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Zverev derrota a Khachanov y avanza a la final del US Open

Alexander Zverev ya juega en otra liga. El alemán, primer cabeza de serie en Nueva York, despachó a Karen Khachanov en tres sets y se metió en su tercera final de Grand Slam consecutiva, esta vez en el US Open, con un 6-3, 7-6 (9/7), 7-6 (8/6) que dijo mucho más de su temple que del marcador.

Viene de ganar Roland Garros. Viene de ser finalista en Wimbledon. Ahora, vuelve al escenario donde en 2020 se le escapó el título ante Dominic Thiem en cinco sets. No lo olvida. Y se nota en cada punto apretado.

Un inicio firme, sin brillo… pero sin concesiones

El arranque fue quirúrgico por parte de Zverev. Sin alardes, pero con una claridad brutal: asegurar el saque, castigar el segundo servicio del ruso y marcar territorio desde el fondo. Khachanov, número 50 del mundo, nunca encontró fisuras reales en ese primer set. El alemán se adelantó pronto con un quiebre y manejó la ventaja con autoridad.

El 6-3 inicial tuvo algo de declaración de intenciones: Zverev no estaba dispuesto a regalar energía ni a repetir las maratonianas batallas de las dos primeras rondas, en las que pasó nueve horas y 26 minutos en pista para sobrevivir a dos duelos a cinco sets. Esta vez, el guion debía ser distinto.

Khachanov se rebela y fuerza el drama

El partido cambió de tono en el segundo set. Khachanov dejó de mirar el marcador y empezó a mirar a Zverev. Más agresivo, más suelto, con gestos de rabia y sonrisa desafiante cuando por fin encontró huecos.

El punto de giro llegó en el cuarto juego. Un passing shot cruzado, casi a ciegas, que se coló junto a la línea y arrancó una sonrisa del ruso. Tres puntos después, un derechazo ganador le dio su primera bola de break. La aprovechó de la forma más inesperada: doble falta de Zverev.

De repente, el partido ya no era un monólogo. El ruso golpeaba con violencia, sostenía peloteos largos y se ganaba el derecho a creer. El set se fue al tie-break y ahí se vio la versión más feroz de ambos.

Khachanov levantó dos puntos de set con un latigazo de derecha y un revés paralelo magnífico. Parecía que el impulso era suyo. Pero Zverev, que ha aprendido a sufrir sin descomponerse, se agarró al saque, ajustó un par de devoluciones y cerró el desempate 9/7. El puño apretado, nada más. Sin celebración exagerada, pero con la sensación de haber esquivado un problema serio.

“Victoria en tres sets, pero de sencilla no tuvo nada”, admitió después. “Él jugó increíble, luchó increíble”.

Máxima tensión, cero quiebres y un cierre de campeón

El tercer set fue una cuerda tensa. Ninguno de los dos concedió una sola bola de break. Saques ganadores, primeros servicios a la línea, peloteos que terminaban en errores mínimos. El tipo de parcial que suele decidir quién está preparado para ser campeón y quién no.

El desenlace, otra vez, en el tie-break. Y esta vez, el que golpeó primero fue Khachanov. Se puso 6-4, dos puntos de set, el partido a un solo acierto para alargar la noche en Nueva York.

Pero cuando el ruso olió la oportunidad, apareció el vértigo. Dos errores de derecha, dos golpes que se le marcharon largos, y la puerta se cerró de golpe. Zverev no perdonó: sacó un ace, el número 15 de su cuenta, y remató el triunfo en el siguiente punto, forzando otro error de derecha del ruso.

“En el segundo y tercer set fue obvio que podían haber caído para cualquiera de los dos”, reconoció el alemán. “Jugué unos pocos puntos mejor aquí y allá, y estoy feliz con la victoria”.

Feliz, sí. Pero sobre todo, implacable.

De las dudas iniciales a un candidato feroz

El recorrido de Zverev en este US Open no empezó con brillo. Dos partidos a cinco sets en las dos primeras rondas, demasiado tiempo en pista para alguien que aspira al título. Parecía pesado de piernas, sin la chispa que mostró en París o Londres.

Desde entonces, ha ido afinando. Menos errores, más claridad táctica, mejor selección de golpes en momentos clave. Ante Khachanov, necesitó dos horas y 57 minutos para frenar el intento del ruso de convertirse en el finalista de Grand Slam con peor ranking desde Marcos Baghdatis, número 54 en el Abierto de Australia 2006.

No lo permitió. Igual que ya le negó el oro olímpico en la final de Tokio 2021, volvió a imponerse en un escenario grande. Khachanov ofreció resistencia, carácter y tenis de alto nivel, pero se estrelló contra un jugador que ahora mismo parece construido para este tipo de noches.

El sueño americano en juego… y un alemán dispuesto a romperlo

El domingo le espera un estadounidense: Ben Shelton o Frances Tiafoe, que se miden en una semifinal cargada de simbolismo para el tenis de Estados Unidos. Dos jugadores eléctricos, carismáticos, con un público entregado y una misión compartida: acabar con una sequía que ya dura 23 años.

Desde el título de Andy Roddick en 2003, ningún hombre estadounidense ha levantado un Grand Slam. Shelton llega después de tumbar al campeón defensor y siete veces ganador de grandes, Carlos Alcaraz, en un cuarto de final memorable que se alargó hasta las 3:34 de la madrugada, la hora más tardía en la historia del torneo. Es la victoria de su vida. Y lo ha puesto a un paso de su primera final de un major.

Tiafoe persigue exactamente lo mismo. Ambos se juegan mucho más que un billete a la final: se disputan el derecho a ser el rostro del renacimiento del tenis masculino estadounidense.

Shelton manda en el cara a cara, pero sus duelos en Nueva York llegan empatados: el joven zurdo se impuso en los cuartos de final de 2023, Tiafoe se vengó en la tercera ronda del año siguiente. Ahora, el premio es infinitamente mayor.

Zverev lo sabe. Y no se esconde. Ya lanzó su mensaje, mitad broma, mitad advertencia: espera que el domingo pueda “evitar que el sueño americano se haga realidad”.

Un torneo marcado por la memoria y por el cambio

La jornada en Flushing Meadows tuvo también un tono solemne. Durante los himnos nacionales, tanto en la sesión diurna como en la nocturna, el estadio recordó el 25º aniversario de los atentados del 11 de septiembre, que derribaron las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York. Un silencio pesado, respetuoso, que contrastó con el estruendo habitual de las gradas.

En el cuadro femenino, la final del sábado añade otro capítulo al cambio de guardia en la cima del circuito. Elena Rybakina, de Kazajistán, buscará impedir que Aryna Sabalenka conquiste su tercer título consecutivo en el US Open, pocos días después de arrebatarle el número uno del mundo al alcanzar las semifinales.

Mientras tanto, en el cuadro masculino, la historia vuelve a colocar a Alexander Zverev frente a la oportunidad que persigue desde hace años. Ya sabe lo que es rozar el trofeo y verlo escapar. La pregunta es si esta vez, con el público en contra y el sueño de un país al otro lado de la red, estará dispuesto a dejarlo ir.