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Sabalenka-Rybakina: Final de US Open con cambio de trono asegurado

Aryna Sabalenka aterrizó en Nueva York con una certeza incómoda: ni siquiera ganar el US Open le garantizaba seguir siendo número uno del mundo. Y, a dos días de la final, ya sabe que su reinado de 99 semanas tiene fecha de caducidad.

Elena Rybakina, la mujer que la destronó en Melbourne y que ahora vuelve a cruzarse en su camino en la final del sábado, tiene asegurado el número uno desde que pisó las semifinales en Flushing Meadows. El relevo ya está firmado en el ranking. Falta ver quién se lleva el trofeo.

Rybakina, nueva número uno… y vieja herida

La jugadora de Kazajistán no solo llega con la tranquilidad del objetivo matemático cumplido. Llega, además, con la autoridad de quien ya golpeó donde más duele: en una final de Grand Slam.

En enero, en el Australian Open, Rybakina se impuso a Sabalenka para levantar el título y encender una rivalidad que ya es uno de los ejes del circuito femenino. Ahora tiene en la mano algo más que un trofeo: la posibilidad de agrandar la brecha emocional con la bielorrusa.

“Va a ser como un trapo rojo para un toro, no va a estar nada contenta”, advirtió la ex número uno británica Annabel Croft en BBC Radio 5 Live. Y ahí está el otro lado de la historia: el orgullo herido de Sabalenka.

Sabalenka, entre el adiós al número uno y la historia en Nueva York

Sabalenka ha perdido el trono, pero no el hambre. La bielorrusa, campeona en Indian Wells y Miami ante Rybakina tras aquella final de Melbourne, persigue algo que muy pocas han logrado: convertirse en apenas la tercera mujer en la era Open que gana el título individual del US Open tres años seguidos.

Su victoria en semifinales ante la estadounidense Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, fue su mejor versión en meses. Intensa, agresiva, liberada. Esa mezcla de fuego y desahogo competitivo que había desaparecido en la segunda mitad de la temporada reapareció justo cuando más falta le hacía.

Después del partido, Sabalenka restó importancia a la pérdida del número uno, bromeando con que no le importaba. Pero el entorno dejó claro que sí duele.

Su entrenador Anton Dubrov lo explicó sin rodeos: “En realidad me gusta que esto haya pasado. Se acabó y es combustible extra”. Para él, el asunto del ranking se había convertido en una losa mental. “Ya no hay más desgaste extra ni estar pensando en eso. Ahora empieza el siguiente capítulo. Tienes que volver a perseguirlo. Es motivación extra. Solo ve y recupéralo”.

Cinco meses de dudas y partidos regalados

La defensa del título en Nueva York llegaba marcada por una secuencia inquietante. Durante los últimos cinco meses, Sabalenka acumuló derrotas desde posiciones de absoluto control ante rivales a las que, sobre el papel, debía imponerse.

El derrumbe más llamativo llegó en los cuartos de final de Roland Garros. Un set arriba y doble break de ventaja ante la 25ª cabeza de serie, Diana Shnaider. Partido encarrilado. Terminó con un 3-6, 7-5, 6-0 que encendió todas las alarmas.

No fue un caso aislado. En Madrid desperdició seis puntos de partido ante Hailey Baptiste. En Roma dejó escapar un primer set ganado frente a Sorana Cirstea. Errores repetidos, la mente desconectada en momentos en los que antes imponía autoridad en el circuito WTA.

La grieta mental siguió asomando en la gira norteamericana de pista dura. En Cincinnati, ante la checa de 20 años Sara Bejlek, volvió a adelantarse con claridad para acabar perdiendo en dos mangas. Demasiadas señales en la misma dirección.

Un equipo que no entra en pánico

Pese a la racha, ni Sabalenka ni su equipo apretaron el botón del pánico. Jason Stacy, su preparador de alto rendimiento, lo resumió con calma: “Todos entendemos que esto forma parte del proceso”.

La estrategia fue más de acompañar que de corregir a gritos. “Le damos espacio para ser ella misma, la ayudamos a encontrar qué puede funcionar para ella en este momento”, explicó. Libertad con red de seguridad. “Darle esa libertad, pero sabiendo que tiene nuestra guía, le da una fuerza que pocas tienen la suerte de sentir”.

Ese equilibrio se vio reflejado en la pista ante Pegula: menos rigidez, más instinto, pero con un plan claro. Una Sabalenka menos obsesionada con defender un número uno y más centrada en atacar cada punto.

Una final con cuentas pendientes

El duelo del sábado tiene mucho más que un título en juego. Rybakina ya tiene asegurado el ascenso a la cima del ranking y la tranquilidad de quien juega con el viento a favor. Sabalenka, en cambio, salta a la pista con una mezcla peligrosa: orgullo herido, revancha por Melbourne, deseo de hacer historia en Nueva York y la necesidad íntima de demostrar que el número uno perdido es solo una pausa, no un final.

Para una campeona que ha vivido cinco meses de dudas y partidos regalados, no hay escenario más crudo ni más perfecto que una final del US Open ante la mujer que le arrebata el trono.

La corona cambia de manos el lunes. La pregunta es sencilla y brutal: ¿quién llegará a ese día con el trofeo bajo el brazo?