Lewis Hamilton y su sueño hecho realidad con el Ferrari F40
Lewis Hamilton ya tiene entre manos algo más que un monoplaza rojo. En Maranello, lejos del ruido de la Fórmula 1, el siete veces campeón del mundo trabaja codo a codo con los ingenieros de Ferrari para devolver a la vida el coche que siempre soñó: un Ferrari F40 propio, restaurado desde las entrañas.
No es un capricho cualquiera. Entre 1987 y 1993 solo se fabricaron 1.311 unidades del F40, el último gran superdeportivo lanzado en vida de Enzo Ferrari y una pieza de colección que, casi cuatro décadas después, sigue siendo objeto de deseo. Motor central, tracción trasera, ingeniería firmada por Nicola Materazzi y líneas eternas dibujadas por Pininfarina: un icono absoluto.
Hamilton lo sabe bien.
El británico ha declarado en más de una ocasión que el F40 es el coche de sus sueños. De niño lo imaginaba en pósters; hoy lo tiene en sus manos. Y no como un simple juguete de lujo, sino como un proyecto personal que le ha llevado a sumergirse en los talleres de Maranello.
Cuando fichó por Scuderia Ferrari para la temporada 2025 de Fórmula 1, ya dio una pista clara de lo que significaba este modelo para él: se presentó en su primer día en la fábrica acompañado de un F40. Meses después, volvió a dejar huella al ser visto conduciendo otro F40 por las calles de Japón durante el fin de semana del Gran Premio de Japón. No era marketing. Era devoción.
Ahora ha ido un paso más allá. Hamilton ha encontrado una unidad que llevaba más de treinta años parada en un garaje, cubierta de polvo, olvidada. Justo el tipo de hallazgo que hace latir más rápido el corazón de un coleccionista. La llevó a Maranello, al lugar donde nació la leyenda, para iniciar un proceso de restauración minucioso junto a los ingenieros y mecánicos de la propia fábrica.
“Mi propio F40”, escribió Hamilton al mostrar al mundo la imagen del coche aún cubierto de polvo. Acompañó la foto con un mensaje cargado de nostalgia y orgullo: explicó que este modelo ha sido “el coche de sus sueños” desde que tiene memoria, que de niño soñaba con tener uno y que, cuando se unió a Ferrari, se aseguró de tener un F40 con él desde el primer día en Maranello. Una declaración de amor en toda regla.
La historia del coche encontrado impresiona por sí sola. Años y años inmóvil, escondido en un garaje, hasta que Hamilton decidió “llevarlo a casa”. Primero a Maranello, donde los maestros de Ferrari trabajaron durante semanas para devolverle la vida. Un proceso silencioso, artesanal, casi quirúrgico, que el británico ha seguido de cerca y del que se declara profundamente agradecido. Ha querido dedicar un “enorme gracias” a todos los que han participado en el proyecto.
Para Hamilton, estos F40 son “obras de arte” e “increíblemente raros”. No exagera. Pese a que existió una versión de competición producida entre 1994 y 1996, es el modelo de carretera el que se mantiene como referencia absoluta entre los puristas. Lo han conducido celebridades, coleccionistas y pilotos de élite, y sigue despertando la misma admiración que el primer día.
Curiosamente, Hamilton no es de los que se dejan ver continuamente al volante de coches de calle. Su imagen está mucho más asociada al paddock, a los boxes, al casco y al mono ignífugo. Pero el F40 juega en otra liga para él. Es su excepción. Su debilidad.
El británico asegura que este proyecto es “un sueño hecho realidad” y promete que no se quedará aquí. Ha avisado de que contará más detalles y que todavía queda historia por compartir alrededor de este F40 renacido en Maranello.
La pregunta ahora es inevitable: ¿hasta dónde llegará la relación entre Hamilton, Ferrari y este símbolo rojo que le acompañó en pósters de infancia y ahora le espera, restaurado, en el garaje de sus sueños?






