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Katie Boulter y el olor a cannabis en Flushing Meadows

Katie Boulter aterriza en Nueva York como número uno británica y con una queja poco habitual para un Grand Slam: el olor a cannabis le está sacando del partido antes incluso de que empiece el US Open.

El último grande del año arranca el domingo en Flushing Meadows, en una ciudad donde el consumo de marihuana es legal para adultos a partir de 21 años. Dentro del recinto no se permite fumar, pero el humo llega igual: se cuela desde el cercano Corona Park, se posa sobre las pistas exteriores y rompe la burbuja competitiva de más de uno.

Boulter, número 60 del mundo y a punto de debutar ante la estadounidense Carol Young Suh Lee, lo tiene claro: el problema es real.

“Se huele muchísimo en las pistas de entrenamiento”, explicó. “No soy muy fan. Sé que muchos jugadores se han quejado de algunas pistas concretas. Yo ya jugué en una de ellas y lo olí durante el partido”.

Ahí, el foco se le va. Y lo dice sin rodeos.

“Es algo que no quiero oler en mitad de mi partido. Estoy intentando concentrarme y, obviamente, te saca del momento, y no quieres eso. No necesitas distracciones. Así que sí, no fui muy fan”.

Un viejo problema para el US Open

El asunto no es nuevo. El US Open convive desde hace años con esa nube incómoda.

En 2022, Nick Kyrgios, entonces campeón de dobles del Open de Australia, paró un partido para quejarse de que un aficionado estaba desencadenando su asma al fumar en la grada. El juez de silla tuvo que pedir al público que dejara de hacerlo.

En 2023, Maria Sakkari también señaló el olor durante un set. Lo comentó con el árbitro, aunque después dejó claro que no era una excusa para su derrota. La molestia está ahí, pero nadie quiere que se interprete como una coartada.

La United States Tennis Association, organizadora del torneo, insiste en que trabaja con la policía local y el departamento de parques para reducir al máximo el humo en los límites del recinto.

“Mientras no podemos controlar lo que ocurre fuera del USTA Billie Jean King National Tennis Center, seguimos siendo vigilantes mientras mantenemos esto”, señaló el organismo.

Dentro, la sensación es que el problema se ha instalado como parte del paisaje. Aceptado por unos, detestado por otros.

Británicas entre la broma y la incomodidad

Boulter no es la única británica que ha notado el ambiente cargado.

Fran Jones, que se clasificó el viernes y debutará ante la polaca Magda Linette, recordó entre risas cómo lo vivió el año pasado: “En primera ronda hice una broma y le dije a un tipo: ‘¿esto es normal?’”.

Jugaba en un estadio pegado al parque. La respuesta fue tan simple como reveladora: “Sí”.

Jones tiró de ironía: “Pues con razón estoy jugando bastante bien”. Este año, sin embargo, su discurso cambia: “Ahora será: ‘no, concéntrate, concéntrate’”.

Harriet Dart, que superó a su compatriota Heather Watson en la fase previa para citarse en primera ronda con la estadounidense Peyton Stearns, lo ve como parte del decorado neoyorquino.

“Quiero decir, es New York. Es New York”, repitió, resignada. “Siento que dondequiera que camines, está en todas partes, ¿no? Es lo que hay. Es igual para todos”.

Entre la resignación de unas y la incomodidad abierta de otras, el US Open vuelve a servir el mismo cóctel: tenis de élite, ruido constante, ciudad desbordante… y un olor que se cuela en los puntos clave.

La pregunta es cuánto tardará en dejar de ser una anécdota pintoresca para convertirse en un problema que el torneo ya no pueda ventilar con una simple ráfaga de aire neoyorquino.