Rybakina vence a Sabalenka y rompe el sueño del triplete en el US Open
En la pista central de Flushing Meadows, donde el ruido parece no apagarse nunca, Elena Rybakina firmó la victoria más contundente de su temporada y quizá una de las más significativas de su carrera. Venció a Aryna Sabalenka por 6-4, 5-7, 6-2, cortó en seco la ambición de la bielorrusa de encadenar su tercer US Open consecutivo y se llevó un cheque de 7,6 millones de dólares australianos junto al trofeo.
No era una final más. Eran, hoy por hoy, las dos mejores tenistas del circuito frente a frente, sin red de seguridad, en un combate de pegada, nervios y carácter.
Un inicio tenso, una reacción furiosa
Rybakina golpeó primero. Se adueñó del primer set por 6-4, más sólida en los intercambios largos, más limpia en los momentos clave. Sabalenka, en cambio, empezó a dejar escapar puntos que normalmente liquida con los ojos cerrados: una ristra de errores no forzados que encendió todas las alarmas en su banquillo.
La número uno dejó claras sus sensaciones al dejar escapar el segundo parcial en su tramo inicial: gestos de frustración, miradas perdidas, golpes que se marchaban por centímetros. Le costaba encontrar respuestas rápidas para frenar el ritmo de Rybakina, que olía la sangre y aceleraba cada vez que veía dudas al otro lado de la red.
Y, sin embargo, Sabalenka se negó a irse. Ajustó un par de detalles, apretó con el resto, encadenó juegos y acabó arrebatando el segundo set por 7-5. Un pequeño acto de rebelión que mantenía vivo el sueño del triplete en Nueva York y encendía el ambiente en la Arthur Ashe.
El partido parecía entrar en territorio Sabalenka. Intensidad máxima, adrenalina, ruido. Justo su ecosistema.
El set definitivo y el derrumbe
Pero el desenlace tomó otro rumbo. En el tercer set, Rybakina volvió a imponer su ley. Recuperó la calma, afinó el servicio y castigó cada titubeo de Sabalenka. El marcador final, 6-2 en la manga decisiva, refleja bien la diferencia de claridad mental en ese tramo.
La jugada final fue tan fría como contundente: un ace por el centro, seco, inapelable. Campeonato cerrado. La kazaja levantó el puño, se giró hacia su equipo y la Arthur Ashe rugió. Sabalenka, inmóvil por un segundo, vio cómo se escapaba su tercer título seguido en Nueva York.
Entonces llegó la imagen del día.
Mientras Rybakina iniciaba la celebración con su equipo antes de caminar hacia la red, Sabalenka lanzó la raqueta con rabia, cruzando la pista. El impacto bastó para partirla. Un gesto que lo decía todo sobre lo que pensaba de su actuación: rota, como su herramienta de trabajo.
Después, respiró hondo, recogió los pedazos y caminó hacia la red para abrazar a su rival. El protocolo del tenis volvió a imponerse, pero el estallido ya había quedado grabado.
El exjugador australiano Todd Woodbridge, desde la retransmisión, no se mordió la lengua: “Eso es lo que Aryna Sabalenka pensó de ese rendimiento. Rota, destrozada”, analizó. “Es algo que claramente todavía no tiene bajo control: las emociones en los grandes partidos. Nunca es fácil perder, de eso no hay duda. Pero le dejó saber a su rival en el segundo set que estaba sintiendo el calor. Las grandes campeonas no suelen comportarse así”.
Lágrimas contenidas y un podio que sabe a poco
En la ceremonia, Sabalenka intentó contener las lágrimas mientras tomaba el micrófono para el discurso de subcampeona. La voz, por momentos, se le quebró.
“Gracias a todos por su apoyo. Fue increíble jugar este torneo con ustedes”, empezó, mirando a las gradas. “Estoy decepcionada, pero quiero felicitar a Elena por un gran año. Ojalá hubiera podido jugar un poco mejor, pero supongo que siempre quedará el próximo año”.
Una frase corta, pero muy reveladora: la herida es profunda, la ambición sigue intacta.
El tercer grande de Rybakina y una cuenta pendiente
Para Rybakina, el triunfo supone su tercer título de Grand Slam. Ya había conquistado Wimbledon en 2022 y este mismo año el Australian Open. Solo le falta uno para completar el círculo: Roland Garros, el único grande que todavía se le resiste.
“Es difícil encontrar palabras ahora mismo, no esperaba nada de esto al llegar a este torneo”, confesó con el trofeo entre las manos. Explicó que había llegado a Nueva York arrastrando una lesión en el tendón de Aquiles, un detalle que hace aún más llamativa su semana perfecta: “Estaba lidiando con una lesión, pero todo se alineó de mi lado. Aryna, eres una gran campeona, me empujas hasta el límite”.
La kazaja también se rindió a la ciudad y al escenario: “Es increíble, me estoy enamorando de Nueva York cada vez más. Esta atmósfera es increíble y ahora mismo no se siente real”.
No lo parecía. Una jugadora tocada físicamente, que no se veía favorita de salida, acaba levantando el título ante la campeona de los dos últimos años. El tenis, una vez más, ignoró los pronósticos.
Mientras Rybakina abraza la pista dura de Nueva York y Sabalenka se marcha con la raqueta rota y la mirada encendida, el US Open mira ya a su último acto: el lunes por la mañana, hora AEST, Ben Shelton y Alexander Zverev se jugarán el título masculino en otra final que promete ruido, nervios y un nuevo giro de guion en Flushing Meadows.






