Razaullah desata el caos en Edgbaston: Inglaterra sin plan
En Edgbaston, en un atardecer que Inglaterra querrá olvidar rápido, un debutante de 21 años, bateando en el número nueve, convirtió un trámite en una pesadilla táctica. Razaullah destrozó el guion, el orden y la autoridad de un equipo que se veía camino a un 3-0 limpio ante Pakistán. Lo hizo a golpes. Literalmente.
Su 81 de 63 bolas, con nueve seis, no solo encendió el estadio; dejó al descubierto un viejo fantasma inglés: cuando el plan A se derrumba, no siempre hay un plan B.
Un número nueve que juega como un número tres
Razaullah llegó al crease como un “tailender” más. Se fue como el hombre del día. Junto a Muhammad Abbas, firmó una asociación de noveno wicket de 121 carreras que empujó el Test a un improbable cuarto día y fijó a Inglaterra un objetivo de 130 para ganar.
Sobre el papel, una meta pequeña. En la hierba, la sensación fue otra: el tercer día terminó con dudas, nervios y críticas abiertas al liderazgo de Joe Root y al manejo del cuerpo técnico.
Alastair Cook, desde Test Match Special, no maquilló nada: “No vi ningún plan, se les fue de las manos”. No hablaba solo del marcador, sino del desorden que se apoderó de Inglaterra mientras Razaullah lanzaba una y otra vez la bola por encima de la cuerda.
Inglaterra pierde la brújula
El contexto no ayudaba a Root. Es su segunda etapa como capitán, con recuerdos frescos de las críticas tácticas de su primer ciclo y con un verano en el que ya había sido cuestionado cuando sustituyó a Ben Stokes. Este tercer día reabrió el expediente.
Con Pakistán hundido en la parte baja del orden, Inglaterra eligió un plan simple y rígido: bola corta, campo atrás. Y se quedó atrapada en su propia idea. Los seamers insistieron con el bouncer mientras los límites caían sin freno. Cuando intentaron volver a atacar los stumps, ni siquiera encontraron el objetivo.
En la banda, el cuerpo técnico tampoco ofreció la sensación de tener la llave. Marcus Trescothick, seleccionador interino a la espera de la llegada de Stephen Fleming en diciembre, dirigía desde el borde del campo. A su lado, el entrenador de bolos Tim Southee, visible en la cuerda durante la asociación, trataba de enviar mensajes. Nada cambió el tono.
Cook fue claro: “Es en esos momentos cuando necesitas que el staff y los entrenadores den un paso al frente. Me habría encantado ver un mensaje y un liderazgo real desde el banquillo”. No lo vio. Nadie lo vio.
Decisiones “escandalosas” y un nuevo balón para un part-timer
El punto más surrealista llegó con el segundo nuevo balón. Con Ollie Robinson, líder del ataque este verano, disponible, Root se lo entregó a Dan Lawrence, un off-spinner ocasional que apenas había lanzado en toda la serie.
Jonathan Agnew, ex lanzador rápido de Inglaterra y voz principal de cricket en la BBC, no se contuvo: calificó las tácticas de “escandalosas”. Su crítica fue directa: “No puedes ni debes lanzar así a los tailenders en cuanto entran. Tienes que marcar el tono. Sí, agresivo, pero controlado. Son números nueve y diez por una razón. Fue amargamente decepcionante”.
Para Agnew, el símbolo del desorden fue precisamente Lawrence con el nuevo balón: “Dan Lawrence es un off-spinner a tiempo parcial y tomó el segundo nuevo balón. Si buscas el aspecto más disparatado del día, es ese”.
Mientras tanto, el campo se desdibujaba. Jofra Archer gesticulaba frustrado después de encajar dos seis consecutivos por el centro del campo. Gus Atkinson llegó a lanzar bouncers con ocho hombres en la cuerda. La imagen era clara: Inglaterra reaccionaba, no dirigía.
Récords, caos y un capitán sin respuestas
Entre el ruido, los números de Razaullah se elevaban. Sus nueve seis igualaron el récord de más máximos en una entrada de debut en Test. También emparejó la marca de Ben Stokes de más seis en un Test jugado en Inglaterra. No era solo una ráfaga de inspiración; era un golpe histórico.
Mientras el joven pakistaní levantaba la vista al cielo tras cada impacto, Root miraba a su alrededor sin encontrar soluciones. Hubo momentos en los que pareció sin ideas, con la energía drenada de su equipo. En un instante clave, incluso abandonó el campo para hablar con el cuerpo técnico. Volvió. Nada se enderezó.
Michael Vaughan, otro ex capitán de Inglaterra, fue igual de duro: “No deberíamos sorprendernos con Inglaterra, tácticamente han ofrecido este tipo de cosas con regularidad. Creo que ganarán este partido, pero no pueden seguir cometiendo esos errores. Los fundamentos del Test cricket suelen funcionar: golpear la parte alta del stump”.
Su aviso fue más profundo que una simple crítica al día: “Es una señal de advertencia. Este ataque es muy bueno, pero aún no es el producto terminado. ¿Quiénes son los personajes en el equipo que van a agarrar a todos y decir: ‘voy a cambiar este momento’? Hoy no lo vi en nadie.”
El cierre… y una herida abierta
Cuando por fin llegó el final, fue casi anticlimático. Josh Tongue consiguió que Abbas empujara una bola a punto. Poco después, en la última bola del día, Lawrence logró la stumping sobre Razaullah para cerrar la entrada de Pakistán en 453.
El daño ya estaba hecho.
Trescothick no escondió su decepción: “Claro que estoy decepcionado. Estábamos en una posición en la que ellos estaban ocho abajo y los marcadores igualados. Esperábamos pasar por encima de ellos rápido”.
Defendió, eso sí, la variedad de intentos: “Probamos muchas cosas. Bola corta un tiempo, luego bola a la longitud, luego algo de spin. Siempre estás cambiando, con ideas distintas. Siempre piensas que podrías hacerlo mejor y lo analizas después: ‘¿hubo un área o táctica que se nos escapó?’. Esperas que, cuando lanzas en el sitio correcto, que lo hicimos muchas veces, llegue el nick o los bowlees. Justo es decirlo: ellos jugaron bastante bien”.
Ese “bastante bien” es un eufemismo para un día que Pakistán recordará como una pequeña rebelión en Edgbaston y que Inglaterra podría revisar durante meses como un aviso serio. El marcador dice que necesitan solo 130 para cerrar el 3-0.
La pregunta es otra: cuando vuelvan a mirar a un tailender en el número nueve, ¿habrá por fin un plan claro o volverán a descubrir, demasiado tarde, que el caos también sabe batear?






