logo

Alexander Zverev conquista su segundo Grand Slam en el US Open

NUEVA YORK — Alexander Zverev vive su mejor año como profesional. Y, al mismo tiempo, se alarga una sequía que pesa cada vez más sobre el tenis masculino estadounidense.

El alemán conquistó su segundo título de Grand Slam al imponerse a Ben Shelton por 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2 en la final del US Open, silenciando a un Arthur Ashe Stadium que soñaba con celebrar al primer campeón local desde 2003.

Zverev cierra viejas heridas

Zverev ya había roto su techo este año en Roland Garros. En Nueva York, completó el círculo: levantó el trofeo que se le escapó de forma cruel en 2020, cuando dejó ir una ventaja de dos sets ante Dominic Thiem y se convirtió en el primer jugador desde 1949 en perder una final de Grand Slam tras ir dos mangas arriba.

Aquella noche dejó cicatrices. Las de hoy parecen borradas.

Convertido por primera vez en cabeza de serie número 1 en un grande, Zverev aprovechó el vértigo de Shelton en su primera final de Grand Slam. Dominó el arranque, jugó un desempate casi perfecto y, cuando el estadounidense amagó con la remontada, apretó los dientes para sofocar el incendio.

Su temporada lo explica todo: campeón en París, finalista en Wimbledon —donde cayó ante Jannik Sinner— y ahora rey en Nueva York, donde heredó el puesto de primer cabeza de serie tras la retirada de Sinner por lesión de rodilla.

El sueño americano se hace esperar

Shelton cargaba con una doble misión. Quería convertirse en el primer estadounidense en ganar un grande desde Andy Roddick en este mismo escenario en 2003 y, además, en el primer jugador negro en levantar el título masculino en Flushing Meadows desde Arthur Ashe en 1968.

La grada lo entendió desde el primer minuto. El público se puso en pie y rugió cuando Shelton apareció por el túnel. Era una bienvenida de campeón. El problema llegó cuando empezó a volar la pelota.

Sirvió primero. Perdió los dos primeros puntos. Y acabó entregando el juego inicial con una doble falta. Un mal presagio que se confirmó al final del set: 6-3 para Zverev, también cerrado con una doble falta del estadounidense. Demasiados regalos ante un número 1.

Shelton venía de protagonizar la noche más larga del torneo, con una victoria épica en cinco sets ante Carlos Alcaraz en cuartos, en un duelo que terminó a las 3:33 de la madrugada, la hora más tardía en la historia del US Open. También había eliminado al campeón defensor. Le faltaba el último paso: tumbar al 1 y al 2 del cuadro en el mismo torneo, algo que no se ve en Nueva York desde 1975.

No lo consiguió. El cabeza de serie número 8 se quedó en 0-6 en sus enfrentamientos con Zverev, aunque esta vez al menos logró arañarle un set por segunda ocasión.

Tiene 23 años. Tendrá más oportunidades. La afición estadounidense, en cambio, empieza a cansarse de esperar.

Silencio, manda Zverev

El alemán también jugó el partido fuera de los intercambios. Su ritmo pausado al servicio desactivó buena parte del ambiente. En tenis, el público debe callar mientras el sacador se prepara y durante el punto. Zverev, que bota la pelota una y otra vez —a veces diez, doce, otras casi veinte—, estira esos segundos hasta convertirlos en pequeños vacíos de sonido.

La grada intentó romper ese patrón. Cada vez que fallaba el primer saque, algunos celebraban, algo que va contra las normas no escritas del circuito y que obligó al juez de silla a llamar al orden. Zverev, que ya había avisado antes de la final de que disfruta en atmósferas hostiles, apenas parpadeó.

El momento clave llegó en el segundo set, en el desempate. Shelton tenía la oportunidad de equilibrar la final. Zverev la destrozó en unos pocos puntos.

El estadounidense devolvió largo el primer servicio. Después, el alemán lo superó con un passing soberbio. Luego ganó un peloteo de 16 golpes que lo puso 3-0 arriba. Desde ahí, soltó el brazo: un saque a 147 millas por hora, otro a 124, ambos inalcanzables. Shelton logró acercarse a 5-2 y, por fin, poner un resto en juego, pero perdió también ese punto. Zverev cerró el desempate con otro misil a 139 millas por hora. Set al bolsillo. Golpe psicológico demoledor.

Shelton reaccionó con orgullo para llevarse el tercer set y alargar la noche, pero el alemán no estaba dispuesto a reabrir viejos fantasmas. En el cuarto, recuperó el control, ajustó el servicio y castigó cada titubeo del estadounidense hasta sellar el 6-2 definitivo.

La sequía estadounidense ya roza las dos décadas y media. Zverev, mientras tanto, ha dejado de ser la eterna promesa para instalarse, por fin, en el territorio de los campeones múltiples. La pregunta, ahora, no es si lo merecía en 2020. Es cuántos más puede ganar a partir de aquí.