakistán lo está aprendiendo por las malas.

Queda por ver si este castigo será simplemente otro capítulo de una caída prolongada o el detonante de una reconstrucción real antes de las próximas visitas a Sri Lanka y New Zealand. El reloj, dentro y fuera del campo, corre en su contra.