logo

Muchova y Mensik ganan el US Open de dobles mixtos

Karolina Muchova y Jakub Mensik se llevaron el título de dobles mixtos del US Open como se ganan las historias que se recuerdan: salvando dos puntos de partido, sobreviviendo a los vaivenes del formato y rematando la faena con un cañonazo final que detuvo el estadio.

El desenlace llegó con un saque que pareció atravesar la noche de Nueva York. Mensik, 20 años, 131 mph marcados en el radar y el tercer punto de campeonato en juego, clavó un ace para cerrar el 6-3, 1-6 y 10-6 ante Belinda Bencic y Flavio Cobolli. Un título de Grand Slam, un premio de un millón de dólares compartido y una irrupción fulgurante en una modalidad que el checo ni siquiera había probado antes esta semana.

Para ambos es el primer grande de sus carreras. Para Muchova, además, tiene algo de redención. Apenas han pasado seis semanas desde que perdió la final de Wimbledon ante su compatriota Linda Noskova. Después llegó una “pequeña cirugía”, parón obligado y dudas lógicas. Hoy, la checa de 30 años se marcha de Flushing Meadows con un trofeo y la sensación de que su tenis resiste cualquier golpe.

Dos puntos de partido en contra y un maratón de súper ‘tie-breaks’

El título se construyó sobre el alambre. Muchova y Mensik ya habían coqueteado con la eliminación en semifinales ante Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, y Andrey Rublev. Ahí también tuvieron que remar contra los nervios: victoria por 5-4 (8-6), 3-5 y 11-9 en un formato comprimido que no perdona distracciones.

La otra semifinal siguió el mismo guion dramático. Bencic y Cobolli se impusieron 10-5 en el súper ‘tie-break’ definitivo a Elina Svitolina y Gael Monfils, a un paso de un pequeño pedazo de historia: habrían sido el primer matrimonio en ganar un Grand Slam de dobles mixtos desde 1939. Esa puerta se cerró para siempre. Monfils se retirará al final de la temporada y no volverá a tener esta oportunidad.

Los cuatro partidos de semifinales y final se decidieron en súper ‘tie-break’. Velocidad extrema para un título de Grand Slam. A algunos les cuesta digerir que un trofeo mayor pueda resolverse en menos de 48 horas de competición, pero el experimento ha cambiado radicalmente el foco sobre los dobles mixtos.

Del anonimato al horario estelar

El cambio se nota en las gradas y en las pantallas. El torneo ha sacado a los dobles mixtos de la franja de “pase de pista” para colocarlos bajo los focos del turno nocturno. Semifinales y final se disputaron en sesión estelar, con un público mucho más numeroso y una audiencia televisiva multiplicada.

La nueva fórmula, centrada en atraer a estrellas del cuadro individual, ha reducido las opciones para los doblistas puros, incluso con la introducción de una fase previa específica este año. Aun así, la recompensa para quienes logran entrar en el cuadro es muy distinta a la de antes: el premio se ha multiplicado por cinco respecto al formato antiguo.

El impulso económico no se queda ahí. Los cuadros de dobles masculino y femenino, todavía territorio casi exclusivo de especialistas, han visto cómo sus bolsas de premios subían de forma notable hasta equipararse a lo que se reparte en los mixtos.

Un debutante con un servicio de veterano

Mensik llegó a este torneo sin un solo partido de dobles mixtos en su historial. Se marcha como campeón del US Open y semifinalista este mismo año en Roland Garros en individuales. Su servicio fue la gran palanca para compensar la falta de rodaje en la modalidad, especialmente en los momentos de máxima tensión.

El dúo checo también aportó su propio toque de complicidad. Decidieron saltar a la pista con equipaciones granate a juego, pero primero Muchova tuvo que explicarle a su joven compañero qué color era exactamente. Detalle menor, pero síntoma de una química que se fue construyendo a base de risas y puntos importantes.

Mensik lo resumió con sencillez tras el título: lo que más valoran no es solo la copa, sino la calidad de los partidos que disputaron y la cantidad de variantes que se atrevieron a probar sobre la pista. Esa sensación de haber ampliado el repertorio les deja, dice, un empujón de confianza para lo que viene.

Un escaparate perfecto antes del cuadro individual

Hay un dato que subraya el nuevo estatus de la prueba: los ocho semifinalistas estarán también en el cuadro principal individual del US Open, que arranca el domingo. Para muchos, los mixtos se convierten en una especie de ensayo general en las grandes pistas, una forma de aclimatarse al ruido, a la altura de las gradas y al peso del escenario.

No todos se apuntan. Iga Swiatek, Frances Tiafoe y Daniil Medvedev se borraron a última hora. Los dos primeros necesitaban descanso tras una gira intensa; el ruso, más rodaje específico antes de lanzarse al cuadro individual. El torneo de dobles mixtos, por muy atractivo que sea, no llegará a ser prioridad absoluta para las grandes figuras.

Pero la Federación de tenis de Estados Unidos tiene claro el objetivo: si logra juntar parejas del calibre de Serena Williams con Carlos Alcaraz, o Aryna Sabalenka con Novak Djokovic, dará por buena la apuesta. El formato relámpago, el premio millonario y el horario estelar son el anzuelo.

Un ‘Fan Week’ que ya parece otro torneo

Los dobles mixtos son solo una pieza de un engranaje mayor: la cada vez más ambiciosa ‘Fan Week’ del US Open. Roger Federer compartió pista en una exhibición con Andre Agassi, John McEnroe y Andy Roddick el martes. Amanda Anisimova y Alexandra Eala encabezaron el cartel de ‘Stars of the Open’ el jueves por la noche.

La música también se ha metido en el guion. El grupo The Lumineers inauguró oficialmente el torneo con un concierto dentro del Louis Armstrong Stadium el viernes anterior. Nueve días antes de que empiece el cuadro principal.

En medio de ese despliegue, el título de Muchova y Mensik funciona como un mensaje claro: en el nuevo US Open, incluso un debutante en la modalidad puede salir campeón si soporta la presión del súper ‘tie-break’ y encuentra un saque de 131 mph en el momento justo. La pregunta es cuánto tardarán las grandes estrellas en querer ese mismo escaparate.