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Sanju Samson: talento y inestabilidad en el cricket

La carrera internacional de Sanju Samson se ha convertido en uno de los grandes enigmas del cricket indio moderno. Un bateador con clase, un guardián de wicket fiable, héroe en grandes noches… y, sin embargo, un nombre que entra y sale de las convocatorias como si fuera prescindible. Ravichandran Ashwin ha puesto voz a lo que muchos piensan: este vaivén constante ya no es solo un asunto de selección, sino una carga mental pesada.

Un debut temprano, una ruta empinada

Samson debutó con India en 2014. Tenía el aura del elegido: técnica pulida, tranquilidad bajo presión, capacidad para cambiar el ritmo de un partido en pocos overs. Pero una década después, su historia no es la de un titular indiscutible, sino la de un jugador que nunca termina de asentarse.

Ashwin lo resume con crudeza. Para él, el problema no es solo la cantidad de oportunidades, sino la forma en que llegan y desaparecen. Incluso cuando Samson responde, la recompensa rara vez es una racha larga de partidos.

El exspinner plantea un escenario que golpea de lleno: Samson brilla en un Mundial, viaja a Irlanda y allí, donde casi todos los bateadores sufren, él cumple. Luego llega Inglaterra, falla en un solo encuentro y se queda fuera. “Si eres Samson, ¿no sentirías que lo hiciste de maravilla en el World Cup y después en Irlanda todos los bateadores tuvieron problemas? Luego falla un partido en Inglaterra y lo descartan. Debe estar librando duras batallas mentales y preguntándose por qué nadie entiende su situación. Su camino no ha sido fácil, considerando que empezó en 2014”, señaló Ashwin.

Del cielo del World Cup al banco

El contraste más llamativo llega tras el ICC Men’s T20 World Cup 2026. Samson no fue un actor secundario: fue nombrado Player of the Tournament. Un sello de élite en el escenario más grande del formato corto.

Ese impulso continuó en la gira por Irlanda, donde volvió a dejar buenas sensaciones. Parecía, por fin, el inicio de una etapa estable. Sin embargo, la cuerda se cortó rápido. Tres fallos consecutivos en T20I bastaron para que perdiera su sitio en el XI para el segundo T20I ante Inglaterra en julio, desplazado por el joven Vaibhav Sooryavanshi.

Samson regresó para el último partido de la serie, pero el golpe ya estaba dado. Al anunciarse la lista para la gira T20I a Zimbabue, su nombre no apareció. Otro parón brusco en una carrera llena de interrupciones.

La siguiente ventana se abrió frente a Afganistán. Volvió al XI en el primer T20I, una nueva oportunidad para recomponer su narrativa. Esta vez, solo 10 carreras en ocho bolas. Suficiente para reactivar las dudas, reavivar debates y dejar otra vez su lugar bajo el microscopio.

Comparaciones, presión y un ruido que no cesa

Ashwin va un paso más allá y apunta a un ángulo incómodo: la comparación permanente con Vaibhav Sooryavanshi. No se trata solo de evaluar a Samson por lo que hace o deja de hacer, sino de medirlo contra el joven que se queda fuera cuando él juega.

“Cuando juega bien, la gente da la sensación de decir: ‘Te lo dije desde entonces’. Pero cuando falla, dirán que nunca rinde y que es inconsistente, así que le meten presión. Nunca sabes si la acusación es por el fallo de Samson o por Vaibhav Sooryavanshi sentado fuera porque él está jugando. Te preguntas cómo se sentirá ser Sanju Samson”, reflexionó Ashwin.

Ahí está el núcleo del problema: Samson parece atrapado en una narrativa que no controla. Si anota, muchos lo usan para reivindicarse. Si falla, se convierte en el ejemplo perfecto del jugador “irregular”. Entre medias, se pierde el matiz, se diluye el contexto y se olvida que, detrás del casco y los guantes, hay un deportista lidiando con expectativas cambiantes y una cuerda mucho más corta que la de otros.

Un talento en la cuerda floja

La historia reciente de Samson no habla de un jugador al final de su recorrido, sino de alguien que, tras ganar un premio de mejor jugador en un World Cup, todavía pelea por algo tan básico como una secuencia estable de partidos.

Ashwin ha encendido el foco sobre el ángulo mental: una década de idas y venidas, de explotar en grandes escenarios y, aun así, vivir con la sensación de estar siempre a un fallo de distancia del banquillo. En un equipo con tanta profundidad de talento, la competencia es feroz, sí. Pero la pregunta que deja flotando el exspinner es otra.

¿Cuánto más podrá India permitirse tener a un Player of the Tournament viviendo al filo de la navaja en cada selección?