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Sonny Baker transforma el partido en Cardiff

En un Sophia Gardens pesado, húmedo y traicionero para los bateadores, Hampshire convirtió un total aparentemente modesto en un arma de presión constante. Glamorgan cerró un primer día turbulento con 111-7 en respuesta a los 162 de los visitantes, y el nombre que se llevó todos los focos apareció tarde… pero a lo grande: Sonny Baker.

El joven rápido inglés, liberado del equipo de Test en Lord’s, llegó como “supersub” y necesitó solo seis bolas para cambiar el tono de la tarde en Cardiff. Dos wickets en su primer over, el estadio en silencio y Hampshire, colista, oliendo una ventaja de primera entrada que hace unas horas parecía lejana.

Un 162 que empezó pareciendo corto… y terminó pareciendo oro

Hampshire había sufrido lo suyo. En un campo con costura viva y atmósfera pegajosa, cada error se pagaba. Nick Gubbins cayó pronto, cazado en el slip ante Timm van der Gugten justo antes de una breve interrupción por mala luz. Toby Albert, que había comenzado con determinación, vio cómo Zain Ul Hassan le arrancaba el off-stump por solo 10.

Ali Orr y Jake Lehmann intentaron recomponer la entrada, devolviendo algo de calma al marcador. Orr, sin embargo, no pasó de 35: Ul Hassan le atrapó lbw y abrió una brecha que ya no se cerraría. A partir de ahí, Lehmann tuvo que sostener el peso de la alineación casi en solitario.

El australiano, sereno en el caos, firmó un 51* vital, el único de Hampshire que superó la barrera de los 20 junto a un breve cameo de Kyle Abbott, que golpeó con fuerza para 16. Nadie más en dobles dígitos. El resto fue un desfile de errores forzados por un ataque local que olió sangre desde la primera sesión.

Ul Hassan (3-33) y Mir Hamza (3-39) atacaron sin descanso, siempre en la zona peligrosa, mientras Van der Gugten se mantenía tenso y amenazante. Dan Douthwaite, en su primer partido de bola roja en dos años, sumó dos wickets aunque concedió más de la cuenta. En esas condiciones, 162 parecía, como mínimo, vulnerable.

Pero el guion cambió en cuanto Hampshire tomó la nueva pelota.

Jack y Abbott abren la herida

Eddie Jack marcó el tono con un primer over de manual. Extra de ritmo, extra de rebote, y máxima precisión. Asa Tribe y Kiran Carlson, ambos sin anotar, cayeron cazados en el tercer slip por Lehmann, que pasó de ancla con el bate a imán con los guantes. Dos bolas, dos errores castigados, y Glamorgan aturdido.

El golpe se profundizó cuando Ul Hassan, esta vez con el bate, se convirtió en el tercer pato consecutivo. Abbott le atrapó lbw y el marcador se desplomó a un surrealista 2-3. En un abrir y cerrar de ojos, ese 162 de Hampshire ya no parecía tan pequeño. Parecía un muro.

Glamorgan necesitaba un respiro. Lo encontró en la pareja formada por Colin Ingram y Ben Kellaway.

Kellaway resiste… hasta que llega Baker

Ingram (32) y Kellaway tejieron la única asociación de verdadero peso del día: 65 carreras para el cuarto wicket que devolvieron algo de cordura al tablero. Kellaway, promovido este año al número cuatro, respondió con madurez y autoridad. Ocho fours, golpes limpios, lectura clara de la longitud. En un día para los bowlers, él fue el bateador más fluido sobre el césped.

Cuando parecía que Glamorgan empezaba a respirar, Abbott volvió a la carga. En su segundo spell, el veterano sudafricano hizo valer toda su experiencia: Ingram, lbw; Sean Dickson, limpio, con la defensa destrozada. Otro giro de tuerca. Glamorgan, de nuevo, tambaleándose.

Kellaway siguió en pie, navegando el caos. Se convirtió en el máximo anotador de la jornada con 57, una entrada que sostuvo la esperanza local mientras el resto se desmoronaba a su alrededor. Pero la verdadera sacudida aún no había llegado.

El impacto del “supersub”

Tras un largo calentamiento en la banda, Sonny Baker entró al campo con Glamorgan en 97-5. Un over después, tomó la pelota. Y la atmósfera cambió.

Primera bola: golpe en la pierna de Chris Cooke. Advertencia. Segunda: Cooke, batido por el exterior, sin respuesta. Tercera: los stumps vuelan. Baker, al fin en acción plena, había anunciado su llegada.

La sexta bola fue incluso más decisiva. Kellaway, el hombre que sostenía todo, tocó y fue cazado detrás. Glamorgan, de golpe, se quedó sin su referencia. En cuestión de un solo over, Baker había arrancado el corazón de la respuesta local.

Cuando la luz volvió a empeorar, el marcador mostraba 111-7 tras 38 overs. Quedaban 15 por jugarse, pero los umpires no quisieron arriesgar. La jornada se cerró con Hampshire claramente encaminado a una ventaja de primera entrada, un escenario impensable cuando su propio marcador se había detenido en 162.

Un partido atrapado entre la lluvia y la redención

Las previsiones meteorológicas no son amables con lo que queda de partido. La lluvia y la mala luz amenazan con morder el tiempo de juego, y cualquier avance podría ser fragmentado, a trompicones. Pero, por ahora, el colista ha encontrado una rendija.

Hampshire ha sobrevivido a un ataque local feroz, ha aprovechado al máximo cada centímetro de humedad en el aire y ha visto cómo un “supersub” de lujo, Sonny Baker, transformaba un día complicado en una oportunidad real.

Si el clima lo permite, la pregunta es clara: ¿podrá Glamorgan recomponerse desde este 111-7 o recordará este día como la ocasión en que un total de 162 fue más que suficiente para cambiar su semana?