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Tory Burch sorprende en New York Fashion Week con su desfile en el Sunken Garden

NUEVA YORK – Lista o no, aquí viene.

Cuando parece que Tory Burch ya ha mostrado todas sus cartas, vuelve a girar el tablero. El jueves 10 de septiembre llevó su desfile de New York Fashion Week al Sunken Garden de Isamu Noguchi, en el bajo Manhattan, y convirtió un espacio hundido en una plataforma para elevar, otra vez, su condición de diseñadora clave de la moda estadounidense.

El ambiente, antes de que saliera el primer look, ya era un espectáculo. Lauryn Hill ocupó el foco como solo ella sabe hacerlo, sentada en primera fila entre su hija Sara Marley y su sobrina Kymora Marley. A su lado, Amanda Seyfried, Chloe Fineman, la inamovible Anna Wintour y una constelación de rostros conocidos: la joven sensación del US Open Alex Eala, la cantante Ravyn Lenae, Padma Lakshmi y la directora Janicza Bravo.

Hill, con gafas de sol sobredimensionadas, top verde oliva ceñido y falda de volantes a juego, rematada con un pañuelo de seda delicadamente apoyado sobre la cabeza, acaparó los flashes desde todos los ángulos. Sobre su regazo, y en las manos de prácticamente toda la primera fila, el nuevo objeto de deseo de la casa: el bolso Bunny Knot, en su caso en un tono amarillo mantequilla, con el nudo oscuro creando un efecto de lunares.

La banda sonora marcó el tono de la noche. Burch, que ya había dado que hablar con elecciones musicales como “9 to 5” de Dolly Parton en su presentación de otoño/invierno 2026, abrió el desfile con “Bad Moon Rising” de Creedence Clearwater Revival antes de dejar que sonara “Boadicea” de Enya, el tema que Lauryn Hill y The Fugees samplearon en “Ready or Not” en 1996. Un guiño directo a la invitada más observada. Curiosamente, una hora más tarde, en un recinto de Chelsea, el desfile de Public School utilizó el mismo instrumental en su pasarela.

No era la primera vez que Burch jugaba con espacios escultóricos y circulares. En septiembre de 2023, en el Gilder Center del American Natural History Museum, inició lo que muchos ya llaman la “Tory-ssance”: una reciente­ración de la marca hacia una frescura más cool, con filo, con nervio. Aquella fue la declaración de intenciones. Lo de este jueves, la confirmación.

En el primer día oficial de New York Fashion Week, Burch se atrevió con lo que parecía un cliché imposible de renovar: las flores para la primavera. Y las hizo estallar de otra manera. Bordados florales y guirnaldas que recordaban a las gajra, colgadas alrededor del cuello o llevadas en la mano junto al bolso, se tiñeron de combinaciones inesperadas: lavanda con verde azulado, berenjena con verde esmeralda, amarillo mantequilla con grises profundos, verde kelly con morado intenso.

Una chaqueta marrón dorada, de textura casi vegetal, se convirtió en una de las piezas más comentadas, como si estuviera a punto de florecer sobre el cuerpo de la modelo. El drapeado característico de la firma en los cuerpos de los vestidos desembocaba en faldas fluidas, que se movían con ligereza sobre el cemento del jardín hundido.

Emily Ratajkowski, una de las musas recurrentes de Burch, apareció en la pasarela con un conjunto que resumía esa nueva tensión entre sensualidad y funcionalidad: una camiseta sin mangas ligeramente translúcida en azul marino con detalles rojos, falda midi plisada a juego y cinturón marrón con medallón. Sencillo en apariencia, calculado al milímetro en impacto.

En las notas del desfile, la diseñadora lo definió con precisión: “Opulent femininity meets American pragmatism, seen through the collector’s eye”. Y añadió que su colección de primavera/verano 2027 “explora la psicología de cómo las mujeres lo encajan todo. Quieren belleza, utilidad y humor: la alegría de vestirse”.

Esa frase no se quedó en el papel. Se vio en cada look: prendas pensadas para una mujer que acumula piezas, recuerdos y referencias, que mezcla un bolso fetiche con una falda que se mueve, que exige que su ropa trabaje tanto como ella, pero que no renuncia al juego. Burch bajó al subsuelo del Sunken Garden para demostrar que su nueva altura creativa no es un destello pasajero, sino un punto de partida. Y en una semana de la moda saturada de ruido, su mensaje entró claro: la próxima gran revolución de su marca ya está en marcha.