St Patrick’s Athletic sorprende a Shamrock Rovers en el derbi
En Richmond Park no solo se jugaba un derbi. Se jugaba el pulso de una liga que parecía sentenciada hace apenas cinco semanas. Y St Patrick’s Athletic la volvió a encender con una victoria feroz ante el campeón Shamrock Rovers, sostenida en dos zarpazos en la primera parte de Jay McClelland y Aidan Keena.
El 2-0 lanza a los de Stephen Kenny de lleno a la pelea por el título de la SSE Airtricity Men’s Premier Division y agranda la herida de unos Rovers que llegaron a tener 10 puntos de ventaja en la cima. Ahora, el panorama ha cambiado por completo.
St Pat’s ya había echado a Rovers de la Club Orange Men’s FAI Cup el mes pasado. Este sábado, remató la revancha liguera: después de tres derrotas ante los Hoops en el campeonato, el giro de guion fue total.
Si ganan el lunes a Dundalk en Oriel Park, los Saints se colocarán líderes por diferencia de goles. Rovers, eso sí, aún conservarán un partido pendiente… nada menos que ante Bohemians, que también se han metido en la pelea tras remontar un 2-0 para ganar 3-2 a Galway United en Eamonn Deacy Park. El campeonato, de repente, arde.
Golpe inicial: McClelland enciende Richmond Park
St Pat’s salió con una idea clara: morder desde el primer minuto. Y lo logró. En la primera llegada seria del partido, a los cuatro minutos, el plan de Kenny se plasmó en el marcador.
Jamie Lennon, ancla del centro del campo, dibujó la jugada. Combinó en largo con Ryan Sheridan, el joven de 17 años que debutaba como titular en liga, y recibió de vuelta para colgar un centro medido al segundo palo. La pelota viajó con intención y McClelland, llegando desde atrás, la cazó con un voleón de interior que besó el larguero por debajo antes de entrar. Primer gol liguero de la temporada para él. Golazo. Y estallido en Inchicore.
El tanto no descompuso a Rovers, que se adueñaron del balón con su habitual paciencia. Toque corto, circulación, cambios de orientación. Pero se toparon con un St Pat’s compacto, hundido cuando tocaba, agresivo en cada duelo. No es casualidad que los Saints presuman de la mejor defensa del campeonato.
Tardó 24 minutos el campeón en obligar a intervenir a Joseph Anang. El guardameta ghanés voló hacia su izquierda para desviar con una mano el sutil toque de Roberto Lopes, capitán de los Hoops, tras una jugada de estrategia iniciada en un córner que Jack Byrne recicló con inteligencia. Fue un aviso. Parecía que el dominio empezaba a traducirse en peligro.
El zarpazo de Keena y un perdón que pudo ser mortal
Justo cuando Rovers comenzaban a asentarse en campo rival, St Pat’s les castigó a la contra. Minuto 33. Una transición, un desajuste, un castigo.
Zach Elbouzedi recibió con tiempo y espacio en la derecha. Levantó la cabeza, eligió el momento y puso un centro tenso al corazón del área. Keena, siempre vivo, giró sobre sí mismo con un movimiento de delantero puro y golpeó con la derecha cruzado, lejos del alcance de Ed McGinty. 2-0. Otro rugido en Richmond Park.
Y el campeón se tambaleó. Tanto, que el partido pudo quedar casi sentenciado un minuto después. Lopes, recién amonestado por una falta sobre Ryan Edmondson, resbaló en la salida de balón y regaló una autopista a Sheridan. El chaval encaró, decidió rápido, pero McGinty aguantó firme y salvó a los suyos en el mano a mano.
Rovers, aturdidos por el marcador, siguieron fieles a su libreto. Pases, paciencia y búsqueda de espacios. Pero siempre se toparon con una muralla roja. Joe Redmond, capitán de St Pat’s, se cruzó providencial para bloquear un remate de Michael Noonan a pocos metros de la portería, una acción que valió casi como un gol.
Jack Byrne lanzó córner tras córner. Cinco saques de esquina sin premio. En uno de ellos, el rechace le cayó a Dylan Watts, que conectó un disparo centrado, fácil para Anang. Con esa mezcla de frustración y desconcierto, los Hoops se marcharon al descanso sin entender cómo iban dos abajo.
Asedio sin premio y una muralla llamada St Pat’s
Stephen Bradley movió ficha al descanso: Adam Brennan entró por Tunmise Sobowale. El mensaje era claro. Rovers iban a por el partido. Y lo hicieron.
Desde la reanudación, el juego se inclinó hacia la portería de Anang. Watts lo intentó de falta, pero su lanzamiento no inquietó al guardameta. El campeón empujaba, pero St Pat’s no se encogía. Al contrario: cada recuperación era una amenaza.
McGinty tuvo que intervenir de nuevo, esta vez ante Keena y Lennon, que probaron suerte en transiciones rápidas. St Pat’s no se limitó a sufrir; supo morder cuando el espacio se abría.
Con los cambios, Rovers ganaron piernas frescas y algo más de chispa. Jake Mulraney, desde el banquillo, buscó el gol con un disparo lejano que se marchó por poco. Dan Cleary también probó fortuna desde fuera del área. La sensación era de asedio constante, pero sin colmillo dentro del área.
Kenny refrescó su equipo con Romal Palmer, Chris Forrester, Anto Breslin, Anthony Olusanya y James Brown, dando aire a un bloque que había trabajado al límite en defensa. La estructura, sin embargo, no se rompió. La línea de tres atrás con Sean Hoare, Redmond y Luke Turner sostuvo cada centro, cada balón dividido, cada segunda jugada.
El reloj se convirtió en enemigo de Rovers y aliado de St Pat’s. Cada despeje levantaba a la grada. Cada entrada ganada reforzaba la sensación de que la noche iba a ser suya.
Al final, el campeón chocó una y otra vez contra el mejor sistema defensivo de la liga. Sin premio, sin gol y sin excusas.
El pitido final no solo certificó un 2-0. Confirmó que el título ya no pertenece a nadie. Y que St Patrick’s, con Stephen Kenny al mando y una defensa de acero, ha decidido meterse de lleno en la conversación. La pregunta ahora es sencilla y brutal: ¿tendrán los Hoops la cintura mental para volver a levantarse cuando el calendario aprieta y los perseguidores ya huelen sangre?






